domingo, 10 de marzo de 2013

Los Secretos del Mar - Capitulo 4 (parte I)


“La intuición de una mujer es más letal que una daga, una mujer intuitiva es simplemente atractiva”
Lord James Tortworth
(Parte I)
El Golden Nymph llevaba 10 días navegando en aguas profundas, Génova era su siguiente parada. El calor del mediterráneo cada vez imposibilitaba un viaje en el tiempo planeado, toda la tripulación al borde de la desesperación se aferraba a su único entretenimiento: Los dados del pirata. Pero a pesar de ello Brie era la única persona que sonreía, aún recordando aquel día en Los Palmones…

-Kent ayúdeme ahí viene- estaba nerviosa sabía muy bien lo que se había propuesto a hacer, estaba desesperada y necesitaba aprovechar el momento. A lo lejos James tranquilamente avanzaba. Brie no espero que Kent se adelantara. – Está haciendo un calor horrible Kent, puede ayudarme si es tan amable – le ofreció su infame abanico poseedor de secretos que solo ella guardaba para sí cada vez que necesitaba esconder su descarados pensamientos. Kent lo acepto abriéndolo con inexperiencia y comenzó a abanicarla con delicadeza.

James se detuvo en seco al ver la escena de la despreocupada Brie siendo abanicada por el “señor Kent”, sus expresiones decían mucho. Sus entrañas recibieron el golpe de la ira, revolviendo con incomodidad todo su interior, apretó sus puños intentando controlarse. Respiro controlando su rabia lo más de lo que su mente le permitiera, intentando en el fondo de su pensamiento no se cegase por el sentimiento que corroía dentro de sí. Rob lo sostuvo del brazo al verle el rostro, era demasiado evidente el sentimiento que proyectaba. Su autocontrol fue derribado al verla apoyarse levemente en el nombro de él y con toda la furia desatada se acerco donde la “parejita” se encontraba. Kent se levanto de golpe al verlo venir hecho un tornado hacia donde ellos, Brie no movió ni un musculo preparándose para el impacto. Esperó paciente sin mostrar emociones sabía que él estaba encolerizado, su rostro no sabe esconder sus sentimientos.

-Si ya terminaste con tu numerito Brie es hora de marcharnos – Su voz era grave conteniendo al máximo la cólera. –Aun no he terminado James, sigo teniendo calor – contesto con aire de indiferencia. Hizo caso omiso de su respuesta tomándola con fuerza del brazo. Brie se mantuvo neutra negándose a quejarse del dolor ante la brusca presión ejercida por su potente brazo. – Estoy afirmándote que es hora de marcharnos – intento reprimir sus emociones a proporciones gigantescas, no quería causar un show en pleno muelle.

***

-Se puede saber cómo se te ocurre comportarte así ¡En plena calle! Como una… como una…

-Como una cualquiera James, eso quieres decir. Como una que se deja hacer de todo- Contesto enfadada. Se atrevía a decirle en la cara algo tan despreciable, eso no era digno de dejarse pasar por alto. – Tienes idea de lo estúpida que te veías montando una escena como esa coqueteando vulgarmente con un hombre que no te esta cortejando – No entendía, no comprendía como ella con su posición como dama, obligara a cualquiera a dejarse manipular por ella. Se paseo dentro de la cabina con evidente preocupación, la reputación de ella es más frágil que la seda en un rosal espinoso, un leve tirón y se desgarra. – Crees que no sé el verdadero motivo de tu actitud hacia mí desde que toque puerto en Bristol.

-Odio que te preocupes más por mi reputación que por acercarte a mí y por ignorarme ¡Dios! Como odio que lo hagas.

