CAPITULO 4
(Parte II)
¿Eso era
música? A pocos metros del palazzo, la fiesta había comenzado nobles vestidos
de seda, encaje y mascaras se reunían en la entrada principal del lugar. Iba a
ser una noche muy larga e inolvidable, a medida que el carruaje avanzada hacía
el centro de la piazza, el palazzo estilo gótico con arcos ojivales cubrían la
fachada principal y las pequeñas columnas a lo largo de la entrada se erguía en
todo el esplendo de su época dorada. Las luces se colaban por cada ventanal
como antorchas en una noche oscura. Una noche de fiesta, una noche de misterio.
Miles de secretos detrás de antifaces multicolores aglomerados en el salón de
baile. James y Brie se abrían paso entre la multitud que con gran entusiasmo
esperaban la salida del gran Dux, quien luego de su tradicional discurso
abriría el tan esperado evento.
Analizó detenidamente cada pequeño
espacio del lugar olvidándose de la existencia de su rebelde acompañante. Hay muchos lugares por donde trepar sin
ser visto, pensó observando la fachada de la iglesia. Recorrió con la mirada
por encima de la multitud rezando con fervor por no encontrar una cara conocida.
Su mirada cayó en Bridget, como demonios la había dejado irse tan lejos, esa
inocente y curiosa mujer se disponía a probar Grappa como si fuera un ponche. Dejo de meditar y de una rápida andada llego donde ella.
-Si yo fuera tu me lo pensara al menos
dos veces- le comento intentando parecer calmado – a menos que quieras terminar
cantando el Himno de Inglaterra a media noche, adelante – Brie detuvo la copa
en sus labios y lo miro con terror.
– ¿Es un licor? – no necesito
respuesta.
- ¡Buonanotte tutti! – anuncio solemne
el Dux, sus súbditos vitorearon su nombre – Dio
nos permite otro año más de desenfrenada libertad este día… bajo la gracia de Dio, Hoy no hay reglas. Porque las
reglas las pondrán todos y cada uno de ustedes… – Paolo, Paolo aclamaban sus fieles. James ya empezaba a sentir asco,
por lo contrario Brie miraba fascinada algo completamente nuevo y atractivo
para ella. Plumas, adornos, encajes, su vestido escandalosamente dorado se veía
como un punto más en esa marea de mascaras y telas de vibrantes colores. El Dux
continuaba su afanoso discurso pero Brie apenas entendía, la música comenzó a
tocar esos famosos bailes de época y muchos de los asistentes se dispusieron a
danzar con alegría, el carnaval había comenzado.
James aun buscaba de que manera
distraer a Brie y colarse por la iglesia, sabía muy bien que esta era su única
oportunidad. Maldijo el no tener a Rob en ese momento, pero Brie se paseaba a
su alrededor sin importarle si hubiese venido sola. Muchos de los asistentes la
saludaban sin conocerla, la invitaban a danzar junto con ellos. Ella no
entendía nada de lo que estaba ocurriendo más que saber que era una fiesta. El
licor era el plato principal de la noche y era bebido en exceso. Ella trago
grueso, no era realmente como se lo había imaginado.
Luego de una batalla entre su conciencia y
corazón James decidió llevarla consigo, pero al ver a su alrededor ella ya no
estaba. Maldición exclamo para sí y
con notoria desesperación corrió entre la multitud.
El bullicio aturdía y sofocaba por
cada paso, Brie se sintió mareada pero no fue eso lo que la envalentono a
continuar ahí, sabía que por su voluntad había accedido a asistir y a pesar de
ese sentimiento intento reprimirlo. El baile se hacía cada vez más escandaloso
e indecoroso, las mujeres elevando sus faldas más de lo permitido en un baile.
Brie se tensó.
