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viernes, 19 de abril de 2013

Los Secretos del Mar - Capitulo 4 (parte II)


CAPITULO 4

(Parte II)

¿Eso era música? A pocos metros del palazzo, la fiesta había comenzado nobles vestidos de seda, encaje y mascaras se reunían en la entrada principal del lugar. Iba a ser una noche muy larga e inolvidable, a medida que el carruaje avanzada hacía el centro de la piazza, el palazzo estilo gótico con arcos ojivales cubrían la fachada principal y las pequeñas columnas a lo largo de la entrada se erguía en todo el esplendo de su época dorada. Las luces se colaban por cada ventanal como antorchas en una noche oscura. Una noche de fiesta, una noche de misterio. Miles de secretos detrás de antifaces multicolores aglomerados en el salón de baile. James y Brie se abrían paso entre la multitud que con gran entusiasmo esperaban la salida del gran Dux, quien luego de su tradicional discurso abriría el tan esperado evento.

Analizó detenidamente cada pequeño espacio del lugar olvidándose de la existencia de su rebelde acompañante. Hay muchos lugares por donde trepar sin ser visto, pensó observando la fachada de la iglesia. Recorrió con la mirada por encima de la multitud rezando con fervor por no encontrar una cara conocida. Su mirada cayó en Bridget, como demonios la había dejado irse tan lejos, esa inocente y curiosa mujer se disponía a probar Grappa como si fuera un ponche. Dejo de meditar  y de una rápida andada llego donde ella.

-Si yo fuera tu me lo pensara al menos dos veces- le comento intentando parecer calmado – a menos que quieras terminar cantando el Himno de Inglaterra a media noche, adelante – Brie detuvo la copa en sus labios y lo miro con terror.

– ¿Es un licor? – no necesito respuesta.



- ¡Buonanotte tutti! – anuncio solemne el Dux, sus súbditos vitorearon su nombre – Dio nos permite otro año más de desenfrenada libertad este día… bajo la gracia de Dio, Hoy no hay reglas. Porque las reglas las pondrán todos y cada uno de ustedes… – Paolo, Paolo aclamaban sus fieles. James ya empezaba a sentir asco, por lo contrario Brie miraba fascinada algo completamente nuevo y atractivo para ella. Plumas, adornos, encajes, su vestido escandalosamente dorado se veía como un punto más en esa marea de mascaras y telas de vibrantes colores. El Dux continuaba su afanoso discurso pero Brie apenas entendía, la música comenzó a tocar esos famosos bailes de época y muchos de los asistentes se dispusieron a danzar con alegría, el carnaval había comenzado.

James aun buscaba de que manera distraer a Brie y colarse por la iglesia, sabía muy bien que esta era su única oportunidad. Maldijo el no tener a Rob en ese momento, pero Brie se paseaba a su alrededor sin importarle si hubiese venido sola. Muchos de los asistentes la saludaban sin conocerla, la invitaban a danzar junto con ellos. Ella no entendía nada de lo que estaba ocurriendo más que saber que era una fiesta. El licor era el plato principal de la noche y era bebido en exceso. Ella trago grueso, no era realmente como se lo había imaginado.

 Luego de una batalla entre su conciencia y corazón James decidió llevarla consigo, pero al ver a su alrededor ella ya no estaba. Maldición exclamo para sí y con notoria desesperación corrió entre la multitud.

El bullicio aturdía y sofocaba por cada paso, Brie se sintió mareada pero no fue eso lo que la envalentono a continuar ahí, sabía que por su voluntad había accedido a asistir y a pesar de ese sentimiento intento reprimirlo. El baile se hacía cada vez más escandaloso e indecoroso, las mujeres elevando sus faldas más de lo permitido en un baile. Brie se tensó.

-¡Maldita sea Bridget! Me has tenido en vilo, donde te habías metido – le grito alterado plantándose frente a ella, pero súbitamente su expresión cambio al verla. Estaba asustada; no era la misma expresión que le había visto la noche de la fiesta de los Hammerly, sabía muy bien como terminaría esto si ella continuaba viendo la indecente celebración - ¿Brie? ¡Brie! ¡Bridget! – la sacudió para que cayera a la tierra. Bridget enfoco su mirada en él y su cuerpo comenzó a temblar. –Ven conmigo tonta – le dijo tomándola del brazo y la llevándola casi a rastras hasta le iglesia, la sentó frente al altar principal, a una distancia de una seis filas y se coloco a la par de ella. - Ahora entiendes porque diantres no quería que vinieras – Brie ignoro su comentario y observó su entorno, intento controlar su agitada respiración y le contesto…

-A veces no sabes cómo comportarte con una mujer, me tratas como a un subordinado tuyo – James se tenso, intento no hacer más grande la discusión y la imito. Las velas de las lámparas de techo resaltaban el dorado de su interior, observó las columnas sosteniendo la monumental bóveda sobre sus cabezas, las figuras talladas y recubiertas de oro, gloriosas pinturas decorando cada espacio libre en el alto techo. Esplendor y belleza bizantina sobresaliendo de cada roca esculpida y en el altar mayor, un enorme y soberbio presbiterio de madera tallada iluminada por la tenue luz exterior de la fría noche. De repente, su mirada se poso en el altar y recordó la frase que Carlos le había dicho: “A los ojos detrás del Dios superior haz de ver y así su cruz cargar, que para su agonía descifrar tras la máscara de oro y cristal”.

- Dios superior… ¡El Cardenal! - Se levanto bruscamente y camino hacia el altar mayor y se coloco detrás de él. - A los ojos detrás del Dios superior haz de ver y así su cruz cargar… El Cardenal  mira hacia adelante pero no hay cruz frente a él... ¿Cuál cruz…por detrás? – Observo detenidamente dentro del presbiterio adornado por los doce apóstoles, San Juan y la virgen.

Brie a pocos metros lo veía con total desconcierto. James intentaba descifrar algo, camino hacia donde él y le oyó balbucear sobre una cruz adelante del Cardenal. Ella no comprendía hasta que vio la cruz del presbiterio detrás del altar. – La cruz – Señalo automáticamente. James vio donde ella apuntaba y en sus ojos hubo un destello de entusiasmo.

-¡Claro la cruz! – Respondió con emoción - Tras las mascara de oro y cristal… - recito. – Pero por supuesto mascara de oro… la Pala d’oro, entro por el presbiterio hasta donde estaba, las incrustaciones de esmalte y pedrería, similares al cristal del acertijo, eso estaba fácil; pero había un problema, la frase terminaba hasta ahí y no había más indicios. James. James ¡Vamos! Piensa, se dijo. “El Dux Paolo tiene la clave”, recordó. – Paolo. Paolo – se sobo el mentón con los dedos – Paolo… Pablo. ¡Pablo! ¡San Pablo! – exclamó, al mismo tiempo que recorría con la mirada cada centímetro del retablo buscando a San Pablo.

Hizo un gesto cargado de satisfacción, lo había hallado. Toco con suavidad cada moldura de esa zona hasta que sintió una inusual línea de separación de la figura de San Pablo. Presiono sobre el esmaltado y un suave clic le acompaño. Brie se ubico hasta donde él, manteniéndose a la expectación del momento. La figura se abrió y en su interior estaba un papel enrollado, James sonrió con triunfo, pero el golpe de una puerta cerrarse lo devolvió a la realidad de las circunstancias. Y allí de pie en la pequeña antecámara de su derecha estaba Ettore.

-¡Vaya! Parece que Ulibarri te hizo pensar con sus famosos acertijos – contesto Ettore un hombre con porte regio y despidiendo soberbia por cada poro. La mirada felina de depredador, unos ojos oscuros como el mar negro, cabello negruzco y sostenido en una coleta; Y su piel, bronceada por los días bajo el ardiente sol del desierto. El físico era casi el doble de tamaño que James, tenía un aspecto perturbador. ¿Ettore? Brie no cabía del asombro no podía creer que tan rápido lo hubiese encontrado, pero la manera tan amenazadora que le dirigía a James ponía muchas dudas sobre su mente y decidió callar. James se crispo, su rostro cambió tan rápido que Brie a penas entendía lo que ocurría; miraba con odio a Ettore, un odio que difícilmente podía ocultar.  Seguido de él, entró el Dux por la presbiterio, con su firme y decidido andar y una fila guardias detrás de él deteniéndose frente a ellos.

-Bienvenuto Edham ¿Me parece que nos hemos encontramos en más de una ocasión? – ¿Edham? Brie no comprendía ¿Por qué se dirigía a él como Edham y no como James?

