CAPITULO 3
“El frío corre por mis venas, nadie ha calentado mi
corazón como ella en tanto tiempo”
Lord James Tortworth
-Es usted el primero al que no logro
convencer de decirme las cosas Robbie ¿Cuál es su truco?
-Soy un hombre casado pequeña Brie,
conozco la mente femenina- contesto entrelazando los dedos detrás de su cuello
como de costumbre en el sofá de la sala de estar frente a las dos habitaciones,
esquino una sonrisa de satisfacción -. A diferencia de James, sé controlar mis
emociones.
- James es un testarudo, sigo sin entender
la actitud que ha tomado conmigo. Son cinco días con este y justo hoy sale sin
avisarme, ¡Oh por favor Robbie! Dímelo, prometo ser una niña buena y no
contarle que me lo has dicho.
-No pequeña Brie, yo cumplo mis promesas
de no revelar lo que me piden callar- si que era un mujer insistente.
-¿Es cierto eso Robbie? Que nunca revela
los secretos- Robert asintió -. Entonces usted puede ayudarme- se levanto de su
asiento para acercase en el sofá contiguo a Robert, él la miró con asombro-.
Ayúdeme a que James vuelva a dirigirme la palabra- Robert dudo de la propuesta
¿Pero que tenía que perder? Brie necesitaba ayuda y su amigo necesitaba un
empujón no le veía nada malo ayudarle.
-James es un hombre terco Brie, tan
difícil de dominar como un mar embravecido. Hay que saber jugar con la mejor
estrategia, hallar su punto débil y ese punto débil Brie eres tú- Bridget tomo
nota mental de cada cosa que él decía. Rob se inclino hacía adelante y continuo
inspirándola a sacar la mujer oculta en esa inocente y rebelde actitud, le dio
ideas sutiles pero escandalosas de inspirar a James con nuevos sentimientos
hacia ella y demostrarle que ella era capaz de cabalgar por el mismo camino que
él. Brie sabía que el amor ella no lo conocía de igual manera que James. ¿Qué significa realmente amar a alguien?
¿Podría ella amar? Robert continuaba con entusiasmo hablando de lo
maravilloso que era el sentimiento de amor, ella se removió incomoda, la
plática se hacía más personal e intento cambiar de tema preguntándole como era
su esposa, el tiempo se hizo eterno hasta que un sonido sordo confirmo la
llegada de James a la posada, los pasos firmes subían por la escalera y no se
detuvieron hasta llegar a la puerta de la habitación.
-Robert necesito hablar contigo - y sin más
que decir entro a la habitación. Robert y Bridget se miraron, eso sí que había
sido cortante.
A la mañana
siguiente Robert llamo a la puerta de la habitación de Bridget. -Pequeña Brie, ¿Puedo pasar?. -Claro Robbie pase usted recién acabo de desayunar,
hace una hermosa y nublada mañana ¿No cree?- Bridget iba vestida con un
precioso vestido verde pálido que acentuaba el brillo de sus hermoso ojos
esmeralda.
-Ha llegado la hora de partir, el día nos
ha obsequiado un viento sureño ideal para partir a Italia.
-Me alegro escuchar esa buena noticia
empacaré de inmediato.
Luego de dos
horas la tripulación, ya estaba lista para partir y esperaba las ordenes del
nuevo curso del capitán, James salió de la recama seguido de Robert y Bridget. -Señores partimos hacia Italia- los
hombres murmuraron entre sí, con obvia preocupación, James carraspeó pero
intento mantenerse firme – Se que iremos a la boca del lobo, pero es necesario
partir de inmediato- ¿Boca del lobo? - ¡Contramaestre
Robert!
-¿Si Capitán milord?
-Llévanos a Venecia.
-¡Ya lo oyeron granujas! ¡Leven anclas! ¡Suelten
los amarres de la vela del mástil mayor! ¡Que esperan insectos, el viento no se
detendrá hasta que extiendan las velas para soplar!. James giro
sobre sus talones con dirección a la puerta pero se detuvo en la entrada- Entre
Lady Bridget si es tan amable- mas parecía una orden que una petición, pero no
le reprocho su mal carácter.
-No se le ocurra salir de esta cabina sin
permiso alguno –dijo cuando hubieron entrado.