-Es que tú no entiendes ¡Maldición! No entiendes las situaciones que me haces pasar – se meso el cabello con desesperación. Lo estaba sacando de sus cabales, temía por ella. – ¿Acaso estas celoso James? – Se detuvo instantáneamente, la miro con desconcierto. - ¿Qué? – Fue lo único que consiguió decir. Tomándola por sorpresa la contramino bruscamente en la pared, pegada a la puerta de acceso a la cabina. Brie sintió aprehensión en el instante en que sintió su mirada cargada de furia, lo vio batallar contra sus sentimientos – Eso era lo que querías verdad Bridget, celarme – Le respondió casi escupiendo con asco las palabras – No soy tan débil e idiota para tener ese sentimiento tan superficial e inmaduro – Frio totalmente frio. La mirada cargada de odio, solo expresaba rechazo. Porque tenía que verse tan odiosamente atractivo, su mirada exudaba soberbia, arrogancia. Hipnotizada Brie sintió el calor que emanaba de su cuerpo, un escalofrío recorrió su espalda marcándole como una llama caliente cada fibra de su piel, haciendo correr a millas por hora su corazón. Comenzó a respirar agitada, James sintió su energía como un imán terriblemente irresistible, acelerando más su agitado corazón. Brie hizo lo único que hace días había rogado por tener, y  rindiéndose a sus sentimientos tomo el rostro entre sus manos y lo beso.
Si. Si que recordaba cada momento, respondió de inmediato a su caricia. La sensual batalla que ambos luchaban por sobrevivir, los hundió de inmediato en las aguas del deseo. James perdió todo rastro de lo poco de conciencia que le quedaba al momento de sentirla sobre sus labios, atrevida, audaz. Pego más su cuerpo con el de ella contraminándola contra la pared, poso la mano sobre su mejilla acercándola más, queriendo sentirla con una desesperación igual o peor que un viajante del desierto sirio en busca de agua bajo sol del mediodía, sorbió del ella cual agua del oasis. Brie dejo caer sus brazos dejando cuerpo disfrutar de cada contacto, apoyo sus manos en el torso esculpido permitiendo fundirse en el con mayor alcance. James bajo una mano hacia la cadera y con suavidad recorrió su muslo a través de las molestas capas de falda tomando con firmeza por debajo de la rodilla, y elevándola para mayor acceso al dobladillo…

-¡Capitán! – El grito los hizo bajar de la estratosfera, James bruscamente se separo de ella, caminando con torpeza hacia atrás sin dejar de verla. Miedo en sus ojos había miedo. Brie no se movió de su apoyo por temor a perder el equilibrio. Lo vio cubrirse el rostro con las dos manos mientras maldecía en susurros.- ¡Capitán!  - Se oyó por segunda vez. James levanto su vista y una vez recuperada su compostura, salió.

-¡Brie! – La llamo Rob por segunda vez, despertándola del sensual sueño revivido que se fundía en su mente – Brie el sol está demasiado fuerte, será mejor que entre a la cabina o su piel se dañará.

-A estas alturas del viaje Rob, mi piel es lo menos importante – Rob no pregunto el motivo de su respuesta. Sabía perfectamente la situación que la llevo a comportarse como si nada importara. Esquino una sonrisa. – Eres una pilluela pequeña Brie, hasta que al fin lograste doblegar a James por primera vez. Brie sonrió con satisfacción. Recorrió con la mirada el barco hasta detenerla en él, quien desde cubierta dirigía al marinero cerca del nido de cuervo. A pocos metros Patrick, Little Burke y Twiggle mantenían una partida de dados.

– ¡Capitan! Venga uste’ échese una partida con nosotro’ así como a los viejos tiempos- Dijo Burke. James mantenía la vista fija en el mástil mayor mientras Terrence maniobraba con afán empujando una serie de cuerdas para sujetar la vela. – Tal vez después Burke. ¡Terrence, asegura bien esa cuerda a la percha mayor! Tendremos que navegar a palo seco mientras no tengamos vientos alisios. – ¡Si Capitán! – contesto.

-No te caería nada mal un poco de distracción – le comento Rob. – ¿Porque tendría que hacerlo Rob?
– Lo necesitas, o crees que después de pasar dos semanas en barco durmiendo en esa maldita y cutre hamaca te dejara como flor en primavera – miro significativamente hacia donde Brie se encontraba. James Suspiro – Esta bien Burke, creo que jugare ahora – con resignación movió una caja y la acerco junto a los demás, Twiggle le ofreció sus dados y el tarro. Se sentó frente a Patrick, Burke preparo los dados y ofreció la primera apuesta, los demás le imitaron. Al mismo instante todos levantaron sus tarros para verificar el contenido.

-¡Gano Patrick! – Anuncio. Un gruñido de reprobación se oyó alrededor.

Jugaron por segunda vez. Perdió. Por tercera vez y perdió. La cuarta vez, estuvo a punto de ganar, los jugadores murmuraron tensos. El resto de los tripulantes interesados en juego fueron acercándose. – ¡Brie! Ven acá, esto esta interesante – Le grito Rob. James contuvo la respiración al oir su nombre. Brie llego al poco rato y se integro al grupo. – Siéntate acá Brie – le dijo Rob acercándole una caja y colocándola a la par de James ¡Maldito seas Rob! Reprocho en silencio.

