viernes, 25 de enero de 2013

Los Secretos del Mar - Capitulo 2


CAPITULO 2




“La debilidad de un hombre enamorado, es el silencioso llanto de una mujer y un gemido de placer”
Lord James Tortworth

-Espero que todo salga bien en tu empresa, hijo- Lady Margie no pudo evitar un leve sollozo- ojala vuelvas para navidad, no quiero sentirme tan sola.
-Haré lo posible tía- le beso la frente con ternura y emprendió marcha hacia el carruaje.
-¡Milly apresúrate o se irá sin que pueda alcanzarlo!
-Pero señorita Brie esto es una locura ¡Como se le ocurre!
-Tonterías Milly nadie me detendrá de mi destino- Bridget ya lo había planeado todo, saldría por la puerta de servicio y se subiría al carruaje antes que él y se escondería en el baúl de su propia ropa. Este plan no puede fallar pensó.
-Ya he terminado milady em… señorita Brie.
-Vamos Milly llévale este baúl a Bob, dile que es de Lord James y que salió de última hora, ¡Vamos Milly hazlo!- Milly no podía reprochar era su ama, empujo el baúl hacia la puerta del dormitorio de su señor.
-Bridget tomo su maleta y salió con sigilo, con temor camino por el pasillo y bajo la escalera principal, entró a la cocina. Gracias a dios que todos están despidiéndose de él, al haber salido por la puerta de servicio continuo su camino hasta que llego a la cuadrilla donde Bob terminaba de ordenar el equipaje, dentro del carruaje retiro uno de los asientos y en vez de ello coloco el baúl para luego cubrirlo con los cojines, cerro la portezuela y se fue, Brie que lo había observado desde la puerta entreabierta huyó hacia un costado de la cuadrilla y cuando Bob se hubo marchado ella entro y realizo la operación para acomodarse dentro de baúl.
¿Porque Bridget no había bajado? Acaso odiaba las despedidas o estaba resentida por rechazar su descabellada idea. El carruaje dio un brusco salto –¡Ea! Ten cuidado con los baches Dovery - Brie tenía ganas de vomitar, el movimiento de carruaje le retorcía el estomago ¡Oh buen dios! Que no me descubra hasta que llegue al barco rezo con fervor, de nuevo otro salto -¡Ouch!- ese si había dolido.
-¡Pero que diantes…!- maldijo James quien al oír un suave grito, se imagino quien era la que se había quejado, el carruaje salto de nuevo y se escucho otro quejido, James busco su origen revisando de arriba abajo la cabina, de pronto vio que el asiento frente a él era más bajo y más ancho de lo que recordaba- ¡Oh dios! Esto no puede ser cierto- exclamo con horror, retiro los cojines y descubrió el baúl, hubo un nuevo salto seguido de otro quejido ¡Oh dios me ha descubierto! James no podía estar más impresionado al abrir la tapa y encontrarse con Bridget hecha un ovillo- ¡Pero qué demonios estás haciendo ahí! ¡Esto es el colmo!- la saco del baúl tirando de ella con fuerza, estaba ardiendo en cólera -¡Dovery detén el carruaje!
-¡No James, no!- grito desesperada - ¡Por Favor, te lo suplico!- James cayo de sentón con las piernas abiertas sobre el asiento al detenerse el carruaje – Por favor necesito ir contigo, te lo ruego ¡No! Te lo suplico de rodillas si así lo prefieres- se arrodillo y se instalo entre sus piernas, James se aferro al asiento la situación se estaba haciendo demasiado…intima- Por favor, necesito libertad, tantos años viviendo como nunca lo fui de niña, permíteme cumplir el último deseo de mi padre- ella se aferro a sus rodillas y el corazón comenzó a latirle a mil por hora, las lagrimas caían amargas sobre su dulce rostro- Por favor, déjame cumplir mi sueño.
-Ocurre algo milord.
-¡Vete Dovery! ¡Largo!- le grito desesperado, lo último que quería era ser encontrado en esa escena por él.
-E…está bien, milord.
-Por favor- susurro, eso derrumbo sus defensas se inclino hacía adelante la aferro del cuello y ella levanto su rostro- ¡Dios! Deja de llorar-suplico en silencio, se sintió un idiota y la miro a los ojos, odiaba verla así. Y perdiendo lo último que quedaba del pensamiento la beso.
Al principio fue con desesperación, luego se suavizo ¡Dios! Deseaba calmarla, consolarla y nunca separarse de ella, movió sus labios sobre los de ella y se sintió torpe e inexperto, ella respondió automáticamente entreabriendo los labios permitiendo así profundizar el beso, James estaba dejándose caer al abismo que ella le había provocado y él deseaba ir más allá, deseaba… ¡No! eso era imposible, se separo agitado y respirando con dificultad al igual que ella ¡Diablos! Estaba alterado al punto de haber cedido a más, negó con la cabeza reprochando su falta de control y volvió a reclinarse en el asiento, Brie poco a poco cayó en la realidad ¡Lo había besado!