-Y se puede saber porque me priva usted de
salir de la cárcel a la que usted llama cabina “milord”- contesto haciendo
énfasis y por si fuera poco se atrevía a llamarla lady aún sabiendo lo mucho
que el titulo le aborrecía.
-Pues vera, es una respuesta de la más
simple y obvia- se inclino hacia ella y el corazón le dio un vuelco- prefiero
evitar noticias de sus travesuras en la cubierta de este barco – entrecerró la mirada.
Y ahí estaba
de nuevo con esa condenada y seductora voz, se dijo. ¡Pero qué fastidio! al
menos le había dirigido la palabra después de tanto tiempo, no esperaba que esa
fuera una manera de hacer las paces. Tenía que actuar si quería continuar día
tras día entrecruzando solo un par de palabras, ella buscaba demostrarle de lo
que era capaz. Recordó los escandalosos consejos que Robert le había dado, aun
no estaba segura de que sería buena estrategia emplearlos. En la guerra y en el amor todo se vale le había dicho Rob, pero
¿sería esa la mejor opción?
-¿Está usted poniéndome atención?- preguntó puesto que aun seguían demasiado
cerca, ella lo ignoro totalmente cambiando el tema.
-En fin “capitán” si me disculpa usted,
necesito acomodar mis pertenencias, veinte días son demasiado para no tener un
espacio donde poder dormir ¿Alguna sugerencia?- ¿Porque siempre termino discutiendo con él? Necesitaba hallar una
manera de provocarlo.
-¿Pero qué…?- Bridget se olvido que él
permanecía dentro de la cabina cuando ella comenzó a sacar y poner objetos
personales en cualquier lado, sombreros, peinetas y unas cajas que parecían
contener joyas y horquillas. James simplemente estaba anonadado.
-¡Qué diantres haces Brie! Quien te ha
dado de permiso de apoderarte de ¡Mi, cabina! - ella siguió ignorándolo,
caminando de un lado al otro dejando regadas sus cosas.
-Ni en un millón de años dormiré en un vil
catre James- aun no asimilaba ver como ella con descaro se aprovechaba de ¡Su
cabina!, sintió bullir el odio desde su pecho, abrió la boca para decir algo
pero en ese instante Brie se dejo caer en la cama de golpe.
-¡Uf! Estoy cansada- doblo una rodilla
apoyando la zapatilla en el baldaquín de estilo francés con toda la naturalidad
del mundo, el largo de la falda dejo entrever la media blanca de seda y la
pantorrilla. James sintió un escalofrío recorre su columna, sus mejillas
acaloradas, leves jadeos escapando de sus labios rosados y su actitud
despreocupada ¡Dios! Era una maldita tentación, ni un monje podría resistirla.
¡Oh por favor que funcione! Decidida se arriesgo a su primer
intento y espero paciente. James camino lentamente hacía ella totalmente
hechizado, el corazón latía desbocado, maldijo su debilidad pero intento
abstenerse. Bridget estaba nerviosa con sus manos crispadas aferrándose al
cobertor y apoyo un brazo en la frente. Pero cuál fue su sorpresa al sentir que
en vez de tocarla él simplemente le acomodo la falda cubriendo la pierna lo más
que esta le permitía. James hizo un esfuerzo sobrehumano para no rendirse ante
esa provocación saliendo repentinamente. Y esa noche por primera vez en mucho
tiempo, él no durmió en la cabina.
-¡Que Bridget! ¿Qué?- Robert no pensó que
de veras se atrevería Brie a provocarlo. Habían transcurrido dos días desde la
salida de Dunkerque.
-Tal y como lo has oído Rob, se atrevió a
dejarse ver…am…eso. Entiendes ahora porque simplemente no la comprendo ¡Dios! –
se paseo nervioso de un lado a otro, Robert mantenía el curso del barco girando
cada cierto tiempo el timón, definitivamente debía dale más consejos. Sonrió
para sus adentros –Estoy empezando a arrepentirme de haber aceptado llevarla.
-Vamos relájate y disfruta del viaje, hoy
hace un día perfecto para navegar, con este buen viento llegaremos en menos tiempo.
Tal vez día y medio menos.
-No puedo relajarme sin saber que Ettore
nos viene pisando los talones Rob, tu sabes que por eso hemos salido casi
huyendo de Francia, además, tu sabes es él el motivo de este viaje.