-Deje eso en el suelo Edham, no querrá causar un embrollo el día de hoy; la noche nos ha favorecido con un clima perfecto como para morir ¿No cree? – James soltó el rollo de papel, este rodo por el marmoleado suelo hasta detenerse a pocos centímetros de un candelabro. - Pero que es lo que ven mis ojos, no es esa una joven dama de alcurnia. ¿No sabía que disfrutaba de las de ese tipo?- James apretó con fuerza sus puños, ¡Maldito! Y se atrevía a decirle prostituta en su cara. La miro de reojo, ella estaba asombrada, parecía haberlo reconocido. Pero, como una infantil e inmadura mujer como ella reconocería a esa peste. Ettore avanzó hasta donde ella, James se quiso colocar frente a él cortándole el paso pero la guardia real apunto con sus rifles hacia donde él eso lo hizo detenerse.

-Tranquilo, que no haré daño alguno a su frágil cuerpo. Si es que ella no me da un motivo. – la observo con lascivia elevando una ceja y ella sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sus ojos eran tan verdes, de lejos juro haberlos visto negros. -Sua Majestà, esto ha resultado más fácil de lo estábamos esperando, será posible saborear más este triunfo – tomo con firmeza el brazo de Brie y tiro de ella hasta donde uno de los guardias. James comenzó a sentirse impotente. No quería, no debía, pero él le daba razones suficientes para actuar con imprudencia. –No piensa decir nada. Ni siquiera un último deseo antes de morir – Brie reprimió un gemido de asombro.

-No cante victoria tan pronto Ettore, o debería decirte Yilan. Para mí, ninguno de esos nombres le da significado a la escoria que eres – James realmente no tenía ni idea de cómo salir de esta y eso lo ponía en una situación de desventaja.  Observó su entorno en busca de un algo que le facilitara una escapada y le diera una esperanza, lo único que logro ver fue a ella. ¿Ching? Por detrás del presbiterio una mujer le hacía un ademán de silencio seguido de un guiño, James sonrió como respuesta y regreso su mirada a Ettore.

-Que no cante victoria – Se burlo – Pero si esta partida ya está ganada. Ahora deja tu arma en el suelo y terminemos de una vez con esto – James desenfundo la navaja que mantenía por dentro del chaleco y se coloco de rodillas. Lo último que se vio fue una daga cortar el brazo del guardia que sostenía a Brie, desatando el caos a su alrededor. La guardia rodeo al Dux para protegerlo de alguna amenaza. Ettore se lanzo hacia James con la daga dispuesta hacia él pero este le esquivo con destreza tres de los guardias llegaron a su encuentro y James se defendió con los puños.

Bridget se soltó de su captor y choco de espaldas con la grácil mujer  de aspecto oriental que combatía con una escolta del Dux. Ella la saludo con una leve inclinación mientras que con una sonrisa derribaba a su oponente, tumbándolo con maniobra de autodefensa. Brie quedo impresionada por la agilidad de esa pirata oriental.

-Quédate junto a mí si amas tu vida – le dijo colocándola detrás de ella.
James por otro lado había logrado deshacerse de los guardias y se disponía a coger el rollo de papel que anteriormente había arrojado al piso. Ettore logro alcanzarlo antes que él y eso lo puso de un humor terrible. Se desprendió del saco, seguido de la chaqueta. Ettore lo imito.

-Pretendes quedarte con toda la diversión – Roberto había le había tomado por sorpresa, había llegado más rápido de lo que esperaba y le defendía de dos guardias que iban hacia él. Los demás guardias que protegían al Renier había desaparecido entre la pelea y nuevas tropas se hacía presente en el acontecimiento. James luego de sonreír hacía su compañero de aventuras tomo el estilete, que mantenía escondido en su bota y se coloco en posición de ataque. Pero Ching fue más rápida que James golpeándole la cabeza a Ettore dejándolo inconsciente.

-Otro día tendrás tu venganza James, hoy no será ese día. Hay que largarnos de aquí – se justifico. Tomo de la mano a Bridget quien sentía todo como un sueño, una obra de teatro siendo ella la espectadora de tal show. Por la sacristía de la iglesia avanzaron hacia a la Porta della Carta no sin antes arrebatarle al inconsciente pirata el mapa. No muy lejos de ahí el barco se escondía en medio de la oscura noche, los guardias reales gritaban corriendo detrás de ellos.

Un bote los esperaba para llevarlos hasta el Golden Nymph. Los disparos zumbaban cerca de ellos y el terror invadió a James. Busco a Bridget con la mirada, ella corría detrás de Ching tomadas de la mano. Sabía que no había manera de regresar el tiempo, lo sabía perfectamente. Brie le obligaría a confesarle la verdad. Su momento de debilidad le había dado consecuencias irreparables, hoy tendría que aceptar que no podía seguir escondiendo su identidad. Lograron camuflarse por la noche y por suerte ninguno había resultado herido en el trayecto. A los pocos minutos abordaban el barco. Rob no espero instrucciones y puso en marcha la fragata saliendo lo más rápido y lejos posible de Venecia.

 Lo peor ya había pasado, James había logrado obtener los rollos, esquino una sonrisa satisfecha apretando con su mano el secreto mejor guardado de su enemigo Ettore o Yilan Hain, el demonio de altamar que tenía lo que le pertenecía y James estaba dispuesto a todo incluso a perder la vida por recuperarlo. El grupo, seguido de la tripulación se acerco a cubierta.

-No nos hemos presentado con formalidad, mi nombre es Ching Shih La Reina Pirata de toda Asia – inclino su cabeza hacia adelante en signo de respeto. Brie respondió con una leve inclinación. Ching era una bellísima asiática de cabello azabache hasta debajo de los hombros, su vestimenta era algo tradicional, pero adaptado para una mayor movilidad. A pesar de ello su femineidad no se perdía en sus ropajes, sino, que resaltaban cada excepcional curva de su cuerpo, sus ojos negros proyectaban la belleza de su raza y su fino rostro escondía una persona determinada.

-Mi nombre es Bridget.

-Lady Bridget – le corrigió James.

-Ya sabes que odio los títulos, James o debería decir Edham. Porque no entiendo cuál es tu verdadero nombre – James trago grueso.

-Dejémoslo en James por el momento –respondió desviando la mirada.

-¿A dónde nos dirigimos ahora, Capitán? – pregunto Rob; Avanzo hasta el timón y aferrándolo con una mano espero con la paciencia de un primer oficial a cargo. James medito la pregunta, la mejor opción era parar en Damasco estaban a pocos días ya no podía regresar a Brigdet a Bristol. Se metería en serios problemas ahora que ella sabía que le llamaban Edham. Aunque no fuera lo suficiente como para afectarle en gran escala, el miedo a enfrentarse a la verdad y revelarle su secreto lo tenía inquieto. Ettore casi lo había detenido antes de completar su misión, hoy ya no estaba seguro ni siquiera en altamar. Volvió a apretar en sus manos el mapa y después de un suspiro acepto la idea de ir a su segundo hogar.

-Llévanos a Damasco Rob – Brie abrió la boca de asombro y la cerro al instante. Aun no comprendía todo lo que ocurría y no tenía ni idea de lo que aun le aguardaba. Ching sonrió aprobando la idea. Y así partieron rumbo al país donde el agua sería lo último que verían. Damasco.

domingo, 10 de marzo de 2013

Los Secretos del Mar - Capitulo 4 (parte I)


“La intuición de una mujer es más letal que una daga, una mujer intuitiva es simplemente atractiva”
Lord James Tortworth
(Parte I)
El Golden Nymph llevaba 10 días navegando en aguas profundas, Génova era su siguiente parada. El calor del mediterráneo cada vez imposibilitaba un viaje en el tiempo planeado, toda la tripulación al borde de la desesperación se aferraba a su único entretenimiento: Los dados del pirata. Pero a pesar de ello Brie era la única persona que sonreía, aún recordando aquel día en Los Palmones…

-Kent ayúdeme ahí viene- estaba nerviosa sabía muy bien lo que se había propuesto a hacer, estaba desesperada y necesitaba aprovechar el momento. A lo lejos James tranquilamente avanzaba. Brie no espero que Kent se adelantara. – Está haciendo un calor horrible Kent, puede ayudarme si es tan amable – le ofreció su infame abanico poseedor de secretos que solo ella guardaba para sí cada vez que necesitaba esconder su descarados pensamientos. Kent lo acepto abriéndolo con inexperiencia y comenzó a abanicarla con delicadeza.

James se detuvo en seco al ver la escena de la despreocupada Brie siendo abanicada por el “señor Kent”, sus expresiones decían mucho. Sus entrañas recibieron el golpe de la ira, revolviendo con incomodidad todo su interior, apretó sus puños intentando controlarse. Respiro controlando su rabia lo más de lo que su mente le permitiera, intentando en el fondo de su pensamiento no se cegase por el sentimiento que corroía dentro de sí. Rob lo sostuvo del brazo al verle el rostro, era demasiado evidente el sentimiento que proyectaba. Su autocontrol fue derribado al verla apoyarse levemente en el nombro de él y con toda la furia desatada se acerco donde la “parejita” se encontraba. Kent se levanto de golpe al verlo venir hecho un tornado hacia donde ellos, Brie no movió ni un musculo preparándose para el impacto. Esperó paciente sin mostrar emociones sabía que él estaba encolerizado, su rostro no sabe esconder sus sentimientos.

