sábado, 26 de enero de 2013

Los Secretos del Mar - Capitulo 3


CAPITULO 3

“El frío corre por mis venas, nadie ha calentado mi corazón como ella en tanto tiempo”
Lord James Tortworth 

A partir de ese día James cambió, un tempano de hielo no tenia comparación con la frialdad que emanaba y los días siguientes él evito acercarse a ella de todas las maneras posibles. Brie comenzaba a cansarle la idea de pasar los días solo con Rob. No le desagradaba, él resultaba ser un buen conversador. Un día de esos James salió sin avisar, Robert no le dijo donde y por más que usará su vieja técnica de convencimiento no lo logró.

     -Es usted el primero al que no logro convencer de decirme las cosas Robbie ¿Cuál es su truco?

     -Soy un hombre casado pequeña Brie, conozco la mente femenina- contesto entrelazando los dedos detrás de su cuello como de costumbre en el sofá de la sala de estar frente a las dos habitaciones, esquino una sonrisa de satisfacción -. A diferencia de James, sé controlar mis emociones.

     - James es un testarudo, sigo sin entender la actitud que ha tomado conmigo. Son cinco días con este y justo hoy sale sin avisarme, ¡Oh por favor Robbie! Dímelo, prometo ser una niña buena y no contarle que me lo has dicho.

     -No pequeña Brie, yo cumplo mis promesas de no revelar lo que me piden callar- si que era un mujer insistente.

     -¿Es cierto eso Robbie? Que nunca revela los secretos- Robert asintió -. Entonces usted puede ayudarme- se levanto de su asiento para acercase en el sofá contiguo a Robert, él la miró con asombro-. Ayúdeme a que James vuelva a dirigirme la palabra- Robert dudo de la propuesta ¿Pero que tenía que perder? Brie necesitaba ayuda y su amigo necesitaba un empujón no le veía nada malo ayudarle.

     -James es un hombre terco Brie, tan difícil de dominar como un mar embravecido. Hay que saber jugar con la mejor estrategia, hallar su punto débil y ese punto débil Brie eres tú- Bridget tomo nota mental de cada cosa que él decía. Rob se inclino hacía adelante y continuo inspirándola a sacar la mujer oculta en esa inocente y rebelde actitud, le dio ideas sutiles pero escandalosas de inspirar a James con nuevos sentimientos hacia ella y demostrarle que ella era capaz de cabalgar por el mismo camino que él. Brie sabía que el amor ella no lo conocía de igual manera que James. ¿Qué significa realmente amar a alguien? ¿Podría ella amar? Robert continuaba con entusiasmo hablando de lo maravilloso que era el sentimiento de amor, ella se removió incomoda, la plática se hacía más personal e intento cambiar de tema preguntándole como era su esposa, el tiempo se hizo eterno hasta que un sonido sordo confirmo la llegada de James a la posada, los pasos firmes subían por la escalera y no se detuvieron hasta llegar a la puerta de la habitación.

     -Robert necesito hablar contigo - y sin más que decir entro a la habitación. Robert y Bridget se miraron, eso sí que había sido cortante.


A la mañana siguiente Robert llamo a la puerta de la habitación de Bridget. -Pequeña Brie, ¿Puedo pasar?. -Claro Robbie pase usted recién acabo de desayunar, hace una hermosa y nublada mañana ¿No cree?- Bridget iba vestida con un precioso vestido verde pálido que acentuaba el brillo de sus hermoso ojos esmeralda.
   
  -Ha llegado la hora de partir, el día nos ha obsequiado un viento sureño ideal para partir a Italia.

     -Me alegro escuchar esa buena noticia empacaré de inmediato.

Luego de dos horas la tripulación, ya estaba lista para partir y esperaba las ordenes del nuevo curso del capitán, James salió de la recama seguido de Robert y Bridget. -Señores partimos hacia Italia- los hombres murmuraron entre sí, con obvia preocupación, James carraspeó pero intento mantenerse firme – Se que iremos a la boca del lobo, pero es necesario partir de inmediato- ¿Boca del lobo? - ¡Contramaestre Robert!
   
   -¿Si Capitán milord?

      -Llévanos a Venecia.