-Como es normal en ti meterte en líos como
este, tú sabes bien que Ettore tiene cuentas pendientes contigo por robarle su
mejor presa.
-Y cuando hablaste con Chalíer, te dio al
menos las coordenadas de la isla que El capitán Bernardo usa de base.
-No Rob y esa es la razón por la que
iremos a Italia, lo único que me dijo es lo que ya te había comentado el día
que lo visite. Y según Chalíer, la propiedad de Turquía posee los mapas y luego
de Italia esa será nuestra parada- James reflexiono sobre el plan nuevamente.
-¿No crees que estos muchacho necesitan
parar a descansar en Damasco? Hemos viajado, Egipto a Londres y de Londres a
Milán para regresar a Avonmounth. Y lo más que hemos parado en cada puerto han
sido de cuatro días a una semana- James no había considerado a su tripulación
el podría viajar de Damasco a Turquía solo con poca gente y ahorrarse tiempo en
el trayecto, mientras más rápido lograran encontrar el paradero de la Isla y
entregarle a Roven los mapas estaría la deuda saldada y tendía un perseguidor
menos.
Los vientos
del sur duraron lo suficiente como para adelantar un día de viaje, pero tras
diez días transcurridos el clima subió de temperatura y la tripulación sufría
de un calor insoportable, sofocante. Uno de esos días Brie admiraba a James
mientras él con la vista fija en el horizonte desde el castillo de popa dirigía
la imponente fragata inglesa, vestido con una fina y delgada camisa de algodón
blanca, un pañuelo color verde anudado en la cintura del pantalón negro, pegado
a sus fuertes y musculosas piernas, y unas botas cafés, era la personificación
misma de un pirata desalmado. Dando órdenes a su tripulación, que con cierta desgana
provocada por el calor hacían sus trabajos, mientras que el barco entraba a
aguas internacionales españolas. Trafalgar estaba a dos días más de viaje pero
el calor detuvo la marcha y retraso el día que habían adelantado y el esfuerzo
físico de sus hombres no lo compensaban. Las noches no eran la excepción, el
calor era igual y ni la comida proporcionaba la energía suficiente.
-James no crees que necesitan huir de este
calor, no será mejor parar un momento – Rob se había acercado al castillo de
popa, estaba preocupado.
-Hemos
soportado peores situaciones que esta Rob –Pero hasta él admitía que era una
situación crítica, una gota de sudor resbalo por la sien, paso el dorso de su
brazo sobre la frente. ¿Cómo haría Brie para soportar este calor con ese
vestido? ¡Por qué diantres pensaba en ella! A caso no tenía suficiente con
saber que lo obligaba a dormir en la habitación de Roberto, el recuerdo de Brie
recostada en cama lo tensó. Se meso el cabello hacia atrás y volvió la vista al
horizonte.
-¡Eh tú capitán! - James reparo en el
marinero que le hablaba en ese tono despectivo, Rob se puso tenso ¡Que osadía
la de ese curtido hombre! - Los demás y yo queríamos decirle que ya estamos
hartos de trabajar bajo este ¡Maldito sol! ¡Estamos cansados, sedientos y usted
no hace nada al respecto!- el hombre se acerco con determinación dando
zancadas.
-Que es esa forma de compórtate con tu
superior rata apestosa- James levanto su mano haciendo callar a Rob quien
replicaba con obvio enfado.
-A ver Hert ¿qué inconveniencia te
perturba?- El fornido hombre de casi dos metros lo miro con extrañeza por la
cortesía con la que le preguntaba.
-¡Que inconveniencia ni que pacotilla!
¡Exijo que nos deje descansar!- El hombre golpeo con el puño la barandilla.
James no se dejo intimidar por ese bocaza y se acerco lentamente con la mirada
impasible, inmutable.
-Dime que estas buscando. Pelear conmigo o
exigir derechos.
Brie se
sobresalto al oír el golpe sordo que venía desde el alcázar, estaba tan
ensimismada en su siguiente movida que no se había percatado de la disputa
entre el marino y James. Los demás tripulantes se iban acercando lentamente
observando la escena. Uno hombre mucho más alto que James y el doble de
corpulento, discutía con afán. Rob intentaba interponerse entre ellos
deteniéndolos con los brazos abiertos.