Luego de un incomodo silencio James dio lanzo un suspiro resignado y le pidió a Dovery que emprendiera macha hacia el Golden Nymph y por primera vez, luego de tanto hacerla rogar acepto llevarla en el viaje. Estoy cometiendo la mayor tontería de mi vida…
El Golden Nymph estaba listo para partir, los marinero se movían sin descanso sobre cubierta, James guio a Brie hasta la cabina del capitán.
-¿Por qué le dicen Capitán y no milord?
-Porque soy el dueño del barco y yo dirijo la flota a donde me plazca- ¡Dios! está enojado, al entrar a la cabina la soltó con el propósito de escribirle una carta a tía Margie, no podía dejarla preocupada de no encontrar a Bridget en la mansión. La llevaría a Francia, Italia y la regresaría a Bristol no sería por mucho tiempo.
-Capitán, ¿interrumpo?
-No Robert, entra estoy terminando una carta a tia Margie- el desconocido hombre entró en la cabina, al ver a Bridget se paró en seco-Ella es Lady Bridget, Rob y nos deleitara con su presencia en este viaje- comento con sarcasmo adivinó el pensamiento de su camarada.
-Un placer conocerla milady, mi nombre es Roberto Navarro primer oficial de este barco, perdone usted si soy demasiado directo pero ¿Qué hace en este barco?- pregunto Robert un español de 40 años, fornido, alto, tostado por el sol, la edad empezaba a cubrir su facciones pero no era feo, tenía un atractivo inusual.
-Rob tu pregunta es demasiado directa, no la molestes por favor.
-Si necesita ayuda en algo no dude en llamarme Rob si lo prefiere milady- dijo con amabilidad, Brie se limito a asentir y él esbozo una sonrisa antes de salir por donde vino.
-Quédate acá Brie y no salgas, vuelvo en un momento- diciendo esto la dejo encerrada en la cabina del capitán, ella se detuvo a admirar su interior la madera de caoba le daba un aspecto refinado, el escritorio tallado en madera de cedro color verde y negro, en el centro de la habitación, a su derecha una enorme cama con dosel del mismo tono que el escritorio, a un lado de este una palangana sobre un pequeño tocador y un biombo oriental “Ese debe ser un vestidor” a su izquierda 5 baúles y una mesa con dos sillas.
-Que mosca del África te ha picado James, porque has traído a tu rebelde problema al barco.
-Si tan solo supieras como fue que accedí hasta tú lo hubieses hecho- dijo con resignación- me ha suplicado de rodillas Rob, se hinco ante mí… fue un momento de debilidad pero no puedo retractarme, le dicho que si- estaba enojado consigo aun no podía cree que la hubiera dejado viajar.
-¡Tú, debilitado por una mujer!...
-¡Cállate idiota! No lo grites- Rob no pudo evitar lanzar una carcajada al cielo- pero solo la llevaré hasta Italia, tendremos que desviarnos y el barco tendrá que seguir de incognito hasta que ella regrese a Bristol.
-Has pensado en todo amigo mío.
-Es lo mejor que puedo hacer, no vayas a decirle nada si ella llega enterarse estaré perdido y tía Margaret no me vera con los mismo ojos, pongo en riesgo mucho al traerla.
-Tu vida ha tenido miles de riesgos James y siempre has salido bien parado. Pero está bien no le diré nada, tu secreto no será revelado- le guiño el ojo con simpatía- Pero ¡Que un demonio me lleve! ¿Esa no es tu rebelde niña?- y efectivamente, Brie era la que subía por el aparejo con gran torpeza, la tripulación dejo de hacer sus labores y la observo con total asombro por la audacia que manifestaba James sintió terror, si daba un mal paso terminaría en fondo nadando con los peces.
-¡Por todos los demonios del infierno Brie! ¡Qué demonios haces!- Brie se detuvo instantáneamente al escucharlo, James corrió hasta donde ella seguido por toda la tripulación, la imito hasta alcanzarla y la tomo de la cintura-¡Por qué demonios eres tan idiota! no vez el riesgo en el que te metes.
-¡Pero es que yo…! Solo quería…
-No digas más que no vale la pena- suspiro y descendieron del aparejo, si que había sido audaz al subir en su afán de aventuras y si que esta sería una, la única que marcaría su vida quizás para siempre.
-Caballeros les presento a la rebelde pupila de mi tía, Lady Bridget.

