LOS SECRETOS DEL MAR
Eldjari Morduk
CAPITULO 1
“Insistir y encapricharse siempre son la mejor arma de
una mujer, pero el corazón no se gana con ninguna de ellas”
Lady Bridget
Bristol 1770
Ya ha pasado bastante tiempo pensó, habían transcurrido diez años
desde que partió de Bristol navegando en alta mar por el mediterráneo. Al
principio se había enredado con piratas, no era de negar que por mucho que él
fuere partidario de la paz, no le esperase uno que otro pirata desalmado en
cada entrada a un puerto. Curvo una sonrisa indescifrable y oscura; las aventuras
que había vivido sin duda eran inolvidables, pero la sensación del viento y el
oleaje chocando contra el Golden Nymph,
el vaivén de las velas blancas cual nubes de seda meciendo el barco, las noches
en guardia soñando despierto su próxima movida, era incomparable. En todo el
trayecto se hizo la idea de que haría primero: El placer de una cama que no estuviese
en movimiento, las largas caminatas a tempranas horas en Tortworth hills o los
famosos platos de Delmina. Así su pensamiento se desvaneció en sueños y
esperanzas hasta que tras dos horas de trayecto de Avonmouth a Bristol, Tortworth
House se erguía imponente entre los árboles. La sensación de volver a su hogar
luego de tantos años lo llenaba de la felicidad y la tranquilidad que tanto
buscaba, era una lástima que no pudiera pasar más tiempo de lo que planeaba,
sin duda Lady Compton lloraría de felicidad como es normal en su tierna
naturaleza.
A lo lejos
la enorme ostentosa mansión señorial de estilo Tudor, le daba la bienvenida. A
su derecha enormes jardines de flores de una exquisita variedad de colores,
formas y aromas, rodeando una enorme fuente de piedra en el centro. Viejos y centenarios
arboles asediando el jardín principal del recinto, como si fuesen las murallas
de las algún castillo medieval. Cubriendo más de treinta acres de tierra
inglesa para explorar. Y un enorme portón principal de madera de roble frente a
la cual el carruaje fue deteniendo su marcha, James bajo de el con todo el orgullo
de un miembro de la nobleza, de porte elegante, refinado y tras lanzar un
suspiro satisfecho camino hacia la entrada.
- ¡James
querido al fin has vuelto! -Gritó emocionada la condesa que lo encontró casualmente
en la entrada del salón principal, corrió hacia él y lo estrecho en sus brazos
- ¡Oh! Dios escucho mis ruegos hijo mío - exclamó a los cuatro vientos con
total euforia - ¿Cómo te ha ido en el viaje? Hay mucho que debes contarme. Los
Hammerly nos invitaron a celebrar la presentación formal de su hija y yo pensé
en declinarla por supuesto, tú sabes que mi salud no me lo permite. Pero al
verte de regreso que mejor compañía que la tuya para llevar a Bridget, la
aceptare de inmediato.
-Bridget, ¿La
pequeña mocosa de cabello rebelde?- pregunto, pensar en que ella apenas era una
joven de doce años cuando se la presentaron. Más de alguna vez se había
encontrado con la niña de tan inusual carácter correteando Torthworth Hills
cubierta de barro como un pajarillo libre. Cuando ella tenía siete años Laurent
Finley, el ayuda de cámara de su padre, la presento como su hija y a menudo
ella lo visitaba. Pero luego de cumplir los once, la muerte de Laurent la dejo
sin futuro, siendo él su único pariente cercano. Lady Margaret Compton sintió
compasión por la pequeña Bridget, por lo que la acogió como su hija.
-Oh, no le
digas mocosa James ya no es una niña, es una joven que promete mucho y me
atrevo a decir que está más hermosa que nunca, su cabello de fuego se ha
acentuado, es más castaña sabes. Aun no sé porque algún noble no ha solicitado
cortejarla a estas alturas de su edad. Si su carácter cambiara es posible que
logrará un matrimonio ventajoso, pero es un jovencita tan imprudente en todo
sentido de la palabra - comento con resignación - ven conmigo a la sala de té,
ella bajara en un momento y así aprovechas para contarme tus viajes- lo tomo del
brazo y lo encamino hacia la estancia.