Jugaron por quinta vez, James perdió de nuevo ¡Maldición! Una vez más, y perdió. Esto estaba mal, James siempre ganaba y hacía alarde de su capacidad. Pero hoy estaba perdiendo Rob observo con atención a James y tras unos minutos hallo la solución. – James no estás teniendo suerte hoy – afirmo – tal vez necesites algo de suerte no es así – Los demás a su alrededor asintieron, James se puso rígido. – Él necesita el soplo de la suerte, no es así – los marineros volvieron a asentir. James se quedó sin respiración, la mirada de Rob lo decía todo. Miro a Brie de reojo y la vio ensimismada, parecía que intentara descifrar el juego. Tonta, ni siquiera se percataba de la indirecta. – Pequeña Brie – dijo sin más preámbulo – James necesita tu soplo de suerte – Los demás apoyaron la idea murmurando aprobación. Brie asombrada lo observo a todos Twiggle intentaba esconder su sonrisa de complicidad. Patrick estaba observando con interés a James. Y James al ver su mirada no necesito palabras, curvo una sonrisa con picardía. – Esta bien – contesto sin dejar de sonreír y acerco lentamente sus labios hacia la mano fuertemente apretada, aferrándose a los dados. Brie se acerco más, el público miraba con expectación. James se tensó su cuerpo no respondía, tenía el deseo de desviar esos labios hacia los suyos con tanta fuerza. Apretó más su puño. Porque demonios la seguía viendo tan condenadamente irresistible. Brie soplo suavemente haciendo que James reaccionara con el placer de un escalofrió por su espalda. Metió los dados en el tarro. Agito. Volcó el tarro, el resto lo imito y él gano la partida.

-Se acabo el juego – dijo bruscamente, levantándose de golpe haciendo tambalear la mesa del juego. Brie lo observo mientras él se encaminaba a la cabina de navegación y decidió seguirlo.

***

Después de dos largos meses su última parada le daba la bienvenida. Génova, uno de los puertos más importantes de Venecia, respiraba el cálido clima de verano. La cuaresma en pocos días se llevaría a cabo, un día ideal para terminar lo que luego de tantos años buscaba venganza.

  -Entonces tu plan James, es ¿Colarte por la casa del Dux? ¿Acaso os habéis vuelto loco? – James esquino una sonrisa. – Exactamente Rob, creo que he sido muy claro en ese punto. El Dux Renier sabe dónde está el escondite de Ettore, solo tengo que entrar a su estudio, tomar ese mapa y nos vamos de ahí - el plan no puede fallar pensó. – ¿Y qué harás con Brie? dejarla con estos mamarrachos de cuarta – Buen punto. No podía dejarla acá, pero llevarla sería muy arriesgado. – Tendrás que llevarla James, quieras o no – James bufó. – Que otra cosa me queda. Tendré que llevarla –. Camino hacía su dormitorio, ahora apropiado por una testaruda mujer. En el camino medito la idea de si llevarla o no, era un plan bueno y el sabia que funcionaria, pero…

- Brie – La llamo moderando su voz, para que pareciera más baja y esperó. – Un momento – contesto. Un momento y al cuerno, James no espero que le abrieran ¡Maldita sea! ese era su dormitorio. Al abrir la encontró frente a SU escritorio, desenredando su castaña cabellera – No tengo tiempo para esperarte Brie – exclamo exasperado, comenzaba a sofocarse – empaca tus cosas no iremos a Venecia – Brie dejo caer su cepillo de peinar – ¿Estas tomándome el pelo? –.

- No estoy tan cerca de ti para hacerlo – contesto con indiferencia.

-Tú sabes de a que me refiero James – entrecerró la mirada – en fin, ya empezaba a aburrirme de mirar esta habitación todos los días – En seguida empaco.

-Emmm… cuando lleguemos a Venecia llegaremos en pleno carnaval – dudo si decirle, sabía muy bien lo que significaba ese escandaloso evento.

-¡Oh, Magnifico! Siempre quise conocer el Carnaval de Venecia, necesitare una máscara. Compraremos una ¿no es así? – James asintió de mala gana – ¡Oh! Qué bien podre ponerme el vestido que Milly me recomendó llevar. Milly dijo que es mi mejor vestido, no tengo ni idea porque pero me dijo que lo llevara por si acaso – Brie continuaba balbuceando toda clase de planes que haría al llegar a Venecia, mientras con avidez ordenaba una pequeña maleta para el viaje. ¡Pero qué diantres! Ella sabía muy bien lo que se proponía al colarse en su carruaje aquel día, había traído una pequeña maleta dentro de su baúl del tamaño apropiado para un viaje de pocos días, ¡Maldita fuera! esbozo una sonrisa. – ¿Me estas poniendo atención James? –.