***
Luego de una semana de viaje el Golden Nymph atraco en Dunkerque, Francia, uno de los puertos más jóvenes en el intercambio comercial y el  único en poseer un clima no tan caluroso. Cientos de barcos a su alrededor dispuestos para la venta de las más finas telas, especias, materiales de diversas formas y tamaños. La mejor época del año en la que se obtenían los mejores recursos apenas daba inicio. Brie caminando junto a James y Robert veía fascinada los locales vendiendo e intercambiando la mejor calidad de productos, variedades sin fin de tabernas y hostales bordeando la calle principal, miles de dialectos mezclados entre sí elevando un murmullo que chocaba junto a las olas del mar. James no pudo evitar preocuparse, ponía en riesgo su barco junto con la tripulación y a Brie. Las experiencias pasadas lo habían hecho abstenerse de filtrarse de incognito, por lo cual René Chalíer le había pedido reunirse con él en la taberna Bleu Astre con urgencia.
-James ¿Iremos a Versalles? Siempre he querido conocer ese lugar, dicen que el palacio es impresionante, Lady Mounthaw comento sobre las famosas fiestas de disfraces de María Antonieta y…
-No estarás pensando en que te llevaré a una de ellas Brie, no tengo tiempo de socializar vengo por negocios, negocios que no debes de descubrir pensó para sí -Además partiremos en pocos días.
-Eres un hombre muy aburrido James - No tienes ni idea de nada Brie - tienes más libertades que una mujer y prefieres limitarte a formalidades – Si tan solo supieras- hay toda una vida por delante llena aventuras a cada paso… Y me lo dices a mí.
-Y usted es una mujer de carácter irritable Lady Bridget – guiño perspicaz Rob.
-Cállate Rob.
-¡Los dos son un fastidio! – ambos comenzaron a reírse.
-Rob espero que le hallas enviado a Madam Angelique la carta que te di.
- Lo hice inmediatamente después de haberla recibido de tus manos amigo mío – la sonrisa de Robert era cálida, la amistad entre ellos era la prueba palpable de una sincera hermandad. Las aventuras que ambos vivieron desde su infancia los hacía inseparables.
Continuaron caminando por el puerto hasta hallar un carruaje que los condujese a la posada, Madam Angelique.


-Milord, que felicidad verlo de nouveau en France – extendió su mano ante él
-He dispuesto deux chambres como me lo pidió, me alegro verlo de nuevo Robert.
-Encantado de verla Madam – se inclino para besar los nudillos de la pomposa mujer – ¿Posee usted algún cuarto extra disponible para nosotros? Traigo una invitada extra, ella es lady Bridget- extendió su brazo hacia Bridget, ella avanzó hasta él.
-Lamento informarle que hoy tengo atestado de huéspedes l’auberge.
-No te preocupes por mí James, cualquier lugar cómodo me sirve de lecho.
-Entonces Rob colgarás tu hamaca en mi cuarto, Brie dormirá en la habitación contigua.
-Y, Madmoiselle Bridget ¿Viene usted con su dama de compañía?- Brie negó con la cabeza, a lo cual Madam Angelique respondió con una sonrisa sugerente- las deux chambres están conectadas con una puerta milord – los tres se miraron entre sí con obvia incomodidad - los llevaré enseguida, acompáñenme sin no es molestia.