-¡Puedes
creerlo Mily! He oído a Margie llamarlo hijo no hay duda de que es él quien ha
vuelto, apresúrate Milly estoy ansiosa por verlo- quedó pensativa un momento-
diez años Milly, diez años de no verlo. Bridget aun
recordaba ese noble joven que la llevo hace once años a Tortworth House, con su
tía para que cuidara de ella. Sin ser familia la habían acogido, habían llenado
el vacío que su padre al morir. Ella siendo una niña sin un hogar donde poder
crecer, no pudo ser más bendecida que ninguna otra por Lady Margaret.
-Listo
milady he terminado – respondió Milly su dama de compañía.
-¡Oh esta
perfecto Milly! Pero ya basta de decirme milady solo dime Brie o Bridget, te lo
he dicho miles de veces, nada de formalismos - Milly hizo un leve inclinación
respondiendo con un “Si Brie” se fue.
¡Al Fin! Exclamo para sus adentros, en su
imaginación lo veía a él junto a ella navegando en Golden Nymph hacia tierras nuevas, culturas extraordinarias, miles
de viajes ¡Aventuras! Eso es lo que buscaba, no las aburridas fiestas de gente
estirada y refinados modales yo no nací
para eso, cumpliré lo que mi padre no pudo, porque yo no soy de la nobleza y ni
lo planeo ser. A pesar de haber sido acogida por Lady Margie ella nunca
acepto la educación que le dieron, su carácter era su mayor defecto y su
actitud de aventurera ningún tutor había logrado aplacar, pero ¿sería su caballero
andante el que la ayudaría? Ella lo convencería de que fuera así. La emoción
comenzó a ponerla nerviosa y con dedos trémulos se coloco el tocado ¡Ridículo sombrero! Profirió con
exasperación mientras se dirigía a la puerta. Ya pronto lo veré y sé que me llevará. Avanzo casi corriendo hasta
las gradas que incorporaban el salón principal. Ojala siga siendo ese amable joven que conocí. Doblo a su derecha en
su mente solo estaba un caballero de brillantes ojos topacio, hasta que llego a
al saloncito y toco suavemente la puerta a la espera de que Margie la invitara
a pasar.
-¡Ya estoy
aquí Marg…!
Y ahí estaba,
alto, fornido y tal como lo recordaba, incluso mejor de lo que su mente
guardaba de él, su rostro había cambiado era más maduro, firme, su mirada se
encontró con ella dándose el lujo de contemplar esos hermosos ojos azul marino,
su cabello castaño oscuro caía rebelde por encima sus cejas acentuando el color
en su mirada y en sus labios firmes una mueca asombro.
Pero sí que
había cambiado, su tía no había mentido en ese aspecto, el rostro de niña había
desaparecido y el de una mujer era lo que veía, no podía apartar su mirada de
aquel rostro suave y delicado, su cabello efectivamente era más castaño que
rojizo, pero sus ojos seguían siendo del mismo ámbar con destellos verdes que
recordaba ¡Que un demonio me lleve!…pensó
desviando la mirada, cerro sus labios al percatarse de que había estado
embobado viéndola.
-¡Al fin has
bajado! te hemos estado esperando Brie querida, Gertrude trae el té por favor-
Bridget se acerco lentamente al centro de la habitación sin perder de vista a
ese apuesto caballero, tenía que mantener la compostura para no lanzarse de
imprevisto con la propuesta de viaje, si es que quería convencerlo, claro. Sonrió
abiertamente y de la manera más encantadora posible.
-¡Que feliz
estoy de verte James!- exclamo tumbándose a la silla con brusquedad.
-Bridget,
las damas no se lanzan sobre el sofá, se sientan con delicadeza ¿Es que nunca
aprenderás?- exclamo avergonzada, bajo la atenta y penetrante mirada de James,
quien no pudo evitar esbozar una sonrisa- Sigue contando tu relato James.
-Creo tía
que ya he contado todo, la comercialización fue bien y logramos triplicar la
inversión de productos básicos, he desembarcado acá los productos para su
respectiva venta, aunque solo estaré por una semana, ya que tengo que subir el
nuevo cargamento de especias para hacer el siguiente intercambio en Italia.