Bridget
perdió de vista la escena ya que la multitud había cerrado el campo de visión y
se levanto de la barandilla del estribor, donde ella se encontraba. El enorme
hombre no daba su brazo a torcer y empujo a Rob haciéndole cae de trompicón al
suelo. Brie se alerto, podía oír con claridad los gritos que profería mientras
que James lo miraba impávido. Cuando de repente vio que James levantaba una
daga que mantenía en el cinto del pantalón y la lanzó con pericia hacia los
espectadores clavándolo en la cubierta del barco. Brie ahogo un grito, algunos
marineros se apartaron con rapidez, formando un círculo alrededor del objeto.
Noto como el matón bajaba corriendo las gradas y para su sorpresa Brie lo vio a
James saltar desde la barandilla colgándose de un amarre del mástil mayor,
cayendo justo enfrente de la daga. Brie perdió el color de sus mejillas.
-Vamos Hert no seas tan cobarde- esquino
una lobuna sonrisa y entrecerró los ojos, apoyado en un brazo y retirando la daga con el otro- ¡Prueba la
maldita hombría que tanto buscas! te sientes superior a mí. Hazlo- El fortachón
se detuvo en seco y apretó los puños, lentamente giró sobre sí. Su rostro ardía
en cólera.
-Sostén esto Rob- desclavo la daga y se la
entregó, se encamino hasta donde Hert al mismo tiempo en que se desabotonaba
con lentitud la camisa.
Brie se
quedó sin aliento cuando este dejo caer la prenda al suelo luciendo así su
escultural cuerpo bronceado. Nunca se lo imagino de esa manera, el sudor
brillaba sobre su cincelado cuerpo cual dios griego. Sintió un revoloteo en su
vientre. Se veía increíblemente atractivo irradiando un magnetismo que la hizo
desear tocar su firme pecho en ese instante, se sonrojo al reparar en esa
escandalosa observación.
James se
colocó en posición de ataque lo cual Hert imito y se preparo para el primer
golpe. Los demás gritaban con euforia “¡Vamos capitán! ¡Tú puedes Hert!”, la
adrenalina comenzó a correr en sus venas ante la expectación, llenándolo de una
potente energía. Hert lanzó el primer golpe y la lucha cuerpo a cuerpo comenzó.
James
esquivaba con destreza cada puño lanzado hacia él y golpeaba cuando Hert se
encontraba con la guardia baja, se sentía vivo, casi como renacer.
-¡Cuánto extrañaba esto!- grito lanzando
otro golpe en la barriga del fortachón, este pujo con dolor perdiendo por un
momento el equilibrio. James aprovecho para lanzar otro golpe hacia la barbilla
derribando a su oponente.
Brie volvió
a perder de vista la pelea y se adentro entre la multitud empujando con todas
sus fuerzas para apartarlos.
-¡Brie ten cuidado!- grito Rob al mismo
tiempo que ella lograba esquivar a pocos centímetros al Hert que caía a sus
pies. Entonces James reparo en ella y el terror le invadió. ¡Mierda! ¡Me ha visto! Y si que lo había
visto todo, comportarse como un bruto pirata sin alma alguna, sus miradas se
encontraron y en la de ella había miedo, preocupación. Un golpe sordo en la
mandíbula lo pillo desprevenido, Hert había logrado darle y cayó al suelo de
espaldas.
-¡James!- grito horrorizada.
-Brie quédate conmigo, déjalo terminar- le
dijo Rob quien la había alcanzado y la sostenía de ambos brazos.
James se
levanto adolorido y la busco con la mirada al oírla gritar su nombre, estaba
alarmada, pero no se dejo dominar por el sentimiento de culpa. Cerró los ojos,
oyó venir a Hert a toda velocidad para asestar otro golpe, pero James lo
esquivo dejando llevar todo su peso hacía él tomándolo de la cintura y
empujándolo hasta tumbarlo de espaldas. Hert gimió de dolor. James se levantó
jadeando y se alejo a tres pasos donde yacía su atacante aun quejándose del
golpe.
-Levántate imbécil- le dijo con voz
entrecortada, pero Hert no se movió lo había dejado sin fuerzas. James dio un
largo suspiro recogió su camisa.
-¡Hay algún otro esperpento con otra
queja!- grito con furia. Los demás murmuraron entre si y negaron contestando
casi en unísono.