-Amm… esperare afuera – cerró la puerta tras de sí. Se sentía impotente. Dio un largo suspiro y regreso a la cabina de mando.
***

El porto di Genova atestado de paseantes y pobladores el segundo puerto más importante de Europa. James y Brie avanzaban entre la multitud en busca de una carruaje que los llevara a Venecia. -La guerra è iniziata! Inghilterra e Francia giocato sulla piccola isola di Martinica (¡La guerra a comenzado! Inglaterra y Francia se disputan en la pequeña isla de Martinique) – clamaba un hombre por las calles del puerto. La gente a su alrededor murmuraba inquieta, mujeres inglesas se desmayaban por la noticia.
-¿James? – Brie observo a su alrededor perplejo ante la noticia, no sabía si decir que era buena o mala noticia – ¿Que acaba de decir ese caballero hace un momento? no le he entendido nada ¿Por qué la gente está así?

– Francia e Inglaterra están enfrentándose en una batalla naval Brie, eso es lo que pasa – Brie se cubrió la boca con la mano. – Al parecer no es una gran batalla – sería una buena distracción para los Franceses y su plan continuaría sin problemas - Ehi, tu! quanto grande è la battaglia (¡Eh tu! Que tan grande es la batalla).

- Non molto, forse una ventina di barche (No mucho, tal vez veinte barcos).

-Questo non basta, idiota! Fuori di qui! (¡Es no es poco, idiota! ¡Lárgate de aquí!) – lo aparto bruscamente de su camino.

-¿Donde aprendiste italiano James? - ¡Demonios! estaba haciendo demasiadas preguntas. – No es el único idioma que he aprendido – contesto con indiferencia – Se francés y arab… ara-ba-to (no existe) - ¡Dios! Por poco le decía árabe pero que estupidez tenía en la cabeza ese día. – ¿Arabato? Ese idioma no lo conocía ¿podrías enseñarme algún día sobre ese idioma?

-Emm… si, no hay problema – se sintió un estúpido.

La diligencia tardo en llegar, pero tras quince minutos transcurridos finalmente se encaminaban hacía Venecia. El clima no varió mucho, dentro del carruaje era insoportable Brie se sentía sofocada, se abanicaba con esmero. El vestido definitivamente no favorecía con el lugar, lo sentía demasiado pesado, capas y capas de encaje que solo aumentaban más la necesidad de desprenderlo de su cuerpo y patearlo por el piso hasta que desapareciera. Intento distraerse fijando su vista en la campiña italiana, pero no sirvió de mucho. Intento cambiar de posición, se removió tres o cuatro veces.

-Podrías hacer el favor de quedarte quieta – James estaba desesperado de oír el rebujo de tela sobre el sillón. - Tú no entiendes lo mal que lo estoy pasando con este clima. A diferencia de ti, yo no cargo cinco libras de tela encima. Donde esta mi maleta – murmuro. Se reclino tanteando por debajo del sillón y tiro de ella al sentirla. Cerró la cortina a su derecha y se arrastro por la butaca para cerrar la otra. – Brie ¿Qué se supone que estás haciendo? – Brie lo ignoro y apoyo la maleta sobre el asiento. – ¿Podrías dejar de mirarme por un momento? necesito cambiarme – James abrió los ojos de par en par, todo su cuerpo se tenso al instante y su estomago recibió un hormigueo muy peculiar. Desvió la mirada, no quería ver. No debía ver ¡Maldición! Su cuerpo no respondía, oyó el crujido de la tela. Miro de reojo… Contrólate imbécil pareces un ualad  fijo su vista hacia sus manos e intento controlar su alterado estado. ¿Era él o hacía más calor de lo normal? – ¿ya estas vestida? – pregunto hablando entre dientes. – Ya casi, podrías mantenerte así solo un momento más – Su cuerpo no esperaría lo suficiente, James se conocía a si mismo muy bien. No entendía como una torpe mujer lo ponía de esa manera, le resultaba ridículo incluso al pensarlo. Su corazón latía desbocado, esquino la mirada nuevamente y distinguió algo que parecía ser piel Contrólate maldita sea ¡Contrólate!

Está demasiado tranquilo, pensé que se alteraría más. Pensaba Brie. Termino de acomodar la cintura del vestido. Metió las manos en los tirantes de la camisola se subió las mangas del vestido y tiro de las cintas atándolas a su espalda. –Ya estoy lista, espero no haberte incomodado – No tienes ni idea  de cuánto no espero que le diera permiso de abrir las cortinas, y con un largo suspiro se reclino en su asiento. Tenía la camisa de lino empapada en sudor, pero que podía hacer después de su fuerza sobrehumana de voluntad.

***

-Maestà, è venuto. Richiedi il tuo pubblico (Su majestad, él ha venido. Solicita su audiencia) - .