-Que
lastima, yo que esperaba verte por acá por más tiempo hijo, no crees que
necesitas un descanso definitivo, las arcas del Rey ya están lo suficientemente
llenas como para que continúes; según me han contado haz andado por Turquía y
Egipto ¿no has tenido problemas con la piratería ahí? – James se revolvió
incomodo en su asiento, no podía revelarle más de la cuenta su situación.
En sus
adentros Bridget se moría por hablar, por decirle abiertamente su idea, la
conversación transcurrió fluida y Bridget se limitaba a contestar con una
afirmación o negación ¡No podía soportarlo! La plática de negocios y economía,
e incluso de política la tenían de un humor horrible. Pasaron dos horas más y
eso acabo con su paciencia, con un breve carraspeo al fin se animo a decirlo.
-¿Puedo ir
con usted en ese viaje?- interrumpió Bridget ¡Bien, lo he dicho! Se provocó un incomodo silencio, Lady Margaret
la miro con reprensión por su actitud y Bridget se sintió fuera de lugar, Lord
James por su parte no cabía del asombro, se limito a contestar con cinismo -
Bridget estos negocios son cosa de hombres, una mujer a bordo de un barco
comerciante, no será bien vista por la sociedad, tú lo sabes.
-¡Me importa
un bledo la sociedad! Yo siempre he querido viajar en…-Se tapo la boca al
instante pero el daño estaba hecho, no había pretendido ser insolente pero ella
deseaba algo diferente desde hace una infinidad de meses y Margie no se daba el
lujo de salir seguido por su madura edad. ¡Como
se atrevía! Así que a eso se refería con lo de rebelde pensó James.
-¡Bridget!
Que es ese vocabulario ¡Oh dios! ¿Dónde están mis sales? ¡Gertrude!- exclamo
Margie agitando su mano sobre el rostro- No entiendo como puede ser así, la he
educado con los mejores tutores- Reprocho aireada. James no sabía si reír o
reprenderla, se había atrevido a maldecir, como un marino.
-Perdóname
Margie pero es que estar encerrada aquí todo el tiempo me tiene aburrida, esta
temporada social ha sido tan fastidiosa e ir a fiestas no es diversión para mí-
Y además de eso bocaza ¿Es que nunca
aprendió? Al parecer no afirmo él entre pensamientos, Bridget esperó
paciente que le respondiera, rezando por lograra convencerlos. En ese instante
Gertrude entro con la bandeja de té y dulces bollos rellenos con mermelada de
frambuesa.
-Gracias
Gertrude déjalos por acá, si necesitamos algo más no dudaremos en llamarte-
rompió la tensión e hizo el mate de tomar la tetera, esta trastabillo en sus
manos y tanto Gertrude como James la detuvieron al mismo tiempo.
-No te
preocupes tía yo lo haré, gracias Gertrude me alegra verla de nuevo- la mirada
de Gertrude brilló de emoción.
-Es igual la
alegría para mi Milord- contesto haciendo una leve inclinación, para luego
marcharse.
-Perdona
hijo, la edad ha empezado a entorpecerme- Bridget observo en silencio mientras
apretaba los puños sobre su vestido de muselina de rayas azul pálido ¡Como
quería salir de esa casa! No es que odiara a Margie pero ella se sentía una
inútil.
-James
¿Podrías hacer de carabina para Bridget este sábado?- Y otra vez, a una aburrida reunión social - Yo, iba a declinar la
invitación como ya te lo había mencionado, pues ya no estoy en edad de salir a
ese tipo de horas, Tortworth es mi mejor lugar de recreación. Pero ya que has
venido, es más conveniente que lo hagas tú.