-Al menos ya no volverá a molestarte por
un buen rato- dijo Rob entre risas- menudo show que has armado.
-El maldito me estaba sacando de quicio
Rob, necesitaba una maldita lección – James se quejo, la mandíbula le dolía.
-Rob traje
lo que me pidió… ¡Santo Dios!- aun seguía sin camisa Brie se sonrojo.
-Bridget
atiéndalo usted no puedo descuidar el timón- Brie trago grueso y asintió. Rob
salió dejándolos solos. James la observo acercarse, estaba sentado en la cama
del camarote aun respiraba agitado. Brie puso en un banquillo frente a él.
James contuvo el aliento.
-El agua esta fría así que te aliviara la
inflamación – dijo cabizbaja remojando el trapo con cierta torpeza. Levanto la
vista y examino su rostro, la mandíbula y el mentón estaban hinchados, el labio
inferior herido dejaba un hilo de sangre correr hasta perderse en la hendidura
del cuello. Con sumo cuidado limpio con la mayor delicadeza posible su labio.
El roce delicado de la tela, más parecía una sedosa caricia, cerró los ojos
disfrutando el contacto y un escalofrío recorrió la espalda al sentir el húmedo
y fresco lienzo que repasaba el área lastimada. Contuvo el aliento al sentir
como ella trazaba la línea de la boca con los dedos trémulos hasta llegar al
cuello, la sensación era simplemente erótica y lo estremecía. No había pasión,
no había lujuria, era una dulzura, era
algo que aún no podía describir con palabras.
-Eres un idiota- le dijo y sin esperar
respuesta deposito un rápido beso en sus labios lastimados. James sintió una
corriente eléctrica que recorrió desde los labios y el vientre hasta el corazón
haciéndolo palpitar desenfrenado, se olvido de todo dolor que sentía en su
magullado cuerpo y tomándola del cuello retomo el beso, pero esta vez fue un
beso pleno. Ella se dejo llevar, era un beso cargado de una emoción
electrizante completamente diferente a la anterior. Era diferente, más
profunda. Se limito a estremecerse con cada excitante sensación entreabriendo
los labios, James respondió profundizando el contacto llevándolo a un nuevo
nivel de necesidad. La temperatura era más alta, sofocante y el beso era el
culpable. James perdió la cordura al sentir como ella empezaba a reaccionar, se
aparto de sus labios para continuar descendiendo una serie de besos en el
cuello. Brie abrió los ojos de golpe y gimió en respuesta a la nueva sensación. James bajo
de la nubosa y encantadora conexión, el sueño comenzaba a ganar la batalla. La
estrecho entre sus brazos apoyando la cabeza en el hueco de su cuello,
respiraba con dificultad. El agotamiento lo invadió por completo y bostezo, a
lo cual Brie se estremeció al sentir el aliento en su clavícula.
-Tienes
razón Brie…Soy un idiota- y diciendo esto cerró sus ojos. Brie se quedo petrificada,
eso más parecía una disculpa que una afirmación, lo sintió relajarse sobre ella
y la duda agolpo su pensamiento ¿Qué era lo que quería decir con eso? Hizo un
esfuerzo para empujar su lánguido cuerpo hasta acomodarlo en la cama
cubriéndolo con la sabana. Se sentó cruzando las piernas al lado opuesto de
donde estaba y se limito a observarlo hasta que el sueño le gano de igual
manera. Su último pensamiento fue ese beso compartido y algo cambio en ella a
partir de ese momento.
-Si miras a
tu derecha, veras Gibraltar Brie- Rob se cubrió los ojos protegiéndose del
ardiente sol del mediodía- y unas tres horas de viaje esta Marruecos ¿Puedes
verlo? – Brie asintió fascinada, la zona costera y el alto peñón de Gibraltar
saludaban a cada navegante que arribaba al puerto de los Palmones. Hacia menos
de media hora que el Golden Nymph había entrado por el estrecho camino que
dividía el mar mediterráneo del pacifico y en poco tiempo se detendría en el
puerto. Centenares de barcos, fragatas comerciales ,navios monumentales y
pequeños botes pesqueros transitando a su alrededor, de diferentes formas
tamaños colores y múltiples banderas extranjeras, ondeando con orgullo en cada
una. La sensación del sofocante calor húmedo y salino, era opacado por la leve brisa marina - Está
todo listo para atracar este armatoste, capitán – Lo saludo con la mano
contraria a la que protegía sus ojos del sol.