      -¡Ya lo oyeron granujas! ¡Leven anclas! ¡Suelten los amarres de la vela del mástil mayor! ¡Que esperan insectos, el viento no se detendrá hasta que extiendan las velas para soplar!. James giro sobre sus talones con dirección a la puerta pero se detuvo en la entrada- Entre Lady Bridget si es tan amable- mas parecía una orden que una petición, pero no le reprocho su mal carácter.

     -No se le ocurra salir de esta cabina sin permiso alguno –dijo cuando hubieron entrado.

     -Y se puede saber porque me priva usted de salir de la cárcel a la que usted llama cabina “milord”- contesto haciendo énfasis y por si fuera poco se atrevía a llamarla lady aún sabiendo lo mucho que el titulo le aborrecía.

     -Pues vera, es una respuesta de la más simple y obvia- se inclino hacia ella y el corazón le dio un vuelco- prefiero evitar noticias de sus travesuras en la cubierta de este barco –  entrecerró la mirada.
Y ahí estaba de nuevo con esa condenada y seductora voz, se dijo. ¡Pero qué fastidio! al menos le había dirigido la palabra después de tanto tiempo, no esperaba que esa fuera una manera de hacer las paces. Tenía que actuar si quería continuar día tras día entrecruzando solo un par de palabras, ella buscaba demostrarle de lo que era capaz. Recordó los escandalosos consejos que Robert le había dado, aun no estaba segura de que sería buena estrategia emplearlos. En la guerra y en el amor todo se vale le había dicho Rob, pero ¿sería esa la mejor opción?

     -¿Está usted poniéndome atención?-  preguntó puesto que aun seguían demasiado cerca, ella lo ignoro totalmente cambiando el tema.

     -En fin “capitán” si me disculpa usted, necesito acomodar mis pertenencias, veinte días son demasiado para no tener un espacio donde poder dormir ¿Alguna sugerencia?- ¿Porque siempre termino discutiendo con él? Necesitaba hallar una manera de provocarlo.

     -¿Pero qué…?- Bridget se olvido que él permanecía dentro de la cabina cuando ella comenzó a sacar y poner objetos personales en cualquier lado, sombreros, peinetas y unas cajas que parecían contener joyas y horquillas. James simplemente estaba anonadado.

     -¡Qué diantres haces Brie! Quien te ha dado de permiso de apoderarte de ¡Mi, cabina! - ella siguió ignorándolo, caminando de un lado al otro dejando regadas sus cosas.

     -Ni en un millón de años dormiré en un vil catre James- aun no asimilaba ver como ella con descaro se aprovechaba de ¡Su cabina!, sintió bullir el odio desde su pecho, abrió la boca para decir algo pero en ese instante Brie se dejo caer en la cama de golpe.

     -¡Uf! Estoy cansada- doblo una rodilla apoyando la zapatilla en el baldaquín de estilo francés con toda la naturalidad del mundo, el largo de la falda dejo entrever la media blanca de seda y la pantorrilla. James sintió un escalofrío recorre su columna, sus mejillas acaloradas, leves jadeos escapando de sus labios rosados y su actitud despreocupada ¡Dios! Era una maldita tentación, ni un monje podría resistirla.
¡Oh por favor que funcione! Decidida se arriesgo a su primer intento y espero paciente. James camino lentamente hacía ella totalmente hechizado, el corazón latía desbocado, maldijo su debilidad pero intento abstenerse. Bridget estaba nerviosa con sus manos crispadas aferrándose al cobertor y apoyo un brazo en la frente. Pero cuál fue su sorpresa al sentir que en vez de tocarla él simplemente le acomodo la falda cubriendo la pierna lo más que esta le permitía. James hizo un esfuerzo sobrehumano para no rendirse ante esa provocación saliendo repentinamente. Y esa noche por primera vez en mucho tiempo, él no durmió en la cabina.


     -¡Que Bridget! ¿Qué?- Robert no pensó que de veras se atrevería Brie a provocarlo. Habían transcurrido dos días desde la salida de Dunkerque.

     -Tal y como lo has oído Rob, se atrevió a dejarse ver…am…eso. Entiendes ahora porque simplemente no la comprendo ¡Dios! – se paseo nervioso de un lado a otro, Robert mantenía el curso del barco girando cada cierto tiempo el timón, definitivamente debía dale más consejos. Sonrió para sus adentros –Estoy empezando a arrepentirme de haber aceptado llevarla.