Esa noche Brie intentaba sin éxito, colocarse el corsé, las cintas se le enredaban entre sus dedos ¡Detesto esta ropa! – Intento por cuarta vez enhebrar la cinta en el ojal y no lo consiguió – el llamado a la puerta interconectada la desvió de su atención.
-¿Será posible que me dijeras si bajarás a cenar?- pregunto James al otro de la puerta.
-Podrías esperar un momento más- contesto retomando su tarea ¿Por qué no habían corsés con las cintas hacia adelante?
-¿Te sientes indispuesta? ¿Has ingerido algo que te sentara mal?
-Ninguna de las dos- contesto al mismo tiempo que jadeaba desesperada por apretar los ojales con la cinta- espera un momento más.
-Me estas preocupando, llevas media hora diciéndome lo mismo porque no abre, ¡Maldita sea Brie! ¡Si vuelves a decir “espera un momento más” por décima vez, no dudare en derribar esta puerta!- ¡Dios no! No quería ser descubierta por él vestida así, busco su bata de dormir se la amoldó a su cuerpo y camino hacia la puerta.
-¿Me dirás ahora, qué ocurre? Le pregunto cuando hubo entreabierto la puerta dejando ver solo su sonrojado rostro. Apoyó sus manos en el resquicio de la puerta estaba acalorada de tanto esforzarse inútilmente en colocarse un simple corsé- ¡Dios! ¿Tienes fiebre?
-No es eso- contesto en voz baja, se ruborizó con mayor intensidad – no puedo… no puedo…no puedo…- dudo en decirle algo tan vergonzoso – no puedo colocarme el corsé.  James abrió la boca de golpe y la cerro de inmediato, la miro a los ojos y se le aceleró el corazón – ¿podrías ayudarme? – preguntó susurrando débilmente, James trago grueso.
- Em…Yo…- se aflojo el pañuelo de cuello unos cuantos centímetros.
-¿Ocurre algo?- Preguntó Roberto detrás de James.
-Nada grave supongo… -carraspeo - Permíteme un momento Rob- y diciendo esto entró en la habitación.
Brie camino hasta el armario abierto de par en par seguido de James. Aferró sus brazos sobre el pecho y bajo su mirada hacia el suelo, James noto que estaba completamente en ropa interior solo cubierta por la fina bata de dormir ¡Dios! Su cabello suelto largo le cubría hasta el pecho, se veía hermosa le estrujaba el corazón. Ella levanto la vista hacia él, seguía enrojecida, James sentía más calor de lo normal, la sangre latía a mil por hora e intento recuperar la compostura. Solo la voy a ayudar, solo eso. Solo esta vez, no puedo dejar que las emociones me controlen se dijo.
-Date la vuelta Brie- había firmeza de su voz y ella obedeció, dejo de aferrarse a sus brazos colocándolos a los costados y esperó. James se adelanto hasta tenerla a una distancia prudencial, sus manos temblaban cuando tiro de las solapas de la bata de Brie, ella levanto su cabeza al mismo tiempo que la bata caía a la altura de la cintura ella retiro de las mangas los brazos, dejando al descubierto la camisola de lana y el corsé completo, intento reprimir el deseo de tocarla, empujo la larga cabellera hacia el hombro derecho. Estaba excitado ¡Demonios! Se sentía como un joven de 15 años en su primera vez actuando de esta manera ¿Que le pasaba? Y deberás que no podía ella sola, las cintas del corsé eran un solo enredo, pasaron varios minutos en silencio total hasta que logro soltar las cintas.
-¿Tienes de donde aferrarte?- ella asintió apoyo sus manos en la pared y el tiró de las cintas moderando su fuerza, Brie jadeo lo que a él le provocó una ola de calor le recorriendo desde el vientre hasta el pecho - ¿Te he hecho daño?-  preguntó con voz entrecortada, ella negó - Listo - suspiro aliviado de haber terminado esa tortura. Alejo las manos lo más lejos posible de Brie.
-Gracias James - contesto en voz baja, James se tensó de nuevo.
-Termina…termina de vestirte Brie- y diciendo esto salió apresurado de la habitación sin esperar que hablará. Cuando cerró la puerta se apoyo en ella jadeando, había reprimido todo deseo posible por no hacer ni tocar nada, sí que lo había alterado como ninguna otra, aquella caprichosa niña pecosa de doce años se había convertido en una hechizante y atractiva mujer. Cerró los ojos y controlo su respiración, al parecer Rob se cansó de esperar ¿Cuánto tiempo había pasado? Diez, veinte o treinta minutos el no tenía ni idea, pero no le importaba. De una manera u otra él tenía que calmar sus impulsos, no podía tener sentimiento por ella, nunca se había permitido eso con una mujer no volverá a ocurrir, no volverá a pasar esto. Él juró hace años no hacerlo no amar para terminar perdiendo de nuevo, era hombre adulto y aun tenía mucho por vivir, nunca deseo reprimirse en una casa criando mocosos, navegar era su vida y la única que tendría.

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