-Buenos
días, Rob. Veo que te las has arreglado bien sin mí esta mañana – Ignoro con
obviedad a su preciosa acompañante. Brie se limito a observarlo platicar con
entusiasmo sobre lo que harían al llegar al puerto. Al parecer necesitaban
provisiones para el viaje de Italia. Pero lo que no conseguía entender es
porque seguía ignorándola de esa manera. No se sentía incomodo, su
despreocupada actitud era una claro signo de ello. No estaba enojado, pues se
le veía con mejor humor que los días anteriores. Entonces ¿Qué era? James es terco Brie, tan difícil de dominar
como un mar embravecido se recordó de Rob y sus consejos. Si en verdad ella
tenía que ser la de la iniciativa, haría todo lo que podría por ganárselo.
Al poco rato
el Golden Nymph entro en el golfo de Gibraltar. James les dio órdenes a los
marineros, de reunirse en una taberna. Primero tendría que hablar con Carlos
Ferrer, para saber si había encontrado la pieza del rompecabezas faltante de la
expedición a Turquía. En Italia tendría la ubicación exacta de la cueva del
enemigo, dejaría a Brie en Inglaterra, lejos para siempre de su vida errante y
viajaría a Damasco. Las calles de Palmones atestadas de gentes de diferentes
clases sociales, deteniéndose en las ventas callejeras. El zoco sirio no era muy diferente a ese lugar.
-¡Lady
Bridget! Que sorpresa más encantadora- Saludo un apuesto joven de reluciente
cabellera negra y ojos verdes haciendo juego con su maravilloso y elegante
traje con porte de caballero. Brie no cabía del asombro. James arqueo una ceja.
-Sí que es
una sorpresa lord Kent ¿Qué negocios lo traen por acá milord?- ahora fue el
turno de ella de ignorar a sus acompañantes plantándose frente al tal “señor
Kent”. James los miro con recelo.
-Negocios
comerciales, me temo lady Brie. Pero ¿Cómo es que la marea se ha traído a flor
más rebelde de Londres? - Contesto
guiñándole el ojo con picardía. James entrecerró la mirada y Rob le dio un
codazo preguntándole quien era con la mirada. James de igual manera le contesto
que no era mayor problema, ya le conocía, aunque muy poco pero era suficiente
para saber no confiar mucho en él.
-Y supongo
que tú debes ser el famoso lord James, del que tanto me habla lady Brie –
avergonzada le dio le lanzo una mirada significativa a su amigo. Los vio
estrechar sus fuertes y trabajadoras manos con cortesía pero el rostro de James
decía mucho de lo que pensaba. Brie por primera vez lo vio como un leopardo
acechando su presa esperando el momento oportuno para atacar, parecia como si
estuviera analizando la manera de atacar a su objetivo con presteza. Robert la
miro y basto verlo para entenderlo todo. Hay
que sacar provecho de las oportunidades donde puedas verlo con la guardia baja
había dicho cierto día y sonriéndole a Rob abiertamente, interrumpió la
conversación de “la presa y el cazador”.
-Y cuénteme
milord ¿Qué tipo de negocio viene a hacer? Han dicho las malas lenguas que está
invirtiendo en un viñedo ¿No es así?- Lo tomo de brazo con total confianza
invitándolo a caminar delante de ellos; y saco el arma secreta de la mujer: El
abanico.
-¡Esta
coqueteando con él!- le dijo Rob en voz baja. -¿Y tú como lo sabes?- contesto
imitando su voz. -Sabes, solo hay dos razones por las que las mujeres
sutilmente pueden coquetear sin ser indecorosas. ¿Que no te enseñaron eso en
clases de etiqueta “Señor conde de Tortworth”?
-¡No lo
decía por eso idiota! Claro que se porque lo hace lo que no entiendo es como un
rastrero como tú conoce de etiqueta.
-Te recuerdo
que la experiencia con tantas cortesanas de salón usan ese método con descaro,
es mi mejor maestra- le guiño el ojo con suspicacia.