-Um… Bueno-
volvió a moverse incomodo cambiando la posición de la potente pierna, apoyando
el tobillo sobre la rodilla. Reflexiono la proposición, no lo desviaría de nada
tendría el tiempo de llevarla, solo era dentro de dos días aunque no se
considerara la mejor carabina para ella –Esta bien tía lo haré - se dirigió
lentamente hacia Bridget- Será un honor Lady Bridget- esté le guiñó el ojo ¡Astuto! Sabía que odiaba el titulo de Lady pensó Brie. Ese guiño prometía
muchas cosas que ella no comprendía, ya habrá tiempo para saber su significado
cuando intentara convencerlo de llevársela a Italia, solo era de ser paciente y
hallar un punto débil para lograrlo. Y ella estaría más que dispuesta a usar
sus armas de batalla.
***
El Sábado
prometía ser lo más aburrido del mundo según Bridget, toda la tarde probándose
el vestido escogido por Lady Margaret ¡Que irritante! a ella todo le parecía
incomodo, las mangas abullonadas, las capas de la falda, el largo de la falda,
el escote ¡Que molesto! aunque no negaba que el color melocotón pálido realzaba
su mata de cabellos castaño rojizo, la tela de seda y satín la hacían sentir
ligera como una pluma y las zapatillas de baile apenas las sentía puestas. Pero
no, su propósito era fastidiar a la pobre Madame Fleur.
-¡Mon Dieu! Milady
le ruego que no se mueva mucho o mi ayudante le pinchará con la aguja su
delicado trasero y ninguna de las dos quiere que eso suceda- La salita parecía boutique y las costureras se esmeraban
por ajustarle el vestido, Brie trato de calmarse lo único que deseaba era salir
de ahí.
A este paso me iré en menos de una semana como
mucho dos días más, estoy metiéndome en un lío estando más de la cuenta no sabía si viajar a Italia sería
conveniente aunque ahí tenía contactos, pero dejar el barco en el puerto no
convendría, así fue llevando James su pensamiento hasta que llego a la puerta
de la sala de estar.
-¿Es posible
entrar Madame Fleur? Preguntó al mismo tiempo que abría suavemente la puerta y
cuál fue su asombro al encontrarse a Bridget dispuesta a salir de ahí con el
vestido a medio hacer, ella que no noto que él estaba ahí y término
tropezándose con él.
-¡Ah!- ella
perdió el equilibrio y cayó al suelo- ¡Ouch!-grito al caer sobre un
alfiler-¡Pero qué…! -exclamo palpo la falda hasta encontrar el alfiler mientras
refunfuñaba y se dedicaba a aliviar su dolor frotándose el “delicado trasero”.
-¡Oh Milord!
Qué bueno que aparece, no sé qué hacer con ella Milord, no se estaba quieta y…
-¡Ya basta!
Ya me canse me duelen los pies de estar parada- quiso salirse pero él la detuvo
tomándola con brusquedad del brazo, Bridget dirigió su mirada hacia él.
-Regresa a
dónde estabas Brie, no me obligues a tratarte como una niña, lo cual claramente
no eres ¡Compórtate como alguien de tu edad!- Bridget no cabía del asombro
¡Pero donde se había ido el joven amable que conoció hace diez años! Lo miró. Sus
ojos entornados, ceñudo, estaba enojado. Y mucho. Sin decir más tiro de ella del
brazo aun aprisionado hasta que la regreso al banquillo y salió cerrando de un
portazo el salón.
El silencio
se hizo incomodo y Madame Fleur regresó a terminar su deber, el resto de la
hora transcurrió sin problemas. Pero Bridget tenía que saber porque había
cambiado tanto. Simplemente no comprendía cómo es que él se había transformado
en un hombre serio, insensible. ¿Qué era lo que lo había hecho cambiar tanto?
Ese joven de veintiún años de sonrisa cálida, rostro suave y masculino,
emanando energía, vitalidad y calidez. Era imposible reconocerlo ahora aparte
de sus ojos azules, facciones firmes denotando madurez, temple y soberbia. Ella
sentía la curiosidad por saber por qué había cambiando, debía, y sentía la
necesidad de obtener una respuesta de él. En cuanto hubo terminando con Madame
Fleur se dirigió a la biblioteca dispuesta a decirle lo que opinaba, a no
quedarse callada ante él. Entro sin avisar, casi azotando con un portazo. Se
topo con la mirada de él quien al percatarse de su presencia había interrumpido
su lectura.