     -Vamos relájate y disfruta del viaje, hoy hace un día perfecto para navegar, con este buen viento llegaremos en menos tiempo. Tal vez día y medio menos.

     -No puedo relajarme sin saber que Ettore nos viene pisando los talones Rob, tu sabes que por eso hemos salido casi huyendo de Francia, además, tu sabes es él el motivo de este viaje.

     -Como es normal en ti meterte en líos como este, tú sabes bien que Ettore tiene cuentas pendientes contigo por robarle su mejor presa.

     -Y cuando hablaste con Chalíer, te dio al menos las coordenadas de la isla que El capitán Bernardo usa de base.

     -No Rob y esa es la razón por la que iremos a Italia, lo único que me dijo es lo que ya te había comentado el día que lo visite. Y según Chalíer, la propiedad de Turquía posee los mapas y luego de Italia esa será nuestra parada- James reflexiono sobre el plan nuevamente.

     -¿No crees que estos muchacho necesitan parar a descansar en Damasco? Hemos viajado, Egipto a Londres y de Londres a Milán para regresar a Avonmounth. Y lo más que hemos parado en cada puerto han sido de cuatro días a una semana- James no había considerado a su tripulación el podría viajar de Damasco a Turquía solo con poca gente y ahorrarse tiempo en el trayecto, mientras más rápido lograran encontrar el paradero de la Isla y entregarle a Roven los mapas estaría la deuda saldada y tendía un perseguidor menos.

Los vientos del sur duraron lo suficiente como para adelantar un día de viaje, pero tras diez días transcurridos el clima subió de temperatura y la tripulación sufría de un calor insoportable, sofocante. Uno de esos días Brie admiraba a James mientras él con la vista fija en el horizonte desde el castillo de popa dirigía la imponente fragata inglesa, vestido con una fina y delgada camisa de algodón blanca, un pañuelo color verde anudado en la cintura del pantalón negro, pegado a sus fuertes y musculosas piernas, y unas botas cafés, era la personificación misma de un pirata desalmado. Dando órdenes a su tripulación, que con cierta desgana provocada por el calor hacían sus trabajos, mientras que el barco entraba a aguas internacionales españolas. Trafalgar estaba a dos días más de viaje pero el calor detuvo la marcha y retraso el día que habían adelantado y el esfuerzo físico de sus hombres no lo compensaban. Las noches no eran la excepción, el calor era igual y ni la comida proporcionaba la energía suficiente.

     -James no crees que necesitan huir de este calor, no será mejor parar un momento – Rob se había acercado al castillo de popa, estaba preocupado.

     -Hemos soportado peores situaciones que esta Rob –Pero hasta él admitía que era una situación crítica, una gota de sudor resbalo por la sien, paso el dorso de su brazo sobre la frente. ¿Cómo haría Brie para soportar este calor con ese vestido? ¡Por qué diantres pensaba en ella! A caso no tenía suficiente con saber que lo obligaba a dormir en la habitación de Roberto, el recuerdo de Brie recostada en cama lo tensó. Se meso el cabello hacia atrás y volvió la vista al horizonte.

     -¡Eh tú capitán! - James reparo en el marinero que le hablaba en ese tono despectivo, Rob se puso tenso ¡Que osadía la de ese curtido hombre! - Los demás y yo queríamos decirle que ya estamos hartos de trabajar bajo este ¡Maldito sol! ¡Estamos cansados, sedientos y usted no hace nada al respecto!- el hombre se acerco con determinación dando zancadas.

     -Que es esa forma de compórtate con tu superior rata apestosa- James levanto su mano haciendo callar a Rob quien replicaba con obvio enfado.

     -A ver Hert ¿qué inconveniencia te perturba?- El fornido hombre de casi dos metros lo miro con extrañeza por la cortesía con la que le preguntaba.

     -¡Que inconveniencia ni que pacotilla! ¡Exijo que nos deje descansar!- El hombre golpeo con el puño la barandilla. James no se dejo intimidar por ese bocaza y se acerco lentamente con la mirada impasible, inmutable.