-Lo trovi (Hazlo pasar) – Paolo Renier Dux de Venecia, un hombre de edad madura y porte regio. Su rostro comido por los años, marcaba las líneas de su avaricia. De débil templanza y exacerbada soberbia, esperaba con impaciencia la visita de su Protetto. Apenas un año de gobierno lo tenía con  el orgullo por las nubes, pues se enorgullecía de su “labor”. Se sobo su tremendo y satisfecho estomago, consolándose con palabras de aliento de su bien realizado trabajo.

La habitación iluminada por la suave vela del escritorio daba un aspecto misterioso. La mansión veneciana guardaba sus mejores logros corruptos y los complots mejor guardados del estado de Venecia. El Dux esperaba ansioso, sentado sobre su suntuoso escritorio la llegada de su siervo, su súbdito más importante. Su protegido -Sua Maestà – un imponente caballero de acento extranjero con su rostro oculto por una capa de lino negra, se encaminaba hacia el oculto por el misterio. Paolo se levanto de golpe, la impaciencia lo tenía sufriendo. Se acerco hacia él y lo invito a sentarse en sofá junto al fogón. -è finalmente arrivato, dimmi la notizia porto (Finamente has venido, cuéntame la noticia pronto –.

-Él ha venido sua Maestà, Génova le ha dado la bienvenida con la notizia di la martinica. Como puede ver he logrado adelantarme, a Edham le espera una sorpresa mio signore – sonrió sinuoso debajo de su capa.

-Bravo esa es la mejor notizia que he ricevuto – contesto satisfecho - Él ha venido por lo que me has dicho en la carta ¿no es así? Él quiere mia mappa de tu escondite – El oscuro caballero asintió. – Es una lástima que no la obtendrá sin antes por il mio corpo di sicurezza – contesto satisfecho el Dux plantando los pies en el taburete contiguo al sofá.

***

-¿Hemos llegado? ¿Tan pronto? – Brie se desperezo de la butaca, la diligencia estaba disminuyendo el paso a medida que entraba a San Giuliano, Italia.

-El buque saldrá en dos horas hacia Venecia, así es mejor que te apresures – le respondió.

-¿Cuanto más hay que esperar para ver Venecia, James? – Pregunto impaciente, mientras aceptaba la cálida mano de James para descender del carruaje.

-Posiblemente en pocos minutos de viaje estemos en Venecia y de ahí buscaremos alojamiento cerca del Palazzo Ducale – James se quedo reflexionando mientras avanzaban hacia el puerto. Al llegar a Venecia estaría tocando la tierra de su futuro funeral, sabía muy bien las consecuencias y a pesar de ello estaba dispuesto a seguir. Hallar esa pieza faltante de la ubicación de Ettore era lo más importante y arriesgando de su vida, tenía que recuperar ese valioso tesoro que el maldito canalla le había saqueado.

Hubo un tiempo durante muchos años atrás, donde Italia e Inglaterra marchaban en armonía, pero luego de que esta se volviera la manzana de la discordia de España y Francia, la enemistad surgió más potente de lo que nunca estuvo. La Colonia Norteamericana aun necesitaba proclamarse un país más en el mundo y no solo un medio para aprovecharse de ella. El limite no pudo con tanta disconformidad declarando así en 1775 la guerra entre Inglaterra, siendo Norteamérica apoyada por los Franceses. Los problemas aun no habían terminado, la fase de desacuerdos entre las potencias de la época pendían de un filo hilo esperando que las moiras griegas lo cortaran y de alguna manera nada terminara bien. Tras media hora recorrida Venecia les recibía con un aire terriblemente cálido. El glorioso y suntuoso paisaje digno de dejar sin respiración a muchos les decía benvenuto. La pequeña y curvada serpiente atravesando la hermosa provincia los dirigía hacia Piazza San Marco.

-Benvenuto signor, signorina – el recepcionista de Hotel Florian un hombre de nariz enorme y un rostro redondo saludó cortésmente.

-Grazie signor bisogno di due stanze, per favore (necesitamos dos habitaciones, por favor) – Por favor que este alguna disponible pensó para si.

-C'è solo una camera a disposizione signor. Si vede che il Carnevale ha lasciato pochi spazi disponibili in questi giorni (solo hay una habitación disponible señor. Vera usted que el carnaval ha dejado pocos espacios disponibles estos días) – respondió este. James miro de reojo a su compañera de viaje, maldijo por lo bajo y acepto la habitación que le proponía. Camino sin mencionarle nada. Para ocultarle el verdadero propósito de venida a Venecia intento de alguna manera complacerla y así poder distraerla de su principal objetivo. 

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