-Si ya terminaste con tu numerito Brie es hora de marcharnos – Su voz era grave conteniendo al máximo la cólera. –Aun no he terminado James, sigo teniendo calor – contesto con aire de indiferencia. Hizo caso omiso de su respuesta tomándola con fuerza del brazo. Brie se mantuvo neutra negándose a quejarse del dolor ante la brusca presión ejercida por su potente brazo. – Estoy afirmándote que es hora de marcharnos – intento reprimir sus emociones a proporciones gigantescas, no quería causar un show en pleno muelle.

***

-Se puede saber cómo se te ocurre comportarte así ¡En plena calle! Como una… como una…

-Como una cualquiera James, eso quieres decir. Como una que se deja hacer de todo- Contesto enfadada. Se atrevía a decirle en la cara algo tan despreciable, eso no era digno de dejarse pasar por alto. – Tienes idea de lo estúpida que te veías montando una escena como esa coqueteando vulgarmente con un hombre que no te esta cortejando – No entendía, no comprendía como ella con su posición como dama, obligara a cualquiera a dejarse manipular por ella. Se paseo dentro de la cabina con evidente preocupación, la reputación de ella es más frágil que la seda en un rosal espinoso, un leve tirón y se desgarra. – Crees que no sé el verdadero motivo de tu actitud hacia mí desde que toque puerto en Bristol.

-Odio que te preocupes más por mi reputación que por acercarte a mí y por ignorarme ¡Dios! Como odio que lo hagas.

-Es que tú no entiendes ¡Maldición! No entiendes las situaciones que me haces pasar – se meso el cabello con desesperación. Lo estaba sacando de sus cabales, temía por ella. – ¿Acaso estas celoso James? – Se detuvo instantáneamente, la miro con desconcierto. - ¿Qué? – Fue lo único que consiguió decir. Tomándola por sorpresa la contramino bruscamente en la pared, pegada a la puerta de acceso a la cabina. Brie sintió aprehensión en el instante en que sintió su mirada cargada de furia, lo vio batallar contra sus sentimientos – Eso era lo que querías verdad Bridget, celarme – Le respondió casi escupiendo con asco las palabras – No soy tan débil e idiota para tener ese sentimiento tan superficial e inmaduro – Frio totalmente frio. La mirada cargada de odio, solo expresaba rechazo. Porque tenía que verse tan odiosamente atractivo, su mirada exudaba soberbia, arrogancia. Hipnotizada Brie sintió el calor que emanaba de su cuerpo, un escalofrío recorrió su espalda marcándole como una llama caliente cada fibra de su piel, haciendo correr a millas por hora su corazón. Comenzó a respirar agitada, James sintió su energía como un imán terriblemente irresistible, acelerando más su agitado corazón. Brie hizo lo único que hace días había rogado por tener, y  rindiéndose a sus sentimientos tomo el rostro entre sus manos y lo beso.
Si. Si que recordaba cada momento, respondió de inmediato a su caricia. La sensual batalla que ambos luchaban por sobrevivir, los hundió de inmediato en las aguas del deseo. James perdió todo rastro de lo poco de conciencia que le quedaba al momento de sentirla sobre sus labios, atrevida, audaz. Pego más su cuerpo con el de ella contraminándola contra la pared, poso la mano sobre su mejilla acercándola más, queriendo sentirla con una desesperación igual o peor que un viajante del desierto sirio en busca de agua bajo sol del mediodía, sorbió del ella cual agua del oasis. Brie dejo caer sus brazos dejando cuerpo disfrutar de cada contacto, apoyo sus manos en el torso esculpido permitiendo fundirse en el con mayor alcance. James bajo una mano hacia la cadera y con suavidad recorrió su muslo a través de las molestas capas de falda tomando con firmeza por debajo de la rodilla, y elevándola para mayor acceso al dobladillo…

-¡Capitán! – El grito los hizo bajar de la estratosfera, James bruscamente se separo de ella, caminando con torpeza hacia atrás sin dejar de verla. Miedo en sus ojos había miedo. Brie no se movió de su apoyo por temor a perder el equilibrio. Lo vio cubrirse el rostro con las dos manos mientras maldecía en susurros.- ¡Capitán!  - Se oyó por segunda vez. James levanto su vista y una vez recuperada su compostura, salió.

-¡Brie! – La llamo Rob por segunda vez, despertándola del sensual sueño revivido que se fundía en su mente – Brie el sol está demasiado fuerte, será mejor que entre a la cabina o su piel se dañará.

-A estas alturas del viaje Rob, mi piel es lo menos importante – Rob no pregunto el motivo de su respuesta. Sabía perfectamente la situación que la llevo a comportarse como si nada importara. Esquino una sonrisa. – Eres una pilluela pequeña Brie, hasta que al fin lograste doblegar a James por primera vez. Brie sonrió con satisfacción. Recorrió con la mirada el barco hasta detenerla en él, quien desde cubierta dirigía al marinero cerca del nido de cuervo. A pocos metros Patrick, Little Burke y Twiggle mantenían una partida de dados.

– ¡Capitan! Venga uste’ échese una partida con nosotro’ así como a los viejos tiempos- Dijo Burke. James mantenía la vista fija en el mástil mayor mientras Terrence maniobraba con afán empujando una serie de cuerdas para sujetar la vela. – Tal vez después Burke. ¡Terrence, asegura bien esa cuerda a la percha mayor! Tendremos que navegar a palo seco mientras no tengamos vientos alisios. – ¡Si Capitán! – contesto.

-No te caería nada mal un poco de distracción – le comento Rob. – ¿Porque tendría que hacerlo Rob?
– Lo necesitas, o crees que después de pasar dos semanas en barco durmiendo en esa maldita y cutre hamaca te dejara como flor en primavera – miro significativamente hacia donde Brie se encontraba. James Suspiro – Esta bien Burke, creo que jugare ahora – con resignación movió una caja y la acerco junto a los demás, Twiggle le ofreció sus dados y el tarro. Se sentó frente a Patrick, Burke preparo los dados y ofreció la primera apuesta, los demás le imitaron. Al mismo instante todos levantaron sus tarros para verificar el contenido.

-¡Gano Patrick! – Anuncio. Un gruñido de reprobación se oyó alrededor.

Jugaron por segunda vez. Perdió. Por tercera vez y perdió. La cuarta vez, estuvo a punto de ganar, los jugadores murmuraron tensos. El resto de los tripulantes interesados en juego fueron acercándose. – ¡Brie! Ven acá, esto esta interesante – Le grito Rob. James contuvo la respiración al oir su nombre. Brie llego al poco rato y se integro al grupo. – Siéntate acá Brie – le dijo Rob acercándole una caja y colocándola a la par de James ¡Maldito seas Rob! Reprocho en silencio.

Jugaron por quinta vez, James perdió de nuevo ¡Maldición! Una vez más, y perdió. Esto estaba mal, James siempre ganaba y hacía alarde de su capacidad. Pero hoy estaba perdiendo Rob observo con atención a James y tras unos minutos hallo la solución. – James no estás teniendo suerte hoy – afirmo – tal vez necesites algo de suerte no es así – Los demás a su alrededor asintieron, James se puso rígido. – Él necesita el soplo de la suerte, no es así – los marineros volvieron a asentir. James se quedó sin respiración, la mirada de Rob lo decía todo. Miro a Brie de reojo y la vio ensimismada, parecía que intentara descifrar el juego. Tonta, ni siquiera se percataba de la indirecta. – Pequeña Brie – dijo sin más preámbulo – James necesita tu soplo de suerte – Los demás apoyaron la idea murmurando aprobación. Brie asombrada lo observo a todos Twiggle intentaba esconder su sonrisa de complicidad. Patrick estaba observando con interés a James. Y James al ver su mirada no necesito palabras, curvo una sonrisa con picardía. – Esta bien – contesto sin dejar de sonreír y acerco lentamente sus labios hacia la mano fuertemente apretada, aferrándose a los dados. Brie se acerco más, el público miraba con expectación. James se tensó su cuerpo no respondía, tenía el deseo de desviar esos labios hacia los suyos con tanta fuerza. Apretó más su puño. Porque demonios la seguía viendo tan condenadamente irresistible. Brie soplo suavemente haciendo que James reaccionara con el placer de un escalofrió por su espalda. Metió los dados en el tarro. Agito. Volcó el tarro, el resto lo imito y él gano la partida.