     -Dime que estas buscando. Pelear conmigo o exigir derechos.
Brie se sobresalto al oír el golpe sordo que venía desde el alcázar, estaba tan ensimismada en su siguiente movida que no se había percatado de la disputa entre el marino y James. Los demás tripulantes se iban acercando lentamente observando la escena. Uno hombre mucho más alto que James y el doble de corpulento, discutía con afán. Rob intentaba interponerse entre ellos deteniéndolos con los brazos abiertos.
Bridget perdió de vista la escena ya que la multitud había cerrado el campo de visión y se levanto de la barandilla del estribor, donde ella se encontraba. El enorme hombre no daba su brazo a torcer y empujo a Rob haciéndole cae de trompicón al suelo. Brie se alerto, podía oír con claridad los gritos que profería mientras que James lo miraba impávido. Cuando de repente vio que James levantaba una daga que mantenía en el cinto del pantalón y la lanzó con pericia hacia los espectadores clavándolo en la cubierta del barco. Brie ahogo un grito, algunos marineros se apartaron con rapidez, formando un círculo alrededor del objeto. Noto como el matón bajaba corriendo las gradas y para su sorpresa Brie lo vio a James saltar desde la barandilla colgándose de un amarre del mástil mayor, cayendo justo enfrente de la daga. Brie perdió el color de sus mejillas.

     -Vamos Hert no seas tan cobarde- esquino una lobuna sonrisa y entrecerró los ojos, apoyado en un brazo  y retirando la daga con el otro- ¡Prueba la maldita hombría que tanto buscas! te sientes superior a mí. Hazlo- El fortachón se detuvo en seco y apretó los puños, lentamente giró sobre sí. Su rostro ardía en cólera.

     -Sostén esto Rob- desclavo la daga y se la entregó, se encamino hasta donde Hert al mismo tiempo en que se desabotonaba con lentitud la camisa.
Brie se quedó sin aliento cuando este dejo caer la prenda al suelo luciendo así su escultural cuerpo bronceado. Nunca se lo imagino de esa manera, el sudor brillaba sobre su cincelado cuerpo cual dios griego. Sintió un revoloteo en su vientre. Se veía increíblemente atractivo irradiando un magnetismo que la hizo desear tocar su firme pecho en ese instante, se sonrojo al reparar en esa escandalosa observación.
James se colocó en posición de ataque lo cual Hert imito y se preparo para el primer golpe. Los demás gritaban con euforia “¡Vamos capitán! ¡Tú puedes Hert!”, la adrenalina comenzó a correr en sus venas ante la expectación, llenándolo de una potente energía. Hert lanzó el primer golpe y la lucha cuerpo a cuerpo comenzó.
James esquivaba con destreza cada puño lanzado hacia él y golpeaba cuando Hert se encontraba con la guardia baja, se sentía vivo, casi como renacer.

     -¡Cuánto extrañaba esto!- grito lanzando otro golpe en la barriga del fortachón, este pujo con dolor perdiendo por un momento el equilibrio. James aprovecho para lanzar otro golpe hacia la barbilla derribando a su oponente.
Brie volvió a perder de vista la pelea y se adentro entre la multitud empujando con todas sus fuerzas para apartarlos.

     -¡Brie ten cuidado!- grito Rob al mismo tiempo que ella lograba esquivar a pocos centímetros al Hert que caía a sus pies. Entonces James reparo en ella y el terror le invadió. ¡Mierda! ¡Me ha visto! Y si que lo había visto todo, comportarse como un bruto pirata sin alma alguna, sus miradas se encontraron y en la de ella había miedo, preocupación. Un golpe sordo en la mandíbula lo pillo desprevenido, Hert había logrado darle y cayó al suelo de espaldas.

     -¡James!- grito horrorizada.

     -Brie quédate conmigo, déjalo terminar- le dijo Rob quien la había alcanzado y la sostenía de ambos brazos.

James se levanto adolorido y la busco con la mirada al oírla gritar su nombre, estaba alarmada, pero no se dejo dominar por el sentimiento de culpa. Cerró los ojos, oyó venir a Hert a toda velocidad para asestar otro golpe, pero James lo esquivo dejando llevar todo su peso hacía él tomándolo de la cintura y empujándolo hasta tumbarlo de espaldas. Hert gimió de dolor. James se levantó jadeando y se alejo a tres pasos donde yacía su atacante aun quejándose del golpe.

