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viernes, 19 de abril de 2013

Los Secretos del Mar - Capitulo 4 (parte II)


CAPITULO 4

(Parte II)

¿Eso era música? A pocos metros del palazzo, la fiesta había comenzado nobles vestidos de seda, encaje y mascaras se reunían en la entrada principal del lugar. Iba a ser una noche muy larga e inolvidable, a medida que el carruaje avanzada hacía el centro de la piazza, el palazzo estilo gótico con arcos ojivales cubrían la fachada principal y las pequeñas columnas a lo largo de la entrada se erguía en todo el esplendo de su época dorada. Las luces se colaban por cada ventanal como antorchas en una noche oscura. Una noche de fiesta, una noche de misterio. Miles de secretos detrás de antifaces multicolores aglomerados en el salón de baile. James y Brie se abrían paso entre la multitud que con gran entusiasmo esperaban la salida del gran Dux, quien luego de su tradicional discurso abriría el tan esperado evento.

Analizó detenidamente cada pequeño espacio del lugar olvidándose de la existencia de su rebelde acompañante. Hay muchos lugares por donde trepar sin ser visto, pensó observando la fachada de la iglesia. Recorrió con la mirada por encima de la multitud rezando con fervor por no encontrar una cara conocida. Su mirada cayó en Bridget, como demonios la había dejado irse tan lejos, esa inocente y curiosa mujer se disponía a probar Grappa como si fuera un ponche. Dejo de meditar  y de una rápida andada llego donde ella.

-Si yo fuera tu me lo pensara al menos dos veces- le comento intentando parecer calmado – a menos que quieras terminar cantando el Himno de Inglaterra a media noche, adelante – Brie detuvo la copa en sus labios y lo miro con terror.

– ¿Es un licor? – no necesito respuesta.



- ¡Buonanotte tutti! – anuncio solemne el Dux, sus súbditos vitorearon su nombre – Dio nos permite otro año más de desenfrenada libertad este día… bajo la gracia de Dio, Hoy no hay reglas. Porque las reglas las pondrán todos y cada uno de ustedes… – Paolo, Paolo aclamaban sus fieles. James ya empezaba a sentir asco, por lo contrario Brie miraba fascinada algo completamente nuevo y atractivo para ella. Plumas, adornos, encajes, su vestido escandalosamente dorado se veía como un punto más en esa marea de mascaras y telas de vibrantes colores. El Dux continuaba su afanoso discurso pero Brie apenas entendía, la música comenzó a tocar esos famosos bailes de época y muchos de los asistentes se dispusieron a danzar con alegría, el carnaval había comenzado.

James aun buscaba de que manera distraer a Brie y colarse por la iglesia, sabía muy bien que esta era su única oportunidad. Maldijo el no tener a Rob en ese momento, pero Brie se paseaba a su alrededor sin importarle si hubiese venido sola. Muchos de los asistentes la saludaban sin conocerla, la invitaban a danzar junto con ellos. Ella no entendía nada de lo que estaba ocurriendo más que saber que era una fiesta. El licor era el plato principal de la noche y era bebido en exceso. Ella trago grueso, no era realmente como se lo había imaginado.

 Luego de una batalla entre su conciencia y corazón James decidió llevarla consigo, pero al ver a su alrededor ella ya no estaba. Maldición exclamo para sí y con notoria desesperación corrió entre la multitud.

El bullicio aturdía y sofocaba por cada paso, Brie se sintió mareada pero no fue eso lo que la envalentono a continuar ahí, sabía que por su voluntad había accedido a asistir y a pesar de ese sentimiento intento reprimirlo. El baile se hacía cada vez más escandaloso e indecoroso, las mujeres elevando sus faldas más de lo permitido en un baile. Brie se tensó.