-Se acabo el juego – dijo bruscamente, levantándose de golpe haciendo tambalear la mesa del juego. Brie lo observo mientras él se encaminaba a la cabina de navegación y decidió seguirlo.

***

Después de dos largos meses su última parada le daba la bienvenida. Génova, uno de los puertos más importantes de Venecia, respiraba el cálido clima de verano. La cuaresma en pocos días se llevaría a cabo, un día ideal para terminar lo que luego de tantos años buscaba venganza.

  -Entonces tu plan James, es ¿Colarte por la casa del Dux? ¿Acaso os habéis vuelto loco? – James esquino una sonrisa. – Exactamente Rob, creo que he sido muy claro en ese punto. El Dux Renier sabe dónde está el escondite de Ettore, solo tengo que entrar a su estudio, tomar ese mapa y nos vamos de ahí - el plan no puede fallar pensó. – ¿Y qué harás con Brie? dejarla con estos mamarrachos de cuarta – Buen punto. No podía dejarla acá, pero llevarla sería muy arriesgado. – Tendrás que llevarla James, quieras o no – James bufó. – Que otra cosa me queda. Tendré que llevarla –. Camino hacía su dormitorio, ahora apropiado por una testaruda mujer. En el camino medito la idea de si llevarla o no, era un plan bueno y el sabia que funcionaria, pero…

- Brie – La llamo moderando su voz, para que pareciera más baja y esperó. – Un momento – contesto. Un momento y al cuerno, James no espero que le abrieran ¡Maldita sea! ese era su dormitorio. Al abrir la encontró frente a SU escritorio, desenredando su castaña cabellera – No tengo tiempo para esperarte Brie – exclamo exasperado, comenzaba a sofocarse – empaca tus cosas no iremos a Venecia – Brie dejo caer su cepillo de peinar – ¿Estas tomándome el pelo? –.

- No estoy tan cerca de ti para hacerlo – contesto con indiferencia.

-Tú sabes de a que me refiero James – entrecerró la mirada – en fin, ya empezaba a aburrirme de mirar esta habitación todos los días – En seguida empaco.

-Emmm… cuando lleguemos a Venecia llegaremos en pleno carnaval – dudo si decirle, sabía muy bien lo que significaba ese escandaloso evento.

-¡Oh, Magnifico! Siempre quise conocer el Carnaval de Venecia, necesitare una máscara. Compraremos una ¿no es así? – James asintió de mala gana – ¡Oh! Qué bien podre ponerme el vestido que Milly me recomendó llevar. Milly dijo que es mi mejor vestido, no tengo ni idea porque pero me dijo que lo llevara por si acaso – Brie continuaba balbuceando toda clase de planes que haría al llegar a Venecia, mientras con avidez ordenaba una pequeña maleta para el viaje. ¡Pero qué diantres! Ella sabía muy bien lo que se proponía al colarse en su carruaje aquel día, había traído una pequeña maleta dentro de su baúl del tamaño apropiado para un viaje de pocos días, ¡Maldita fuera! esbozo una sonrisa. – ¿Me estas poniendo atención James? –.

-Amm… esperare afuera – cerró la puerta tras de sí. Se sentía impotente. Dio un largo suspiro y regreso a la cabina de mando.
***

El porto di Genova atestado de paseantes y pobladores el segundo puerto más importante de Europa. James y Brie avanzaban entre la multitud en busca de una carruaje que los llevara a Venecia. -La guerra è iniziata! Inghilterra e Francia giocato sulla piccola isola di Martinica (¡La guerra a comenzado! Inglaterra y Francia se disputan en la pequeña isla de Martinique) – clamaba un hombre por las calles del puerto. La gente a su alrededor murmuraba inquieta, mujeres inglesas se desmayaban por la noticia.
-¿James? – Brie observo a su alrededor perplejo ante la noticia, no sabía si decir que era buena o mala noticia – ¿Que acaba de decir ese caballero hace un momento? no le he entendido nada ¿Por qué la gente está así?

– Francia e Inglaterra están enfrentándose en una batalla naval Brie, eso es lo que pasa – Brie se cubrió la boca con la mano. – Al parecer no es una gran batalla – sería una buena distracción para los Franceses y su plan continuaría sin problemas - Ehi, tu! quanto grande è la battaglia (¡Eh tu! Que tan grande es la batalla).

- Non molto, forse una ventina di barche (No mucho, tal vez veinte barcos).

-Questo non basta, idiota! Fuori di qui! (¡Es no es poco, idiota! ¡Lárgate de aquí!) – lo aparto bruscamente de su camino.

-¿Donde aprendiste italiano James? - ¡Demonios! estaba haciendo demasiadas preguntas. – No es el único idioma que he aprendido – contesto con indiferencia – Se francés y arab… ara-ba-to (no existe) - ¡Dios! Por poco le decía árabe pero que estupidez tenía en la cabeza ese día. – ¿Arabato? Ese idioma no lo conocía ¿podrías enseñarme algún día sobre ese idioma?

-Emm… si, no hay problema – se sintió un estúpido.

La diligencia tardo en llegar, pero tras quince minutos transcurridos finalmente se encaminaban hacía Venecia. El clima no varió mucho, dentro del carruaje era insoportable Brie se sentía sofocada, se abanicaba con esmero. El vestido definitivamente no favorecía con el lugar, lo sentía demasiado pesado, capas y capas de encaje que solo aumentaban más la necesidad de desprenderlo de su cuerpo y patearlo por el piso hasta que desapareciera. Intento distraerse fijando su vista en la campiña italiana, pero no sirvió de mucho. Intento cambiar de posición, se removió tres o cuatro veces.

-Podrías hacer el favor de quedarte quieta – James estaba desesperado de oír el rebujo de tela sobre el sillón. - Tú no entiendes lo mal que lo estoy pasando con este clima. A diferencia de ti, yo no cargo cinco libras de tela encima. Donde esta mi maleta – murmuro. Se reclino tanteando por debajo del sillón y tiro de ella al sentirla. Cerró la cortina a su derecha y se arrastro por la butaca para cerrar la otra. – Brie ¿Qué se supone que estás haciendo? – Brie lo ignoro y apoyo la maleta sobre el asiento. – ¿Podrías dejar de mirarme por un momento? necesito cambiarme – James abrió los ojos de par en par, todo su cuerpo se tenso al instante y su estomago recibió un hormigueo muy peculiar. Desvió la mirada, no quería ver. No debía ver ¡Maldición! Su cuerpo no respondía, oyó el crujido de la tela. Miro de reojo… Contrólate imbécil pareces un ualad  fijo su vista hacia sus manos e intento controlar su alterado estado. ¿Era él o hacía más calor de lo normal? – ¿ya estas vestida? – pregunto hablando entre dientes. – Ya casi, podrías mantenerte así solo un momento más – Su cuerpo no esperaría lo suficiente, James se conocía a si mismo muy bien. No entendía como una torpe mujer lo ponía de esa manera, le resultaba ridículo incluso al pensarlo. Su corazón latía desbocado, esquino la mirada nuevamente y distinguió algo que parecía ser piel Contrólate maldita sea ¡Contrólate!

Está demasiado tranquilo, pensé que se alteraría más. Pensaba Brie. Termino de acomodar la cintura del vestido. Metió las manos en los tirantes de la camisola se subió las mangas del vestido y tiro de las cintas atándolas a su espalda. –Ya estoy lista, espero no haberte incomodado – No tienes ni idea  de cuánto no espero que le diera permiso de abrir las cortinas, y con un largo suspiro se reclino en su asiento. Tenía la camisa de lino empapada en sudor, pero que podía hacer después de su fuerza sobrehumana de voluntad.

***

-Maestà, è venuto. Richiedi il tuo pubblico (Su majestad, él ha venido. Solicita su audiencia) - .

-Lo trovi (Hazlo pasar) – Paolo Renier Dux de Venecia, un hombre de edad madura y porte regio. Su rostro comido por los años, marcaba las líneas de su avaricia. De débil templanza y exacerbada soberbia, esperaba con impaciencia la visita de su Protetto. Apenas un año de gobierno lo tenía con  el orgullo por las nubes, pues se enorgullecía de su “labor”. Se sobo su tremendo y satisfecho estomago, consolándose con palabras de aliento de su bien realizado trabajo.

La habitación iluminada por la suave vela del escritorio daba un aspecto misterioso. La mansión veneciana guardaba sus mejores logros corruptos y los complots mejor guardados del estado de Venecia. El Dux esperaba ansioso, sentado sobre su suntuoso escritorio la llegada de su siervo, su súbdito más importante. Su protegido -Sua Maestà – un imponente caballero de acento extranjero con su rostro oculto por una capa de lino negra, se encaminaba hacia el oculto por el misterio. Paolo se levanto de golpe, la impaciencia lo tenía sufriendo. Se acerco hacia él y lo invito a sentarse en sofá junto al fogón. -è finalmente arrivato, dimmi la notizia porto (Finamente has venido, cuéntame la noticia pronto –.