     -Levántate imbécil- le dijo con voz entrecortada, pero Hert no se movió lo había dejado sin fuerzas. James dio un largo suspiro recogió su camisa.

     -¡Hay algún otro esperpento con otra queja!- grito con furia. Los demás murmuraron entre si y negaron contestando casi en unísono.


     -Al menos ya no volverá a molestarte por un buen rato- dijo Rob entre risas- menudo show que has armado.

     -El maldito me estaba sacando de quicio Rob, necesitaba una maldita lección – James se quejo, la mandíbula le dolía.

-Rob traje lo que me pidió… ¡Santo Dios!-  aun seguía sin camisa Brie se sonrojo.

-Bridget atiéndalo usted no puedo descuidar el timón- Brie trago grueso y asintió. Rob salió dejándolos solos. James la observo acercarse, estaba sentado en la cama del camarote aun respiraba agitado. Brie puso en un banquillo frente a él. James contuvo el aliento.

     -El agua esta fría así que te aliviara la inflamación – dijo cabizbaja remojando el trapo con cierta torpeza. Levanto la vista y examino su rostro, la mandíbula y el mentón estaban hinchados, el labio inferior herido dejaba un hilo de sangre correr hasta perderse en la hendidura del cuello. Con sumo cuidado limpio con la mayor delicadeza posible su labio. El roce delicado de la tela, más parecía una sedosa caricia, cerró los ojos disfrutando el contacto y un escalofrío recorrió la espalda al sentir el húmedo y fresco lienzo que repasaba el área lastimada. Contuvo el aliento al sentir como ella trazaba la línea de la boca con los dedos trémulos hasta llegar al cuello, la sensación era simplemente erótica y lo estremecía. No había pasión, no había lujuria, era  una dulzura, era algo que aún no podía describir con palabras.

     -Eres un idiota- le dijo y sin esperar respuesta deposito un rápido beso en sus labios lastimados. James sintió una corriente eléctrica que recorrió desde los labios y el vientre hasta el corazón haciéndolo palpitar desenfrenado, se olvido de todo dolor que sentía en su magullado cuerpo y tomándola del cuello retomo el beso, pero esta vez fue un beso pleno. Ella se dejo llevar, era un beso cargado de una emoción electrizante completamente diferente a la anterior. Era diferente, más profunda. Se limito a estremecerse con cada excitante sensación entreabriendo los labios, James respondió profundizando el contacto llevándolo a un nuevo nivel de necesidad. La temperatura era más alta, sofocante y el beso era el culpable. James perdió la cordura al sentir como ella empezaba a reaccionar, se aparto de sus labios para continuar descendiendo una serie de besos en el cuello. Brie abrió los ojos de golpe y gimió en respuesta a la nueva sensación. James bajo de la nubosa y encantadora conexión, el sueño comenzaba a ganar la batalla. La estrecho entre sus brazos apoyando la cabeza en el hueco de su cuello, respiraba con dificultad. El agotamiento lo invadió por completo y bostezo, a lo cual Brie se estremeció al sentir el aliento en su clavícula.

-Tienes razón Brie…Soy un idiota- y diciendo esto cerró sus ojos. Brie se quedo petrificada, eso más parecía una disculpa que una afirmación, lo sintió relajarse sobre ella y la duda agolpo su pensamiento ¿Qué era lo que quería decir con eso? Hizo un esfuerzo para empujar su lánguido cuerpo hasta acomodarlo en la cama cubriéndolo con la sabana. Se sentó cruzando las piernas al lado opuesto de donde estaba y se limito a observarlo hasta que el sueño le gano de igual manera. Su último pensamiento fue ese beso compartido y algo cambio en ella a partir de ese momento.


-Si miras a tu derecha, veras Gibraltar Brie- Rob se cubrió los ojos protegiéndose del ardiente sol del mediodía- y unas tres horas de viaje esta Marruecos ¿Puedes verlo? – Brie asintió fascinada, la zona costera y el alto peñón de Gibraltar saludaban a cada navegante que arribaba al puerto de los Palmones. Hacia menos de media hora que el Golden Nymph había entrado por el estrecho camino que dividía el mar mediterráneo del pacifico y en poco tiempo se detendría en el puerto. Centenares de barcos, fragatas comerciales ,navios monumentales y pequeños botes pesqueros transitando a su alrededor, de diferentes formas tamaños colores y múltiples banderas extranjeras, ondeando con orgullo en cada una. La sensación del sofocante calor húmedo y salino,  era opacado por la leve brisa marina - Está todo listo para atracar este armatoste, capitán – Lo saludo con la mano contraria a la que protegía sus ojos del sol.