-¡Maldita sea Bridget! Me has tenido en vilo, donde te habías metido – le grito alterado plantándose frente a ella, pero súbitamente su expresión cambio al verla. Estaba asustada; no era la misma expresión que le había visto la noche de la fiesta de los Hammerly, sabía muy bien como terminaría esto si ella continuaba viendo la indecente celebración - ¿Brie? ¡Brie! ¡Bridget! – la sacudió para que cayera a la tierra. Bridget enfoco su mirada en él y su cuerpo comenzó a temblar. –Ven conmigo tonta – le dijo tomándola del brazo y la llevándola casi a rastras hasta le iglesia, la sentó frente al altar principal, a una distancia de una seis filas y se coloco a la par de ella. - Ahora entiendes porque diantres no quería que vinieras – Brie ignoro su comentario y observó su entorno, intento controlar su agitada respiración y le contesto…

-A veces no sabes cómo comportarte con una mujer, me tratas como a un subordinado tuyo – James se tenso, intento no hacer más grande la discusión y la imito. Las velas de las lámparas de techo resaltaban el dorado de su interior, observó las columnas sosteniendo la monumental bóveda sobre sus cabezas, las figuras talladas y recubiertas de oro, gloriosas pinturas decorando cada espacio libre en el alto techo. Esplendor y belleza bizantina sobresaliendo de cada roca esculpida y en el altar mayor, un enorme y soberbio presbiterio de madera tallada iluminada por la tenue luz exterior de la fría noche. De repente, su mirada se poso en el altar y recordó la frase que Carlos le había dicho: “A los ojos detrás del Dios superior haz de ver y así su cruz cargar, que para su agonía descifrar tras la máscara de oro y cristal”.

- Dios superior… ¡El Cardenal! - Se levanto bruscamente y camino hacia el altar mayor y se coloco detrás de él. - A los ojos detrás del Dios superior haz de ver y así su cruz cargar… El Cardenal  mira hacia adelante pero no hay cruz frente a él... ¿Cuál cruz…por detrás? – Observo detenidamente dentro del presbiterio adornado por los doce apóstoles, San Juan y la virgen.

Brie a pocos metros lo veía con total desconcierto. James intentaba descifrar algo, camino hacia donde él y le oyó balbucear sobre una cruz adelante del Cardenal. Ella no comprendía hasta que vio la cruz del presbiterio detrás del altar. – La cruz – Señalo automáticamente. James vio donde ella apuntaba y en sus ojos hubo un destello de entusiasmo.

-¡Claro la cruz! – Respondió con emoción - Tras las mascara de oro y cristal… - recito. – Pero por supuesto mascara de oro… la Pala d’oro, entro por el presbiterio hasta donde estaba, las incrustaciones de esmalte y pedrería, similares al cristal del acertijo, eso estaba fácil; pero había un problema, la frase terminaba hasta ahí y no había más indicios. James. James ¡Vamos! Piensa, se dijo. “El Dux Paolo tiene la clave”, recordó. – Paolo. Paolo – se sobo el mentón con los dedos – Paolo… Pablo. ¡Pablo! ¡San Pablo! – exclamó, al mismo tiempo que recorría con la mirada cada centímetro del retablo buscando a San Pablo.

Hizo un gesto cargado de satisfacción, lo había hallado. Toco con suavidad cada moldura de esa zona hasta que sintió una inusual línea de separación de la figura de San Pablo. Presiono sobre el esmaltado y un suave clic le acompaño. Brie se ubico hasta donde él, manteniéndose a la expectación del momento. La figura se abrió y en su interior estaba un papel enrollado, James sonrió con triunfo, pero el golpe de una puerta cerrarse lo devolvió a la realidad de las circunstancias. Y allí de pie en la pequeña antecámara de su derecha estaba Ettore.

-¡Vaya! Parece que Ulibarri te hizo pensar con sus famosos acertijos – contesto Ettore un hombre con porte regio y despidiendo soberbia por cada poro. La mirada felina de depredador, unos ojos oscuros como el mar negro, cabello negruzco y sostenido en una coleta; Y su piel, bronceada por los días bajo el ardiente sol del desierto. El físico era casi el doble de tamaño que James, tenía un aspecto perturbador. ¿Ettore? Brie no cabía del asombro no podía creer que tan rápido lo hubiese encontrado, pero la manera tan amenazadora que le dirigía a James ponía muchas dudas sobre su mente y decidió callar. James se crispo, su rostro cambió tan rápido que Brie a penas entendía lo que ocurría; miraba con odio a Ettore, un odio que difícilmente podía ocultar.  Seguido de él, entró el Dux por la presbiterio, con su firme y decidido andar y una fila guardias detrás de él deteniéndose frente a ellos.

-Bienvenuto Edham ¿Me parece que nos hemos encontramos en más de una ocasión? – ¿Edham? Brie no comprendía ¿Por qué se dirigía a él como Edham y no como James?