-Él ha venido sua Maestà, Génova le ha dado la bienvenida con la notizia di la martinica. Como puede ver he logrado adelantarme, a Edham le espera una sorpresa mio signore – sonrió sinuoso debajo de su capa.

-Bravo esa es la mejor notizia que he ricevuto – contesto satisfecho - Él ha venido por lo que me has dicho en la carta ¿no es así? Él quiere mia mappa de tu escondite – El oscuro caballero asintió. – Es una lástima que no la obtendrá sin antes por il mio corpo di sicurezza – contesto satisfecho el Dux plantando los pies en el taburete contiguo al sofá.

***

-¿Hemos llegado? ¿Tan pronto? – Brie se desperezo de la butaca, la diligencia estaba disminuyendo el paso a medida que entraba a San Giuliano, Italia.

-El buque saldrá en dos horas hacia Venecia, así es mejor que te apresures – le respondió.

-¿Cuanto más hay que esperar para ver Venecia, James? – Pregunto impaciente, mientras aceptaba la cálida mano de James para descender del carruaje.

-Posiblemente en pocos minutos de viaje estemos en Venecia y de ahí buscaremos alojamiento cerca del Palazzo Ducale – James se quedo reflexionando mientras avanzaban hacia el puerto. Al llegar a Venecia estaría tocando la tierra de su futuro funeral, sabía muy bien las consecuencias y a pesar de ello estaba dispuesto a seguir. Hallar esa pieza faltante de la ubicación de Ettore era lo más importante y arriesgando de su vida, tenía que recuperar ese valioso tesoro que el maldito canalla le había saqueado.

Hubo un tiempo durante muchos años atrás, donde Italia e Inglaterra marchaban en armonía, pero luego de que esta se volviera la manzana de la discordia de España y Francia, la enemistad surgió más potente de lo que nunca estuvo. La Colonia Norteamericana aun necesitaba proclamarse un país más en el mundo y no solo un medio para aprovecharse de ella. El limite no pudo con tanta disconformidad declarando así en 1775 la guerra entre Inglaterra, siendo Norteamérica apoyada por los Franceses. Los problemas aun no habían terminado, la fase de desacuerdos entre las potencias de la época pendían de un filo hilo esperando que las moiras griegas lo cortaran y de alguna manera nada terminara bien. Tras media hora recorrida Venecia les recibía con un aire terriblemente cálido. El glorioso y suntuoso paisaje digno de dejar sin respiración a muchos les decía benvenuto. La pequeña y curvada serpiente atravesando la hermosa provincia los dirigía hacia Piazza San Marco.

-Benvenuto signor, signorina – el recepcionista de Hotel Florian un hombre de nariz enorme y un rostro redondo saludó cortésmente.

-Grazie signor bisogno di due stanze, per favore (necesitamos dos habitaciones, por favor) – Por favor que este alguna disponible pensó para si.

-C'è solo una camera a disposizione signor. Si vede che il Carnevale ha lasciato pochi spazi disponibili in questi giorni (solo hay una habitación disponible señor. Vera usted que el carnaval ha dejado pocos espacios disponibles estos días) – respondió este. James miro de reojo a su compañera de viaje, maldijo por lo bajo y acepto la habitación que le proponía. Camino sin mencionarle nada. Para ocultarle el verdadero propósito de venida a Venecia intento de alguna manera complacerla y así poder distraerla de su principal objetivo. 

martes, 20 de noviembre de 2012

Los Secretos del Mar - Capitulo 1



LOS SECRETOS DEL MAR
Eldjari Morduk
  
CAPITULO 1

“Insistir y encapricharse siempre son la mejor arma de una mujer, pero el corazón no se gana con ninguna de ellas”
Lady Bridget

Bristol  1770

Ya ha pasado bastante tiempo pensó, habían transcurrido diez años desde que partió de Bristol navegando en alta mar por el mediterráneo. Al principio se había enredado con piratas, no era de negar que por mucho que él fuere partidario de la paz, no le esperase uno que otro pirata desalmado en cada entrada a un puerto. Curvo una sonrisa indescifrable y oscura; las aventuras que había vivido sin duda eran inolvidables, pero la sensación del viento y el oleaje chocando contra el Golden Nymph, el vaivén de las velas blancas cual nubes de seda meciendo el barco, las noches en guardia soñando despierto su próxima movida, era incomparable. En todo el trayecto se hizo la idea de que haría primero: El placer de una cama que no estuviese en movimiento, las largas caminatas a tempranas horas en Tortworth hills o los famosos platos de Delmina. Así su pensamiento se desvaneció en sueños y esperanzas hasta que tras dos horas de trayecto de Avonmouth a Bristol, Tortworth House se erguía imponente entre los árboles. La sensación de volver a su hogar luego de tantos años lo llenaba de la felicidad y la tranquilidad que tanto buscaba, era una lástima que no pudiera pasar más tiempo de lo que planeaba, sin duda Lady Compton lloraría de felicidad como es normal en su tierna naturaleza.

A lo lejos la enorme ostentosa mansión señorial de estilo Tudor, le daba la bienvenida. A su derecha enormes jardines de flores de una exquisita variedad de colores, formas y aromas, rodeando una enorme fuente de piedra en el centro. Viejos y centenarios arboles asediando el jardín principal del recinto, como si fuesen las murallas de las algún castillo medieval. Cubriendo más de treinta acres de tierra inglesa para explorar. Y un enorme portón principal de madera de roble frente a la cual el carruaje fue deteniendo su marcha, James bajo de el con todo el orgullo de un miembro de la nobleza, de porte elegante, refinado y tras lanzar un suspiro satisfecho camino hacia la entrada.

- ¡James querido al fin has vuelto! -Gritó emocionada la condesa que lo encontró casualmente en la entrada del salón principal, corrió hacia él y lo estrecho en sus brazos 

- ¡Oh! Dios escucho mis ruegos hijo mío - exclamó a los cuatro vientos con total euforia - ¿Cómo te ha ido en el viaje? Hay mucho que debes contarme. Los Hammerly nos invitaron a celebrar la presentación formal de su hija y yo pensé en declinarla por supuesto, tú sabes que mi salud no me lo permite. Pero al verte de regreso que mejor compañía que la tuya para llevar a Bridget, la aceptare de inmediato.

-Bridget, ¿La pequeña mocosa de cabello rebelde?- pregunto, pensar en que ella apenas era una joven de doce años cuando se la presentaron. Más de alguna vez se había encontrado con la niña de tan inusual carácter correteando Torthworth Hills cubierta de barro como un pajarillo libre. Cuando ella tenía siete años Laurent Finley, el ayuda de cámara de su padre, la presento como su hija y a menudo ella lo visitaba. Pero luego de cumplir los once, la muerte de Laurent la dejo sin futuro, siendo él su único pariente cercano. Lady Margaret Compton sintió compasión por la pequeña Bridget, por lo que la acogió como su hija.

-Oh, no le digas mocosa James ya no es una niña, es una joven que promete mucho y me atrevo a decir que está más hermosa que nunca, su cabello de fuego se ha acentuado, es más castaña sabes. Aun no sé porque algún noble no ha solicitado cortejarla a estas alturas de su edad. Si su carácter cambiara es posible que logrará un matrimonio ventajoso, pero es un jovencita tan imprudente en todo sentido de la palabra - comento con resignación - ven conmigo a la sala de té, ella bajara en un momento y así aprovechas para contarme tus viajes- lo tomo del brazo y lo encamino hacia la estancia.

-¡Puedes creerlo Mily! He oído a Margie llamarlo hijo no hay duda de que es él quien ha vuelto, apresúrate Milly estoy ansiosa por verlo- quedó pensativa un momento- diez años Milly, diez años de no verlo. Bridget aun recordaba ese noble joven que la llevo hace once años a Tortworth House, con su tía para que cuidara de ella. Sin ser familia la habían acogido, habían llenado el vacío que su padre al morir. Ella siendo una niña sin un hogar donde poder crecer, no pudo ser más bendecida que ninguna otra por Lady Margaret.

-Listo milady he terminado – respondió Milly su dama de compañía.

-¡Oh esta perfecto Milly! Pero ya basta de decirme milady solo dime Brie o Bridget, te lo he dicho miles de veces, nada de formalismos - Milly hizo un leve inclinación respondiendo con un “Si Brie” se fue.