-¿Que
necesitas de mi Bridget?- Pregunto con severidad
-Al antiguo
tú, es lo que necesito de ti- replicó- ¿Porqué eres tan serio? y amargado, es
muy grosero de tu parte haberte exaltado así ¡Por Dios! Me conoces desde
pequeña.
James no
sabía que responder ¡Lo había tomado por sorpresa! Se levanto de la silla del
escritorio para acercarse a ella, era una inmadura y su actitud lo molestaba en
demasía- Es que no entiendes la edad que tienes ¡Demonios! Ya eres una mujer
adulta, tu actitud tus berrinches de niña consentida ya no se miran bien en ti
- ¡Se atrevía a venir y continuar con el mismo problema! Esta vez se había ido
muy lejos, estaba cansado de discutir cada vez que la veía.
-¡Si tan
solo me llevaras lejos de aquí!- grito desesperada, las lagrimas parecían a
punto de desbordar.
- ¡Es que
todavía insistes con eso! ya llevas tres días insistiéndome, entiende que no
puedes- tenía ganas de zarandearla, pero al verla a los ojos algo en el fondo
de su corazón lo detuvo, iba a llorar eso era seguro la angustia lo embargo - ¿Estas
llorando? - ¡Demonios! Esa pregunta
estaba fuera de lugar ella negó con la cabeza y se cubrió el rostro con las
manos ¡Maldita sea la hice llorar! se
coloco frente a ella y le levanto su rostro con el pulgar en el mentón - No
llores - suplicó en un susurro, Bridget no pudo retenerlo inclino su rostro y
estallo en llanto, amargas lágrimas rodaron sobre su rostro.
-Por favor-
insistió- no soporto estar así todos los días, llévame contigo.
-Mi tía me
mataría por ello, vamos tranquilízate-espero paciente a que lograra calmarse,
transcurrieron varios minutos- ve a prepararte es hora de ir a la fiesta…luego
hablamos de esto, lo prometo- imploro entre susurros esperando que entendiera,
ella levanto su mirada hacia él y asintió, James tragó con esfuerzo y se estremeció,
una mujer sabe cómo convencer a un hombre de cometer imprudencias, ¡Que dios se
apiadara de él! estuvo a punto de haber accedido a llevársela.
El carruaje
se detuvo en Hammerly House a menos de quince minutos de Tortworth, James ayudo
a Brie a bajar del carruaje y juntos avanzaron hasta el salón, la cantidad de
invitados era impresionante. Lady Hammerly sin duda quería impresionar a los
futuros pretendientes de su hija Lady Lucy, James encamino a Brie hasta la
anfitriona a presentar los debidos respetos.
-¡Lord
Tortworth! Sed bienvenido, un placer verlo de nuevo en Bristol, ya son 10 años
si no me equivoco.
-No se
equivoca milady, un honor ser su invitado esta noche- se inclino para besar su
mano con propiedad.
-Permítame
presentarle a mi hija, hace dos semanas ha cumplido sus dieciséis años, no le
parece hermosa, milord- su interés era más que palpable Lady Beatriz, ya hacía de
celestina con su joven hija. Acaso no se da
cuenta la diferencia de edad, al parecer no.
-Si milady
su hija se ha transformado en una hermosa joven. Lady Lucy, un placer- inclino ligeramente su cabeza y ella contestó
al mismo gesto, no pudo evitar ruborizarse.
-Lady
Bridget me alegra que haya aceptado la invitación- comento inclinándose cortésmente
con una falsa sonrisa, hasta el momento no había reparado en ella- debería de
salir más seguido ya está en edad de desposar algún noble- ¡Como si quisiera, vieja vaca! intento mantenerse serena y contestar
el saludo- Gracias Lady Beatriz, si tía Margie lo permitiera me vería más
seguido en este tipo de celebraciones- Lady Beatriz elevo un ceja y sonrió. Ahí está esa sonrisa cínica de nuevo ¡Que
Fastidiosa! ¡Maldita…!- Brie
respondió de igual modo, como si de alguna manera James supiera lo que ella
pensaba en ese momento, la reprendió mirándola de soslayo, lo cual hizo
enrojecerla. Luego volteo él su rostro hacia Lady Beatriz no sin antes esquinar
una sonrisa sugerente. Es que no lo comprendo… pensó, a veces se
comporta como un viejo cascarrabias y luego es increíblemente seductor. Desvió
su mirada a Lady Lucy y recordó su presentación social. Pobrecilla, no sabe lo que le espera.