-¡Maldita
lagartija escurridiza! tal vez hoy estés casado, pero tu pasado dice mucho –
sonrió con desfachatez. Continuaron observando a la pareja, James sentía un
enorme impulso de abrirse campo entre ellos y reclamarla como suya. Se sentía
impotente, pero se contuvo.
-Veo que al
fin cumpliste el sueño de salir de Bristol y recorrer el mundo Brie.
-No es tan
divertido como lo esperaba, pero admito que han pasado circunstancias
interesantes últimamente - Admitió recordando con un suspiro los momentos
llevados hasta hoy, pero ella necesitaba más aventura de la que había vivido,
de eso estaba segura de conseguir. -Veo que aun no has conquistado el corazón
de tu “Caballero andante”.
-Aun sigo
luchando Kent, pero es más testarudo que un burro montacargas – dejo su mente
un momento vagar por una corazonada “Y si…”
-Tus
metáforas, no sé si reírme con ellas o reprenderte por decirlas de una manera
tan impropia- Respondió con jovialidad. Brie sonrió ante el comentario. No pudo
evitar darle un golpe con el abanico cerrado regañándolo con la mirada por su
burla, cosa que no paso desapercibida por James y un bufido escapo de sus
labios. Brie se apoyo un poco en el hombro de Kent y le pidió que le ayudara,
Kent comprendió la situación sin que le especificara detalles y giro sobre si
para enfrentarse con su cazador. – ¿James que lo trae por acá? – James que
llevaba casi medio trayecto murmurando maldiciones recordó la reunión con
Carlos, miro significativamente y Rob carraspeo incomodo. Dudo antes de
responderle, busco una justificación que fuera fácil de tragársela. – Tengo que
emm… hacer negocios con un mercante, su nombre es Carlos. Me asegura que me
tiene mercancía de especias de su último viaje y quiere intercambiarlas conmigo
– reprimió un suspiro de alivio.
-¿Y dónde
piensa reunirse?, ¿No le molestaría hacerles compañía en el trayecto?
-No es
ningún problema milord- interrumpió Rob – al contrario, justo le iba a pedir si
tendría la amabilidad de hacerle compañía a lady Brie. Pues vera que los
negocios no son para que una dama los escuche.
–Tiene razón
¿eeh…? – Rob milord, mi nombre es Roberto – espero paciente a que entendiera la
indirecta, miro a Brie para que ella entendiera el secreto oculto en la
conversación. Ella lo entendió de inmediato. – Me parece una excelente idea
Rob, tu sabes que los negocios los aborrezco. Gracias Rob eres muy amable por
preocuparte por mí – Y como si no fuera suficiente Rob salía de nuevo saliendo
de un lio y enredándolo en otro. Miro la conversación percatándose que lo
estaban excluyendo de alguna manera muy sospechosa. Saco su exclusivo reloj D.D
Neveren de bolsillo, hace diez minutos debió de haber llegado a la maldita
taberna. – Rob tenemos que irnos, regresaremos pronto, la dejo en sus manos
Kent. Cuídela – mas parecía una advertencia que una petición. Con una leve
inclinación se despidió.
-Ya
Volveremos Brie, no se alejen mucho – se adentro entre la multitud de la calle
opuesta al puerto, desapareciendo junto con James en la esquina primera a la
par de un motel de baja categoría. Por momentos se detenían procurando en medio
del laberinto de casa encontrar la famosa taberna y a menudo disminuían el paso
para ubicar la calle correcta. Minutos después la mugrienta y nauseabunda
taberna rodeada de terribles pestes llamados piratas aleteaban como murciélagos
buscando el confort de una compañía indecente y el plato fuerte del local: Ron
en exceso. Olores insoportables, exorbitantes y escandalosos sonidos, ebrios
cantando por doquier que interrumpieron su canto al ver entra a James seguido
de Rob. El silencio se impregno en el lugar y seguido de ellos los murmullos
aumentaban a medida que ellos se movían con paso firme y decidido sin
demostrarse inferiores de importancia. Llegaron más rápido de lo hubiesen
pensando y al golpearcon fuerza la puerta y abriéndola instantáneamente al
escuchar respuesta del habitante en el interior.
-¡Bienvenido
seas Edham! Las mareas sí que traen olas de gran tamaño…
Así las
palabras quedaron en el aire seguido de una puerta crujir y el hombre cuyo
nombre fue mencionado entro con triunfo hacia la respuesta que buscaba.
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