¡Al Fin! Exclamo para sus adentros, en su imaginación lo veía a él junto a ella navegando en Golden Nymph hacia tierras nuevas, culturas extraordinarias, miles de viajes ¡Aventuras! Eso es lo que buscaba, no las aburridas fiestas de gente estirada y refinados modales yo no nací para eso, cumpliré lo que mi padre no pudo, porque yo no soy de la nobleza y ni lo planeo ser. A pesar de haber sido acogida por Lady Margie ella nunca acepto la educación que le dieron, su carácter era su mayor defecto y su actitud de aventurera ningún tutor había logrado aplacar, pero ¿sería su caballero andante el que la ayudaría? Ella lo convencería de que fuera así. La emoción comenzó a ponerla nerviosa y con dedos trémulos se coloco el tocado ¡Ridículo sombrero! Profirió con exasperación mientras se dirigía a la puerta. Ya pronto lo veré y sé que me llevará. Avanzo casi corriendo hasta las gradas que incorporaban el salón principal. Ojala siga siendo ese amable joven que conocí. Doblo a su derecha en su mente solo estaba un caballero de brillantes ojos topacio, hasta que llego a al saloncito y toco suavemente la puerta a la espera de que Margie la invitara a pasar.

-¡Ya estoy aquí Marg…!

Y ahí estaba, alto, fornido y tal como lo recordaba, incluso mejor de lo que su mente guardaba de él, su rostro había cambiado era más maduro, firme, su mirada se encontró con ella dándose el lujo de contemplar esos hermosos ojos azul marino, su cabello castaño oscuro caía rebelde por encima sus cejas acentuando el color en su mirada y en sus labios firmes una mueca asombro.

Pero sí que había cambiado, su tía no había mentido en ese aspecto, el rostro de niña había desaparecido y el de una mujer era lo que veía, no podía apartar su mirada de aquel rostro suave y delicado, su cabello efectivamente era más castaño que rojizo, pero sus ojos seguían siendo del mismo ámbar con destellos verdes que recordaba ¡Que un demonio me lleve!…pensó desviando la mirada, cerro sus labios al percatarse de que había estado embobado viéndola.

-¡Al fin has bajado! te hemos estado esperando Brie querida, Gertrude trae el té por favor- Bridget se acerco lentamente al centro de la habitación sin perder de vista a ese apuesto caballero, tenía que mantener la compostura para no lanzarse de imprevisto con la propuesta de viaje, si es que quería convencerlo, claro. Sonrió abiertamente y de la manera más encantadora posible.

-¡Que feliz estoy de verte James!- exclamo tumbándose a la silla con brusquedad.

-Bridget, las damas no se lanzan sobre el sofá, se sientan con delicadeza ¿Es que nunca aprenderás?- exclamo avergonzada, bajo la atenta y penetrante mirada de James, quien no pudo evitar esbozar una sonrisa- Sigue contando tu relato James.

-Creo tía que ya he contado todo, la comercialización fue bien y logramos triplicar la inversión de productos básicos, he desembarcado acá los productos para su respectiva venta, aunque solo estaré por una semana, ya que tengo que subir el nuevo cargamento de especias para hacer el siguiente intercambio en Italia.

-Que lastima, yo que esperaba verte por acá por más tiempo hijo, no crees que necesitas un descanso definitivo, las arcas del Rey ya están lo suficientemente llenas como para que continúes; según me han contado haz andado por Turquía y Egipto ¿no has tenido problemas con la piratería ahí? – James se revolvió incomodo en su asiento, no podía revelarle más de la cuenta su situación.

En sus adentros Bridget se moría por hablar, por decirle abiertamente su idea, la conversación transcurrió fluida y Bridget se limitaba a contestar con una afirmación o negación ¡No podía soportarlo! La plática de negocios y economía, e incluso de política la tenían de un humor horrible. Pasaron dos horas más y eso acabo con su paciencia, con un breve carraspeo al fin se animo a decirlo.

-¿Puedo ir con usted en ese viaje?- interrumpió Bridget ¡Bien, lo he dicho! Se provocó un incomodo silencio, Lady Margaret la miro con reprensión por su actitud y Bridget se sintió fuera de lugar, Lord James por su parte no cabía del asombro, se limito a contestar con cinismo - Bridget estos negocios son cosa de hombres, una mujer a bordo de un barco comerciante, no será bien vista por la sociedad, tú lo sabes.

-¡Me importa un bledo la sociedad! Yo siempre he querido viajar en…-Se tapo la boca al instante pero el daño estaba hecho, no había pretendido ser insolente pero ella deseaba algo diferente desde hace una infinidad de meses y Margie no se daba el lujo de salir seguido por su madura edad. ¡Como se atrevía! Así que a eso se refería con lo de rebelde pensó James.

-¡Bridget! Que es ese vocabulario ¡Oh dios! ¿Dónde están mis sales? ¡Gertrude!- exclamo Margie agitando su mano sobre el rostro- No entiendo como puede ser así, la he educado con los mejores tutores- Reprocho aireada. James no sabía si reír o reprenderla, se había atrevido a maldecir, como un marino.

-Perdóname Margie pero es que estar encerrada aquí todo el tiempo me tiene aburrida, esta temporada social ha sido tan fastidiosa e ir a fiestas no es diversión para mí- Y además de eso bocaza ¿Es que nunca aprendió? Al parecer no afirmo él entre pensamientos, Bridget esperó paciente que le respondiera, rezando por lograra convencerlos. En ese instante Gertrude entro con la bandeja de té y dulces bollos rellenos con mermelada de frambuesa.

-Gracias Gertrude déjalos por acá, si necesitamos algo más no dudaremos en llamarte- rompió la tensión e hizo el mate de tomar la tetera, esta trastabillo en sus manos y tanto Gertrude como James la detuvieron al mismo tiempo.

-No te preocupes tía yo lo haré, gracias Gertrude me alegra verla de nuevo- la mirada de Gertrude brilló de emoción.

-Es igual la alegría para mi Milord- contesto haciendo una leve inclinación, para luego marcharse.

-Perdona hijo, la edad ha empezado a entorpecerme- Bridget observo en silencio mientras apretaba los puños sobre su vestido de muselina de rayas azul pálido ¡Como quería salir de esa casa! No es que odiara a Margie pero ella se sentía una inútil.

-James ¿Podrías hacer de carabina para Bridget este sábado?- Y otra vez, a una aburrida reunión social - Yo, iba a declinar la invitación como ya te lo había mencionado, pues ya no estoy en edad de salir a ese tipo de horas, Tortworth es mi mejor lugar de recreación. Pero ya que has venido, es más conveniente que lo hagas tú.

-Um… Bueno- volvió a moverse incomodo cambiando la posición de la potente pierna, apoyando el tobillo sobre la rodilla. Reflexiono la proposición, no lo desviaría de nada tendría el tiempo de llevarla, solo era dentro de dos días aunque no se considerara la mejor carabina para ella –Esta bien tía lo haré - se dirigió lentamente hacia Bridget- Será un honor Lady Bridget- esté le guiñó el ojo ¡Astuto! Sabía que odiaba el titulo de Lady pensó Brie. Ese guiño prometía muchas cosas que ella no comprendía, ya habrá tiempo para saber su significado cuando intentara convencerlo de llevársela a Italia, solo era de ser paciente y hallar un punto débil para lograrlo. Y ella estaría más que dispuesta a usar sus armas de batalla.




***
El Sábado prometía ser lo más aburrido del mundo según Bridget, toda la tarde probándose el vestido escogido por Lady Margaret ¡Que irritante! a ella todo le parecía incomodo, las mangas abullonadas, las capas de la falda, el largo de la falda, el escote ¡Que molesto! aunque no negaba que el color melocotón pálido realzaba su mata de cabellos castaño rojizo, la tela de seda y satín la hacían sentir ligera como una pluma y las zapatillas de baile apenas las sentía puestas. Pero no, su propósito era fastidiar a la pobre Madame Fleur.

-¡Mon Dieu! Milady le ruego que no se mueva mucho o mi ayudante le pinchará con la aguja su delicado trasero y ninguna de las dos quiere que eso suceda- La salita parecía boutique y las costureras se esmeraban por ajustarle el vestido, Brie trato de calmarse lo único que deseaba era salir de ahí.

A este paso me iré en menos de una semana como mucho dos días más, estoy metiéndome en un lío estando más de la cuenta no sabía si viajar a Italia sería conveniente aunque ahí tenía contactos, pero dejar el barco en el puerto no convendría, así fue llevando James su pensamiento hasta que llego a la puerta de la sala de estar.

-¿Es posible entrar Madame Fleur? Preguntó al mismo tiempo que abría suavemente la puerta y cuál fue su asombro al encontrarse a Bridget dispuesta a salir de ahí con el vestido a medio hacer, ella que no noto que él estaba ahí y término tropezándose con él.

-¡Ah!- ella perdió el equilibrio y cayó al suelo- ¡Ouch!-grito al caer sobre un alfiler-¡Pero qué…! -exclamo palpo la falda hasta encontrar el alfiler mientras refunfuñaba y se dedicaba a aliviar su dolor frotándose el “delicado trasero”.