La pista de
baile comenzó a ordenarse, el primer baile empezaría dentro de poco ¡Oh no! La peor parte de la noche las
malas experiencias pasadas había formado en ella un rechazo a bailar, algunos
malos bailarines con quien casi pierde la habilidad de caminar, por un fuerte
pisotón. Esta vez no bailare con nadie,
ni aunque fuese el propio Rey de Inglaterra...
-Lady Bridget
¿Me concede el primer baile de la noche?- pregunto Lord Avery ¡No le he visto venir! Vaya que soy
despistada se reprocho- Lo Lamento decirle milord que me encuentro…
-Claro que
ira Avery sería una excelente idea ella se encuentra bien dispuesta, no es así
Brie- James sabía lo que se proponía y no la dejaría salirse con la suya ¡Maldito James! lo miro con enfado y él
respondió con su típica sonrisa ladeada era imposible resistírsele, se mordió
el labio.
-Si milord
es una excelente idea- murmuro entre dientes, aceptando el brazo que Lord Avery
le ofreció, él no era tan repulsivo era un hombre atractivo tenia cierto encanto,
pero ella simplemente no deseaba bailar y aunque la obligarán a hacerlo no
podía reprochar, bajó sus defensas por esa sonrisa ¡Lo Odio! Los músicos afinaron sus instrumentos y la pareja se
colocó en su puesto, sonaron las primeras notas y el baile dio inicio.
Lord Avery
no era tan mal bailarín, a pesar de sus desafortunados encuentros con el hijo
de Lady Milford, ¡Maldito fuera! La había dejado con los pies hinchados de
tantos pisotones y todo porque Margie accedía a que bailaran, el resto del
baile siguió sin problemas Brie bailó más de una vez en toda la velada y el
vals cada vez era más cerca ¡Oh dios mío!
Que no aparezca Lady Milford rogaba en sus adentros, era casi costumbre que
le pidiera el último vals.
El ultimo
compas del segundo vals termino y el grupo se disperso, Brie agradeció el baile
con Lord Stewart y busco su ancla de salvación, pero su mirada se topó con Lady
Milford y venía hacia ella ¡James donde
estas! gimió con desesperación, era el ultimo baile y definitivamente no lo
quería con ese torpe muchacho y entre un grupo de personas frente a un par de
sofás lo vio, su alivio fue mayúsculo y apresuro su paso hacia él.
James sintió
una sensación extraña, busco entre el salón el lugar de su procedencia hasta
que la encontró caminando hacia él, bueno, casi corriendo en su rostro veía
angustia y desesperación. Se disculpo con los conversadores avanzo para
encontrársela, diviso detrás de ella a Lady Milford siguiéndole el paso con las
mejillas coloradas ¿Porque la seguía?
-¡James!-
Exhalo aliviada al tenerlo de cerca y aferro sus brazos, como buscando
salvación, él seguía confundido.
-Lord
Tortworth, a usted quería verlo- a Brie le recorrió un escalofrío de
anticipación- quería pedirle el permiso para que su… - carraspeo - A Lady
Bridget bailara con mi hijo- Brie continuo de espaldas hacia Lady Milford dirigió
su mirada a Lord James, entonces él comprendió lo que ocurría ¡Qué Diantres te hecho ese idiota! Le
dijo con la mirada ¿Acaso ese era su instinto protector? una sensación de
cólera subía desde su pecho, Bridget clavo la mirada en él ¿Tenía miedo? Miro a
Lady Milford quien esperaba ansiosa la respuesta- Lo lamento milady pero le he
pedido este último baile a Lady Bridget- respondió solemne y aunque intento
componerse del enojo su voz resulto demasiado firme, por su parte Brie suspiro
aliviada Lady Milford asintió con resignación, se inclinó con propiedad y
emprendió su retorno.