-Buenos días, Rob. Veo que te las has arreglado bien sin mí esta mañana – Ignoro con obviedad a su preciosa acompañante. Brie se limito a observarlo platicar con entusiasmo sobre lo que harían al llegar al puerto. Al parecer necesitaban provisiones para el viaje de Italia. Pero lo que no conseguía entender es porque seguía ignorándola de esa manera. No se sentía incomodo, su despreocupada actitud era una claro signo de ello. No estaba enojado, pues se le veía con mejor humor que los días anteriores. Entonces ¿Qué era? James es terco Brie, tan difícil de dominar como un mar embravecido se recordó de Rob y sus consejos. Si en verdad ella tenía que ser la de la iniciativa, haría todo lo que podría por ganárselo.

Al poco rato el Golden Nymph entro en el golfo de Gibraltar. James les dio órdenes a los marineros, de reunirse en una taberna. Primero tendría que hablar con Carlos Ferrer, para saber si había encontrado la pieza del rompecabezas faltante de la expedición a Turquía. En Italia tendría la ubicación exacta de la cueva del enemigo, dejaría a Brie en Inglaterra, lejos para siempre de su vida errante y viajaría a Damasco. Las calles de Palmones atestadas de gentes de diferentes clases sociales, deteniéndose en las ventas callejeras. El zoco sirio no era muy diferente a ese lugar.

-¡Lady Bridget! Que sorpresa más encantadora- Saludo un apuesto joven de reluciente cabellera negra y ojos verdes haciendo juego con su maravilloso y elegante traje con porte de caballero. Brie no cabía del asombro. James arqueo una ceja.

-Sí que es una sorpresa lord Kent ¿Qué negocios lo traen por acá milord?- ahora fue el turno de ella de ignorar a sus acompañantes plantándose frente al tal “señor Kent”. James los miro con recelo.

-Negocios comerciales, me temo lady Brie. Pero ¿Cómo es que la marea se ha traído a flor más rebelde de Londres?  - Contesto guiñándole el ojo con picardía. James entrecerró la mirada y Rob le dio un codazo preguntándole quien era con la mirada. James de igual manera le contesto que no era mayor problema, ya le conocía, aunque muy poco pero era suficiente para saber no confiar mucho en él.

-Y supongo que tú debes ser el famoso lord James, del que tanto me habla lady Brie – avergonzada le dio le lanzo una mirada significativa a su amigo. Los vio estrechar sus fuertes y trabajadoras manos con cortesía pero el rostro de James decía mucho de lo que pensaba. Brie por primera vez lo vio como un leopardo acechando su presa esperando el momento oportuno para atacar, parecia como si estuviera analizando la manera de atacar a su objetivo con presteza. Robert la miro y basto verlo para entenderlo todo. Hay que sacar provecho de las oportunidades donde puedas verlo con la guardia baja había dicho cierto día y sonriéndole a Rob abiertamente, interrumpió la conversación de “la presa y el cazador”.

-Y cuénteme milord ¿Qué tipo de negocio viene a hacer? Han dicho las malas lenguas que está invirtiendo en un viñedo ¿No es así?- Lo tomo de brazo con total confianza invitándolo a caminar delante de ellos; y saco el arma secreta de la mujer: El abanico.

-¡Esta coqueteando con él!- le dijo Rob en voz baja. -¿Y tú como lo sabes?- contesto imitando su voz. -Sabes, solo hay dos razones por las que las mujeres sutilmente pueden coquetear sin ser indecorosas. ¿Que no te enseñaron eso en clases de etiqueta “Señor conde de Tortworth”?

-¡No lo decía por eso idiota! Claro que se porque lo hace lo que no entiendo es como un rastrero como tú conoce de etiqueta.

-Te recuerdo que la experiencia con tantas cortesanas de salón usan ese método con descaro, es mi mejor maestra- le guiño el ojo con suspicacia.