-¡Oh Milord! Qué bueno que aparece, no sé qué hacer con ella Milord, no se estaba quieta y…

-¡Ya basta! Ya me canse me duelen los pies de estar parada- quiso salirse pero él la detuvo tomándola con brusquedad del brazo, Bridget dirigió su mirada hacia él.

-Regresa a dónde estabas Brie, no me obligues a tratarte como una niña, lo cual claramente no eres ¡Compórtate como alguien de tu edad!- Bridget no cabía del asombro ¡Pero donde se había ido el joven amable que conoció hace diez años! Lo miró. Sus ojos entornados, ceñudo, estaba enojado. Y mucho. Sin decir más tiro de ella del brazo aun aprisionado hasta que la regreso al banquillo y salió cerrando de un portazo el salón.

El silencio se hizo incomodo y Madame Fleur regresó a terminar su deber, el resto de la hora transcurrió sin problemas. Pero Bridget tenía que saber porque había cambiado tanto. Simplemente no comprendía cómo es que él se había transformado en un hombre serio, insensible. ¿Qué era lo que lo había hecho cambiar tanto? Ese joven de veintiún años de sonrisa cálida, rostro suave y masculino, emanando energía, vitalidad y calidez. Era imposible reconocerlo ahora aparte de sus ojos azules, facciones firmes denotando madurez, temple y soberbia. Ella sentía la curiosidad por saber por qué había cambiando, debía, y sentía la necesidad de obtener una respuesta de él. En cuanto hubo terminando con Madame Fleur se dirigió a la biblioteca dispuesta a decirle lo que opinaba, a no quedarse callada ante él. Entro sin avisar, casi azotando con un portazo. Se topo con la mirada de él quien al percatarse de su presencia había interrumpido su lectura.

-¿Que necesitas de mi Bridget?- Pregunto con severidad

-Al antiguo tú, es lo que necesito de ti- replicó- ¿Porqué eres tan serio? y amargado, es muy grosero de tu parte haberte exaltado así ¡Por Dios! Me conoces desde pequeña.
James no sabía que responder ¡Lo había tomado por sorpresa! Se levanto de la silla del escritorio para acercarse a ella, era una inmadura y su actitud lo molestaba en demasía- Es que no entiendes la edad que tienes ¡Demonios! Ya eres una mujer adulta, tu actitud tus berrinches de niña consentida ya no se miran bien en ti - ¡Se atrevía a venir y continuar con el mismo problema! Esta vez se había ido muy lejos, estaba cansado de discutir cada vez que la veía.

-¡Si tan solo me llevaras lejos de aquí!- grito desesperada, las lagrimas parecían a punto de desbordar.

- ¡Es que todavía insistes con eso! ya llevas tres días insistiéndome, entiende que no puedes- tenía ganas de zarandearla, pero al verla a los ojos algo en el fondo de su corazón lo detuvo, iba a llorar eso era seguro la angustia lo embargo - ¿Estas llorando? - ¡Demonios! Esa pregunta estaba fuera de lugar ella negó con la cabeza y se cubrió el rostro con las manos ¡Maldita sea la hice llorar! se coloco frente a ella y le levanto su rostro con el pulgar en el mentón - No llores - suplicó en un susurro, Bridget no pudo retenerlo inclino su rostro y estallo en llanto, amargas lágrimas rodaron sobre su rostro.

-Por favor- insistió- no soporto estar así todos los días, llévame contigo.

-Mi tía me mataría por ello, vamos tranquilízate-espero paciente a que lograra calmarse, transcurrieron varios minutos- ve a prepararte es hora de ir a la fiesta…luego hablamos de esto, lo prometo- imploro entre susurros esperando que entendiera, ella levanto su mirada hacia él y asintió, James tragó con esfuerzo y se estremeció, una mujer sabe cómo convencer a un hombre de cometer imprudencias, ¡Que dios se apiadara de él! estuvo a punto de haber accedido a llevársela.


El carruaje se detuvo en Hammerly House a menos de quince minutos de Tortworth, James ayudo a Brie a bajar del carruaje y juntos avanzaron hasta el salón, la cantidad de invitados era impresionante. Lady Hammerly sin duda quería impresionar a los futuros pretendientes de su hija Lady Lucy, James encamino a Brie hasta la anfitriona a presentar los debidos respetos.

-¡Lord Tortworth! Sed bienvenido, un placer verlo de nuevo en Bristol, ya son 10 años si no me equivoco.

-No se equivoca milady, un honor ser su invitado esta noche- se inclino para besar su mano con propiedad.

-Permítame presentarle a mi hija, hace dos semanas ha cumplido sus dieciséis años, no le parece hermosa, milord- su interés era más que palpable Lady Beatriz, ya hacía de celestina con su joven hija. Acaso no se da cuenta la diferencia de edad, al parecer no.

-Si milady su hija se ha transformado en una hermosa joven. Lady Lucy, un placer-  inclino ligeramente su cabeza y ella contestó al mismo gesto, no pudo evitar ruborizarse.

-Lady Bridget me alegra que haya aceptado la invitación- comento inclinándose cortésmente con una falsa sonrisa, hasta el momento no había reparado en ella- debería de salir más seguido ya está en edad de desposar algún noble- ¡Como si quisiera, vieja vaca! intento mantenerse serena y contestar el saludo- Gracias Lady Beatriz, si tía Margie lo permitiera me vería más seguido en este tipo de celebraciones- Lady Beatriz elevo un ceja y sonrió. Ahí está esa sonrisa cínica de nuevo ¡Que Fastidiosa! ¡Maldita…!-  Brie respondió de igual modo, como si de alguna manera James supiera lo que ella pensaba en ese momento, la reprendió mirándola de soslayo, lo cual hizo enrojecerla. Luego volteo él su rostro hacia Lady Beatriz no sin antes esquinar una sonrisa sugerente.  Es que no lo comprendo… pensó, a veces se comporta como un viejo cascarrabias y luego es increíblemente seductor. Desvió su mirada a Lady Lucy y recordó su presentación social. Pobrecilla, no sabe lo que le espera.

La pista de baile comenzó a ordenarse, el primer baile empezaría dentro de poco ¡Oh no! La peor parte de la noche las malas experiencias pasadas había formado en ella un rechazo a bailar, algunos malos bailarines con quien casi pierde la habilidad de caminar, por un fuerte pisotón. Esta vez no bailare con nadie, ni aunque fuese el propio Rey de Inglaterra...

-Lady Bridget ¿Me concede el primer baile de la noche?- pregunto Lord Avery ¡No le he visto venir! Vaya que soy despistada se reprocho- Lo Lamento decirle milord que me encuentro…

-Claro que ira Avery sería una excelente idea ella se encuentra bien dispuesta, no es así Brie- James sabía lo que se proponía y no la dejaría salirse con la suya ¡Maldito James! lo miro con enfado y él respondió con su típica sonrisa ladeada era imposible resistírsele, se mordió el labio.

-Si milord es una excelente idea- murmuro entre dientes, aceptando el brazo que Lord Avery le ofreció, él no era tan repulsivo era un hombre atractivo tenia cierto encanto, pero ella simplemente no deseaba bailar y aunque la obligarán a hacerlo no podía reprochar, bajó sus defensas por esa sonrisa ¡Lo Odio! Los músicos afinaron sus instrumentos y la pareja se colocó en su puesto, sonaron las primeras notas y el baile dio inicio.

Lord Avery no era tan mal bailarín, a pesar de sus desafortunados encuentros con el hijo de Lady Milford, ¡Maldito fuera! La había dejado con los pies hinchados de tantos pisotones y todo porque Margie accedía a que bailaran, el resto del baile siguió sin problemas Brie bailó más de una vez en toda la velada y el vals cada vez era más cerca ¡Oh dios mío! Que no aparezca Lady Milford rogaba en sus adentros, era casi costumbre que le pidiera el último vals.

El ultimo compas del segundo vals termino y el grupo se disperso, Brie agradeció el baile con Lord Stewart y busco su ancla de salvación, pero su mirada se topó con Lady Milford y venía hacia ella ¡James donde estas! gimió con desesperación, era el ultimo baile y definitivamente no lo quería con ese torpe muchacho y entre un grupo de personas frente a un par de sofás lo vio, su alivio fue mayúsculo y apresuro su paso hacia él.

James sintió una sensación extraña, busco entre el salón el lugar de su procedencia hasta que la encontró caminando hacia él, bueno, casi corriendo en su rostro veía angustia y desesperación. Se disculpo con los conversadores avanzo para encontrársela, diviso detrás de ella a Lady Milford siguiéndole el paso con las mejillas coloradas ¿Porque la seguía?

-¡James!- Exhalo aliviada al tenerlo de cerca y aferro sus brazos, como buscando salvación, él seguía confundido.