¡Bailar, yo! pero cuanto tenía de no hacerlo
¡Años! Y nada menos que un vals- Gracias milord- susurro, sus manos temblaban
dio otro suspiro y soltó las mangas del saco de James ¿Milord? ¿Y dando las
gracias?
De regreso
en el carruaje Brie se recostó en el asiento frente a él y bostezo del
cansancio, pobrecilla, había bailado en toda la velada al menos unas siete u
ocho veces, de nuevo regreso a su mente el episodio con Lady Milford.
-Brie, ¿Te ha hecho algo el hijo de Lady
Avery? – Bridget se estremeció solo de recordar lo acontecido.
-De nada me
sirve no contárselo- suspiro resignada y continuo-Es una larga historia que
comenzó desde que hice mi presentación. Margie me presento con sus amistades,
sus hijos y nietos. Lady Avery es una de ellas y tiene la mala costumbre de
creer que su hijo Lord Stanley Avery es el mejor partido para mí. Ella está
pendiente de cada baile al que asisto lo cual es un poco psicópata si me atrevo
a decir, el joven no es malo es más bien torpe. Cada vez que bailo con él tengo
la probabilidad de perder mis pies por completo- James no pudo evitar lanzar
una carcajadas- ¡De que se ríe! No le estoy contando un chiste- exclamó
disgustada, James rió con más fuerza pero por mucho que intento reprimirlo no
lo logro y se unió a él en risas.
-Bueno, eso
lo explica todo- comento intentando recobrar compostura- Un placer servirte de
escudo Brie, cuando quieras protegerte del monstruo de dos pies izquierdos no
dudes en acudir a mí- continuaron riendo hasta lo que sus estomago les permitiera.
Brie acerco el rostro a la ventana, para dejar que la brisa nocturna mermara su
azoramiento, reír la había dejado más acalorada de lo que se encontraba, pero
no podía negar que esta velada la disfrutó más ninguna otra en su vida. Bailar
con James había sido la mejor y más
perturbadora experiencia jamás vivida. James la observo mientras ella apoyaba
el mentón en la mano cuyo codo se sostenía en el marco de la ventana, la luna
le iluminaba su precioso rostro como un claro-oscuro de Caravaggio, como una
diosa bajo la luz nocturna, la imagino en la cubierta del Golden Nymph con su melena castaña ondeando con el viento marino y
dio un largo suspiro. Como si se
sintiera observada ella se giro y sus miradas se encontraron, era imposible
aparta la vista de él, su corazón dio un vuelco, la tenue luz lo dejaba casi en
penumbra pero sus ojos brillaban. Brillaban en medio de la escasa luz, como dos
estrellas en un cielo despejado, el carruaje se detuvo y rompió la conexión
entre ambos.
***
Los dos días
siguientes pasaron más rápido que el péndulo de un reloj y el día de la partida
sería al siguiente, James había pedido a su tripulación demorar un poco más,
necesitaba disfrutar su último en paz sin molestias, pero cierta niña rebelde
no lo dejaba tranquilo, de una u otra manera siempre lograba encontrársela y
ella le insistía la absurda idea de llevarla a alta mar, sin que alguien notara
su presencia dentro de la casa avanzó hasta la cuadrilla por un caballo,
ansiaba la acción y el constante ocio por momentos lo fastidiaba, lo hacía
sentir infructuoso.
Cabalgo por
el bosque de Tortworth a toda la velocidad permitida por el equino y luego de
veinte minutos transcurridos llego a la laguna cristalina de Gall. Desmonto,
dejo caer su saco, luego el chaleco, se libero del pañuelo y apoyo su peso
contra el árbol más cercano. Dejo su mente en blanco, cerró los ojos y escucho
el leve murmullo de los arboles a su alrededor. Necesito salir de aquí esto me está cansando, no sé si la tranquilidad
es lo que busco luego de tantos años. Numerosos días de aventuras que había
vivido, tantos momentos en el que su vida estuvo en riesgo, aun no tenia en
claro si deseaba seguir o volverse un lord mezquino y despilfarrar su dinero
hasta morir de aburrimiento. Se incorporo y camino hacia la orilla pero un
ruido lo detuvo a unos cinco metros de distancia, las hojas de unos arbustos
rompieron el silencio James alerto sus sentidos, no es normal que en estos
prados hubieran lobos a lo mucho un cervatillo o una mapache, pero
definitivamente era algo más grande que eso.