-¡Maldita sea Bridget! Me has tenido
en vilo, donde te habías metido – le grito alterado plantándose frente a ella,
pero súbitamente su expresión cambio al verla. Estaba asustada; no era la misma
expresión que le había visto la noche de la fiesta de los Hammerly, sabía muy
bien como terminaría esto si ella continuaba viendo la indecente celebración -
¿Brie? ¡Brie! ¡Bridget! – la sacudió para que cayera a la tierra. Bridget
enfoco su mirada en él y su cuerpo comenzó a temblar. –Ven conmigo tonta – le
dijo tomándola del brazo y la llevándola casi a rastras hasta le iglesia, la
sentó frente al altar principal, a una distancia de una seis filas y se coloco
a la par de ella. - Ahora entiendes porque diantres no quería que vinieras –
Brie ignoro su comentario y observó su entorno, intento controlar su agitada
respiración y le contesto…
-A veces no sabes cómo comportarte con
una mujer, me tratas como a un subordinado tuyo – James se tenso, intento no
hacer más grande la discusión y la imito. Las velas de las lámparas de techo resaltaban
el dorado de su interior, observó las columnas sosteniendo la monumental bóveda
sobre sus cabezas, las figuras talladas y recubiertas de oro, gloriosas
pinturas decorando cada espacio libre en el alto techo. Esplendor y belleza
bizantina sobresaliendo de cada roca esculpida y en el altar mayor, un enorme y
soberbio presbiterio de madera tallada iluminada por la tenue luz exterior de
la fría noche. De repente, su mirada se poso en el altar y recordó la frase que
Carlos le había dicho: “A los ojos detrás
del Dios superior haz de ver y así su cruz cargar, que para su agonía descifrar
tras la máscara de oro y cristal”.
- Dios superior… ¡El Cardenal! - Se
levanto bruscamente y camino hacia el altar mayor y se coloco detrás de él. - A
los ojos detrás del Dios superior haz de ver y así su cruz cargar… El
Cardenal mira hacia adelante pero no hay
cruz frente a él... ¿Cuál cruz…por detrás? – Observo detenidamente dentro del
presbiterio adornado por los doce apóstoles, San Juan y la virgen.
Brie a pocos metros lo veía con total
desconcierto. James intentaba descifrar algo, camino hacia donde él y le oyó
balbucear sobre una cruz adelante del Cardenal. Ella no comprendía hasta que
vio la cruz del presbiterio detrás del altar. – La cruz – Señalo automáticamente.
James vio donde ella apuntaba y en sus ojos hubo un destello de entusiasmo.
-¡Claro la cruz! – Respondió con
emoción - Tras las mascara de oro y cristal… - recito. – Pero por supuesto
mascara de oro… la Pala d’oro, entro por el presbiterio hasta donde estaba, las
incrustaciones de esmalte y pedrería, similares al cristal del acertijo, eso
estaba fácil; pero había un problema, la frase terminaba hasta ahí y no había
más indicios. James. James ¡Vamos! Piensa,
se dijo. “El Dux Paolo tiene la clave”,
recordó. – Paolo. Paolo – se sobo el mentón con los dedos – Paolo… Pablo.
¡Pablo! ¡San Pablo! – exclamó, al mismo tiempo que recorría con la mirada cada
centímetro del retablo buscando a San Pablo.
Hizo un gesto cargado de satisfacción,
lo había hallado. Toco con suavidad cada moldura de esa zona hasta que sintió
una inusual línea de separación de la figura de San Pablo. Presiono sobre el
esmaltado y un suave clic le acompaño. Brie se ubico hasta donde él,
manteniéndose a la expectación del momento. La figura se abrió y en su interior
estaba un papel enrollado, James sonrió con triunfo, pero el golpe de una
puerta cerrarse lo devolvió a la realidad de las circunstancias. Y allí de pie
en la pequeña antecámara de su derecha estaba Ettore.
-¡Vaya! Parece que Ulibarri te hizo
pensar con sus famosos acertijos – contesto Ettore un hombre con porte regio y
despidiendo soberbia por cada poro. La mirada felina de depredador, unos ojos
oscuros como el mar negro, cabello negruzco y sostenido en una coleta; Y su
piel, bronceada por los días bajo el ardiente sol del desierto. El físico era
casi el doble de tamaño que James, tenía un aspecto perturbador. ¿Ettore? Brie no cabía del asombro no
podía creer que tan rápido lo hubiese encontrado, pero la manera tan
amenazadora que le dirigía a James ponía muchas dudas sobre su mente y decidió
callar. James se crispo, su rostro cambió tan rápido que Brie a penas entendía
lo que ocurría; miraba con odio a Ettore, un odio que difícilmente podía
ocultar. Seguido de él, entró el Dux por
la presbiterio, con su firme y decidido andar y una fila guardias detrás de él
deteniéndose frente a ellos.