-¡Maldita lagartija escurridiza! tal vez hoy estés casado, pero tu pasado dice mucho – sonrió con desfachatez. Continuaron observando a la pareja, James sentía un enorme impulso de abrirse campo entre ellos y reclamarla como suya. Se sentía impotente, pero se contuvo.

-Veo que al fin cumpliste el sueño de salir de Bristol y recorrer el mundo Brie.

-No es tan divertido como lo esperaba, pero admito que han pasado circunstancias interesantes últimamente - Admitió recordando con un suspiro los momentos llevados hasta hoy, pero ella necesitaba más aventura de la que había vivido, de eso estaba segura de conseguir. -Veo que aun no has conquistado el corazón de tu “Caballero andante”.

-Aun sigo luchando Kent, pero es más testarudo que un burro montacargas – dejo su mente un momento vagar por una corazonada “Y si…”

-Tus metáforas, no sé si reírme con ellas o reprenderte por decirlas de una manera tan impropia- Respondió con jovialidad. Brie sonrió ante el comentario. No pudo evitar darle un golpe con el abanico cerrado regañándolo con la mirada por su burla, cosa que no paso desapercibida por James y un bufido escapo de sus labios. Brie se apoyo un poco en el hombro de Kent y le pidió que le ayudara, Kent comprendió la situación sin que le especificara detalles y giro sobre si para enfrentarse con su cazador. – ¿James que lo trae por acá? – James que llevaba casi medio trayecto murmurando maldiciones recordó la reunión con Carlos, miro significativamente y Rob carraspeo incomodo. Dudo antes de responderle, busco una justificación que fuera fácil de tragársela. – Tengo que emm… hacer negocios con un mercante, su nombre es Carlos. Me asegura que me tiene mercancía de especias de su último viaje y quiere intercambiarlas conmigo – reprimió un suspiro de alivio.

-¿Y dónde piensa reunirse?, ¿No le molestaría hacerles compañía en el trayecto?

-No es ningún problema milord- interrumpió Rob – al contrario, justo le iba a pedir si tendría la amabilidad de hacerle compañía a lady Brie. Pues vera que los negocios no son para que una dama los escuche.

–Tiene razón ¿eeh…? – Rob milord, mi nombre es Roberto – espero paciente a que entendiera la indirecta, miro a Brie para que ella entendiera el secreto oculto en la conversación. Ella lo entendió de inmediato. – Me parece una excelente idea Rob, tu sabes que los negocios los aborrezco. Gracias Rob eres muy amable por preocuparte por mí – Y como si no fuera suficiente Rob salía de nuevo saliendo de un lio y enredándolo en otro. Miro la conversación percatándose que lo estaban excluyendo de alguna manera muy sospechosa. Saco su exclusivo reloj D.D Neveren de bolsillo, hace diez minutos debió de haber llegado a la maldita taberna. – Rob tenemos que irnos, regresaremos pronto, la dejo en sus manos Kent. Cuídela – mas parecía una advertencia que una petición. Con una leve inclinación se despidió.

-Ya Volveremos Brie, no se alejen mucho – se adentro entre la multitud de la calle opuesta al puerto, desapareciendo junto con James en la esquina primera a la par de un motel de baja categoría. Por momentos se detenían procurando en medio del laberinto de casa encontrar la famosa taberna y a menudo disminuían el paso para ubicar la calle correcta. Minutos después la mugrienta y nauseabunda taberna rodeada de terribles pestes llamados piratas aleteaban como murciélagos buscando el confort de una compañía indecente y el plato fuerte del local: Ron en exceso. Olores insoportables, exorbitantes y escandalosos sonidos, ebrios cantando por doquier que interrumpieron su canto al ver entra a James seguido de Rob. El silencio se impregno en el lugar y seguido de ellos los murmullos aumentaban a medida que ellos se movían con paso firme y decidido sin demostrarse inferiores de importancia. Llegaron más rápido de lo hubiesen pensando y al golpearcon fuerza la puerta y abriéndola instantáneamente al escuchar respuesta del habitante en el interior.

-¡Bienvenido seas Edham! Las mareas sí que traen olas de gran tamaño…
Así las palabras quedaron en el aire seguido de una puerta crujir y el hombre cuyo nombre fue mencionado entro con triunfo hacia la respuesta que buscaba.


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