Brie no
soportaba pasar encerrada en su habitación, el día prometía lluvia pues el
cielo encapotado cubría todo Tortworth Fields. ¡Una aventura! fue lo primero
que paso por su mente y sin detenerse a pensar en las consecuencias tomo su
canastilla, los guantes para jardinería, la tijera y bajo con cautela a modo de
no ser vista in fraganti en el acto. Al salir al jardín dio un suspiro de
alivio y emprendió viaje hace la laguna. Ya hacia bastantes días que no salía
de incognito a cortar bayas silvestres cerca de Gall Pound y definitivamente
hoy era un buen día para hacerlo, camino más a prisa pero a lo lejos la silueta
de Rupert empujando la carretilla la alarmo y termino huyendo aterrada ella no
quería ser descubierta, se adentró en el bosque ella no disminuyo el paso sino
que atravesó con gran velocidad las arboledas, una sensación de regocijo la
lleno de felicidad y con una enorme sonrisa en sus labios continuo el trayecto
hacia la laguna.
El
movimiento de las hojas era más turbulento y James continúo petrificado a la
espera de encontrarse con algún animal salvaje.
¡Pero si que habían muchísimas! la felicidad iluminaba su
rostro por cada arbusto que removía con
entusiasmo, pero al dar un paso hacia atrás tropezó con una raíz y con un grito
cayo de senton y la risa estallo de su interior -¡Pero qué tonta he sido!-
exclamo entre risas. El relincho del caballo la hizo detenerse en seco y al
buscar la proveniencia del sonido lo vio, ¡Que dios se apiadara de su alma!
Había sido descubierta… Y por James.
James se
quedo sin habla, al verla salir entre las arbustos precipitándose al suelo eso
lo dejo estupefacto. Y ahí estaba ella con el cabello suelto enredado y
cubierto de hojas, la falda desgarrada, la canasta con todo su contenido en el
suelo ¿Bayas? Pero su risa lo dejo sin aliento ¡Maldición! se veía radiante
como si fuese una hada del bosque y su hábitat fuera el bosque encantado Tortworth Fields, cuando ella
se hubo percatado de su presencia su rostro se transformó en pánico, se miraron
sin decirse ni una palabra ¡Pero como se
le ocurre con este tiempo salir así! Acaso no sabe cuidar de sí misma.
-¿Que se supone
que haces Brie?- preguntó, Bridget hizo caso omiso de la pregunta, hizo el
ánimo de levantarse, pero unos brazos firmes la halaron hasta estar de nuevo de
pie ¿Pero como vino tan rápido? - ¿Te
encuentras bien? ¿No te has lastimado?- pregunto, ella no respondió -¡Es que no
piensas decirme nada!- la zarandeo.
-Estoy bien
puedo arreglármelas sola ahora que estoy de pie, gracias- James no la soltó, sino que comenzó a
retirarle las hojas de su rebelde cabello y ella se dejo hacerlo, al principio lo hizo con esmero
para luego terminar retirando con delicadeza una que otra ramita, sintió un
cosquillo por el cuello cuando el retiro otra hoja. Ahora se comporta como un padre suspiro resignada, se encontraron sus miradas ¿Acaso estaba preocupado por mi? la mano
se detuvo en un mechón que caía sobre la mejilla y lo enrollo en su dedo, Brie
se sentía incomoda. Esa mirada…
James carraspeo bajando de las nubes,
realmente había querido besarla, aun sentía un enorme deseo de hacerlo pero la
razón se interpuso a ese deseo la soltó y como si esto fuera poco la lluvia
comenzó a caer, ambos corrieron a resguardarse bajo el árbol donde el caballo
descansaba.
-Es que
nunca puedo tener un día tranquilo- reprocho James.
-Tengo la
mala costumbre de atraer problemas milord- contesto Bridget, a lo cual James
respondió con una sonrisa.