-Bienvenuto
Edham ¿Me parece que nos hemos encontramos en más de una ocasión? – ¿Edham? Brie no comprendía ¿Por qué se
dirigía a él como Edham y no como James?
-Deje eso en el suelo Edham, no querrá
causar un embrollo el día de hoy; la noche nos ha favorecido con un clima
perfecto como para morir ¿No cree? – James soltó el rollo de papel, este rodo
por el marmoleado suelo hasta detenerse a pocos centímetros de un candelabro. -
Pero que es lo que ven mis ojos, no es esa una joven dama de alcurnia. ¿No
sabía que disfrutaba de las de ese tipo?- James apretó con fuerza sus puños,
¡Maldito! Y se atrevía a decirle prostituta en su cara. La miro de reojo, ella
estaba asombrada, parecía haberlo reconocido. Pero, como una infantil e
inmadura mujer como ella reconocería a esa peste. Ettore avanzó hasta donde
ella, James se quiso colocar frente a él cortándole el paso pero la guardia
real apunto con sus rifles hacia donde él eso lo hizo detenerse.
-Tranquilo, que no haré daño alguno a
su frágil cuerpo. Si es que ella no me da un motivo. – la observo con lascivia
elevando una ceja y ella sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sus ojos
eran tan verdes, de lejos juro haberlos visto negros. -Sua Majestà, esto ha resultado más fácil de lo estábamos esperando,
será posible saborear más este triunfo – tomo con firmeza el brazo de Brie y
tiro de ella hasta donde uno de los guardias. James comenzó a sentirse impotente.
No quería, no debía, pero él le daba razones suficientes para actuar con
imprudencia. –No piensa decir nada. Ni siquiera un último deseo antes de morir
– Brie reprimió un gemido de asombro.
-No cante victoria tan pronto Ettore,
o debería decirte Yilan. Para mí, ninguno de esos nombres le da significado a
la escoria que eres – James realmente no tenía ni idea de cómo salir de esta y
eso lo ponía en una situación de desventaja.
Observó su entorno en busca de un algo que le facilitara una escapada y
le diera una esperanza, lo único que logro ver fue a ella. ¿Ching? Por detrás del presbiterio una mujer le hacía un ademán de
silencio seguido de un guiño, James sonrió como respuesta y regreso su mirada a
Ettore.
-Que no cante victoria – Se burlo –
Pero si esta partida ya está ganada. Ahora deja tu arma en el suelo y
terminemos de una vez con esto – James desenfundo la navaja que mantenía por
dentro del chaleco y se coloco de rodillas. Lo último que se vio fue una daga
cortar el brazo del guardia que sostenía a Brie, desatando el caos a su
alrededor. La guardia rodeo al Dux para protegerlo de alguna amenaza. Ettore se
lanzo hacia James con la daga dispuesta hacia él pero este le esquivo con
destreza tres de los guardias llegaron a su encuentro y James se defendió con
los puños.
Bridget se soltó de su captor y choco
de espaldas con la grácil mujer de
aspecto oriental que combatía con una escolta del Dux. Ella la saludo con una
leve inclinación mientras que con una sonrisa derribaba a su oponente,
tumbándolo con maniobra de autodefensa. Brie quedo impresionada por la agilidad
de esa pirata oriental.
-Quédate junto a mí si amas tu vida –
le dijo colocándola detrás de ella.
James por otro lado había logrado
deshacerse de los guardias y se disponía a coger el rollo de papel que
anteriormente había arrojado al piso. Ettore logro alcanzarlo antes que él y
eso lo puso de un humor terrible. Se desprendió del saco, seguido de la
chaqueta. Ettore lo imito.