-Lord Tortworth, a usted quería verlo- a Brie le recorrió un escalofrío de anticipación- quería pedirle el permiso para que su… - carraspeo - A Lady Bridget bailara con mi hijo- Brie continuo de espaldas hacia Lady Milford dirigió su mirada a Lord James, entonces él comprendió lo que ocurría ¡Qué Diantres te hecho ese idiota! Le dijo con la mirada ¿Acaso ese era su instinto protector? una sensación de cólera subía desde su pecho, Bridget clavo la mirada en él ¿Tenía miedo? Miro a Lady Milford quien esperaba ansiosa la respuesta- Lo lamento milady pero le he pedido este último baile a Lady Bridget- respondió solemne y aunque intento componerse del enojo su voz resulto demasiado firme, por su parte Brie suspiro aliviada Lady Milford asintió con resignación, se inclinó con propiedad y emprendió su retorno.

¡Bailar, yo! pero cuanto tenía de no hacerlo ¡Años! Y nada menos que un vals- Gracias milord- susurro, sus manos temblaban dio otro suspiro y soltó las mangas del saco de James ¿Milord? ¿Y dando las gracias?


De regreso en el carruaje Brie se recostó en el asiento frente a él y bostezo del cansancio, pobrecilla, había bailado en toda la velada al menos unas siete u ocho veces, de nuevo regreso a su mente el episodio con Lady Milford.

-Brie, ¿Te ha hecho algo el hijo de Lady Avery? – Bridget se estremeció solo de recordar lo acontecido.

-De nada me sirve no contárselo- suspiro resignada y continuo-Es una larga historia que comenzó desde que hice mi presentación. Margie me presento con sus amistades, sus hijos y nietos. Lady Avery es una de ellas y tiene la mala costumbre de creer que su hijo Lord Stanley Avery es el mejor partido para mí. Ella está pendiente de cada baile al que asisto lo cual es un poco psicópata si me atrevo a decir, el joven no es malo es más bien torpe. Cada vez que bailo con él tengo la probabilidad de perder mis pies por completo- James no pudo evitar lanzar una carcajadas- ¡De que se ríe! No le estoy contando un chiste- exclamó disgustada, James rió con más fuerza pero por mucho que intento reprimirlo no lo logro y se unió a él en risas.

-Bueno, eso lo explica todo- comento intentando recobrar compostura- Un placer servirte de escudo Brie, cuando quieras protegerte del monstruo de dos pies izquierdos no dudes en acudir a mí- continuaron riendo hasta lo que sus estomago les permitiera. Brie acerco el rostro a la ventana, para dejar que la brisa nocturna mermara su azoramiento, reír la había dejado más acalorada de lo que se encontraba, pero no podía negar que esta velada la disfrutó más ninguna otra en su vida. Bailar con James había sido la mejor y  más perturbadora experiencia jamás vivida. James la observo mientras ella apoyaba el mentón en la mano cuyo codo se sostenía en el marco de la ventana, la luna le iluminaba su precioso rostro como un claro-oscuro de Caravaggio, como una diosa bajo la luz nocturna, la imagino en la cubierta del Golden Nymph con su melena castaña ondeando con el viento marino y dio un largo suspiro. Como si se sintiera observada ella se giro y sus miradas se encontraron, era imposible aparta la vista de él, su corazón dio un vuelco, la tenue luz lo dejaba casi en penumbra pero sus ojos brillaban. Brillaban en medio de la escasa luz, como dos estrellas en un cielo despejado, el carruaje se detuvo y rompió la conexión entre ambos.



***
Los dos días siguientes pasaron más rápido que el péndulo de un reloj y el día de la partida sería al siguiente, James había pedido a su tripulación demorar un poco más, necesitaba disfrutar su último en paz sin molestias, pero cierta niña rebelde no lo dejaba tranquilo, de una u otra manera siempre lograba encontrársela y ella le insistía la absurda idea de llevarla a alta mar, sin que alguien notara su presencia dentro de la casa avanzó hasta la cuadrilla por un caballo, ansiaba la acción y el constante ocio por momentos lo fastidiaba, lo hacía sentir infructuoso.

Cabalgo por el bosque de Tortworth a toda la velocidad permitida por el equino y luego de veinte minutos transcurridos llego a la laguna cristalina de Gall. Desmonto, dejo caer su saco, luego el chaleco, se libero del pañuelo y apoyo su peso contra el árbol más cercano. Dejo su mente en blanco, cerró los ojos y escucho el leve murmullo de los arboles a su alrededor. Necesito salir de aquí esto me está cansando, no sé si la tranquilidad es lo que busco luego de tantos años. Numerosos días de aventuras que había vivido, tantos momentos en el que su vida estuvo en riesgo, aun no tenia en claro si deseaba seguir o volverse un lord mezquino y despilfarrar su dinero hasta morir de aburrimiento. Se incorporo y camino hacia la orilla pero un ruido lo detuvo a unos cinco metros de distancia, las hojas de unos arbustos rompieron el silencio James alerto sus sentidos, no es normal que en estos prados hubieran lobos a lo mucho un cervatillo o una mapache, pero definitivamente era algo más grande que eso.

Brie no soportaba pasar encerrada en su habitación, el día prometía lluvia pues el cielo encapotado cubría todo Tortworth Fields. ¡Una aventura! fue lo primero que paso por su mente y sin detenerse a pensar en las consecuencias tomo su canastilla, los guantes para jardinería, la tijera y bajo con cautela a modo de no ser vista in fraganti en el acto. Al salir al jardín dio un suspiro de alivio y emprendió viaje hace la laguna. Ya hacia bastantes días que no salía de incognito a cortar bayas silvestres cerca de Gall Pound y definitivamente hoy era un buen día para hacerlo, camino más a prisa pero a lo lejos la silueta de Rupert empujando la carretilla la alarmo y termino huyendo aterrada ella no quería ser descubierta, se adentró en el bosque ella no disminuyo el paso sino que atravesó con gran velocidad las arboledas, una sensación de regocijo la lleno de felicidad y con una enorme sonrisa en sus labios continuo el trayecto hacia la laguna.
El movimiento de las hojas era más turbulento y James continúo petrificado a la espera de encontrarse con algún animal salvaje.


¡Pero si que habían muchísimas! la felicidad iluminaba su rostro  por cada arbusto que removía con entusiasmo, pero al dar un paso hacia atrás tropezó con una raíz y con un grito cayo de senton y la risa estallo de su interior -¡Pero qué tonta he sido!- exclamo entre risas. El relincho del caballo la hizo detenerse en seco y al buscar la proveniencia del sonido lo vio, ¡Que dios se apiadara de su alma! Había sido descubierta… Y por James.

James se quedo sin habla, al verla salir entre las arbustos precipitándose al suelo eso lo dejo estupefacto. Y ahí estaba ella con el cabello suelto enredado y cubierto de hojas, la falda desgarrada, la canasta con todo su contenido en el suelo ¿Bayas? Pero su risa lo dejo sin aliento ¡Maldición! se veía radiante como si fuese una hada del bosque y su hábitat fuera el  bosque encantado Tortworth Fields, cuando ella se hubo percatado de su presencia su rostro se transformó en pánico, se miraron sin decirse ni una palabra ¡Pero como se le ocurre con este tiempo salir así! Acaso no sabe cuidar de sí misma.

-¿Que se supone que haces Brie?- preguntó, Bridget hizo caso omiso de la pregunta, hizo el ánimo de levantarse, pero unos brazos firmes la halaron hasta estar de nuevo de pie ¿Pero como vino tan rápido? - ¿Te encuentras bien? ¿No te has lastimado?- pregunto, ella no respondió -¡Es que no piensas decirme nada!- la zarandeo.

-Estoy bien puedo arreglármelas sola ahora que estoy de pie, gracias-  James no la soltó, sino que comenzó a retirarle las hojas de su rebelde cabello y ella se  dejo hacerlo, al principio lo hizo con esmero para luego terminar retirando con delicadeza una que otra ramita, sintió un cosquillo por el cuello cuando el retiro otra hoja. Ahora se comporta como un padre suspiro resignada,  se encontraron sus miradas ¿Acaso estaba preocupado por mi? la mano se detuvo en un mechón que caía sobre la mejilla y lo enrollo en su dedo, Brie se sentía incomoda. Esa mirada…

James carraspeo bajando de las nubes, realmente había querido besarla, aun sentía un enorme deseo de hacerlo pero la razón se interpuso a ese deseo la soltó y como si esto fuera poco la lluvia comenzó a caer, ambos corrieron a resguardarse bajo el árbol donde el caballo descansaba.

-Es que nunca puedo tener un día tranquilo- reprocho James.

-Tengo la mala costumbre de atraer problemas milord- contesto Bridget, a lo cual James respondió con una sonrisa.