-Pretendes quedarte con toda la
diversión – Roberto había le había tomado por sorpresa, había llegado más
rápido de lo que esperaba y le defendía de dos guardias que iban hacia él. Los
demás guardias que protegían al Renier había desaparecido entre la pelea y
nuevas tropas se hacía presente en el acontecimiento. James luego de sonreír
hacía su compañero de aventuras tomo el estilete, que mantenía escondido en su
bota y se coloco en posición de ataque. Pero Ching fue más rápida que James golpeándole la cabeza a Ettore
dejándolo inconsciente.
-Otro día tendrás tu venganza James,
hoy no será ese día. Hay que largarnos de aquí – se justifico. Tomo de la mano
a Bridget quien sentía todo como un sueño, una obra de teatro siendo ella la
espectadora de tal show. Por la sacristía de la iglesia avanzaron hacia a la Porta della Carta no sin antes
arrebatarle al inconsciente pirata el mapa. No muy lejos de ahí el barco se
escondía en medio de la oscura noche, los guardias reales gritaban corriendo
detrás de ellos.
Un bote los esperaba para llevarlos
hasta el Golden Nymph. Los disparos zumbaban cerca de ellos y el terror invadió
a James. Busco a Bridget con la mirada, ella corría detrás de Ching tomadas de
la mano. Sabía que no había manera de regresar el tiempo, lo sabía
perfectamente. Brie le obligaría a confesarle la verdad. Su momento de
debilidad le había dado consecuencias irreparables, hoy tendría que aceptar que
no podía seguir escondiendo su identidad. Lograron camuflarse por la noche y
por suerte ninguno había resultado herido en el trayecto. A los pocos minutos
abordaban el barco. Rob no espero instrucciones y puso en marcha la fragata
saliendo lo más rápido y lejos posible de Venecia.
Lo peor ya había pasado, James había logrado
obtener los rollos, esquino una sonrisa satisfecha apretando con su mano el
secreto mejor guardado de su enemigo Ettore o Yilan Hain, el demonio de altamar
que tenía lo que le pertenecía y James estaba dispuesto a todo incluso a perder
la vida por recuperarlo. El grupo, seguido de la tripulación se acerco a
cubierta.
-No nos hemos presentado con formalidad,
mi nombre es Ching Shih La Reina
Pirata de toda Asia – inclino su cabeza hacia adelante en signo de respeto.
Brie respondió con una leve inclinación. Ching
era una bellísima asiática de cabello azabache hasta debajo de los hombros, su
vestimenta era algo tradicional, pero adaptado para una mayor movilidad. A
pesar de ello su femineidad no se perdía en sus ropajes, sino, que resaltaban
cada excepcional curva de su cuerpo, sus ojos negros proyectaban la belleza de
su raza y su fino rostro escondía una persona determinada.
-Mi nombre es Bridget.
-Lady Bridget – le corrigió James.
-Ya sabes que odio los títulos, James
o debería decir Edham. Porque no entiendo cuál es tu verdadero nombre – James
trago grueso.
-Dejémoslo en James por el momento
–respondió desviando la mirada.
-¿A dónde nos dirigimos ahora,
Capitán? – pregunto Rob; Avanzo hasta el timón y aferrándolo con una mano
espero con la paciencia de un primer oficial a cargo. James medito la pregunta,
la mejor opción era parar en Damasco estaban a pocos días ya no podía regresar
a Brigdet a Bristol. Se metería en serios problemas ahora que ella sabía que le
llamaban Edham. Aunque no fuera lo suficiente como para afectarle en gran
escala, el miedo a enfrentarse a la verdad y revelarle su secreto lo tenía
inquieto. Ettore casi lo había detenido antes de completar su misión, hoy ya no
estaba seguro ni siquiera en altamar. Volvió a apretar en sus manos el mapa y
después de un suspiro acepto la idea de ir a su segundo hogar.
-Llévanos a Damasco Rob – Brie abrió
la boca de asombro y la cerro al instante. Aun no comprendía todo lo que
ocurría y no tenía ni idea de lo que aun le aguardaba. Ching sonrió aprobando
la idea. Y así partieron rumbo al país donde el agua sería lo último que
verían. Damasco.
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