-Deje eso en el suelo Edham, no querrá causar un embrollo el día de hoy; la noche nos ha favorecido con un clima perfecto como para morir ¿No cree? – James soltó el rollo de papel, este rodo por el marmoleado suelo hasta detenerse a pocos centímetros de un candelabro. - Pero que es lo que ven mis ojos, no es esa una joven dama de alcurnia. ¿No sabía que disfrutaba de las de ese tipo?- James apretó con fuerza sus puños, ¡Maldito! Y se atrevía a decirle prostituta en su cara. La miro de reojo, ella estaba asombrada, parecía haberlo reconocido. Pero, como una infantil e inmadura mujer como ella reconocería a esa peste. Ettore avanzó hasta donde ella, James se quiso colocar frente a él cortándole el paso pero la guardia real apunto con sus rifles hacia donde él eso lo hizo detenerse.

-Tranquilo, que no haré daño alguno a su frágil cuerpo. Si es que ella no me da un motivo. – la observo con lascivia elevando una ceja y ella sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sus ojos eran tan verdes, de lejos juro haberlos visto negros. -Sua Majestà, esto ha resultado más fácil de lo estábamos esperando, será posible saborear más este triunfo – tomo con firmeza el brazo de Brie y tiro de ella hasta donde uno de los guardias. James comenzó a sentirse impotente. No quería, no debía, pero él le daba razones suficientes para actuar con imprudencia. –No piensa decir nada. Ni siquiera un último deseo antes de morir – Brie reprimió un gemido de asombro.

-No cante victoria tan pronto Ettore, o debería decirte Yilan. Para mí, ninguno de esos nombres le da significado a la escoria que eres – James realmente no tenía ni idea de cómo salir de esta y eso lo ponía en una situación de desventaja.  Observó su entorno en busca de un algo que le facilitara una escapada y le diera una esperanza, lo único que logro ver fue a ella. ¿Ching? Por detrás del presbiterio una mujer le hacía un ademán de silencio seguido de un guiño, James sonrió como respuesta y regreso su mirada a Ettore.

-Que no cante victoria – Se burlo – Pero si esta partida ya está ganada. Ahora deja tu arma en el suelo y terminemos de una vez con esto – James desenfundo la navaja que mantenía por dentro del chaleco y se coloco de rodillas. Lo último que se vio fue una daga cortar el brazo del guardia que sostenía a Brie, desatando el caos a su alrededor. La guardia rodeo al Dux para protegerlo de alguna amenaza. Ettore se lanzo hacia James con la daga dispuesta hacia él pero este le esquivo con destreza tres de los guardias llegaron a su encuentro y James se defendió con los puños.

Bridget se soltó de su captor y choco de espaldas con la grácil mujer  de aspecto oriental que combatía con una escolta del Dux. Ella la saludo con una leve inclinación mientras que con una sonrisa derribaba a su oponente, tumbándolo con maniobra de autodefensa. Brie quedo impresionada por la agilidad de esa pirata oriental.

-Quédate junto a mí si amas tu vida – le dijo colocándola detrás de ella.
James por otro lado había logrado deshacerse de los guardias y se disponía a coger el rollo de papel que anteriormente había arrojado al piso. Ettore logro alcanzarlo antes que él y eso lo puso de un humor terrible. Se desprendió del saco, seguido de la chaqueta. Ettore lo imito.

-Pretendes quedarte con toda la diversión – Roberto había le había tomado por sorpresa, había llegado más rápido de lo que esperaba y le defendía de dos guardias que iban hacia él. Los demás guardias que protegían al Renier había desaparecido entre la pelea y nuevas tropas se hacía presente en el acontecimiento. James luego de sonreír hacía su compañero de aventuras tomo el estilete, que mantenía escondido en su bota y se coloco en posición de ataque. Pero Ching fue más rápida que James golpeándole la cabeza a Ettore dejándolo inconsciente.

-Otro día tendrás tu venganza James, hoy no será ese día. Hay que largarnos de aquí – se justifico. Tomo de la mano a Bridget quien sentía todo como un sueño, una obra de teatro siendo ella la espectadora de tal show. Por la sacristía de la iglesia avanzaron hacia a la Porta della Carta no sin antes arrebatarle al inconsciente pirata el mapa. No muy lejos de ahí el barco se escondía en medio de la oscura noche, los guardias reales gritaban corriendo detrás de ellos.

Un bote los esperaba para llevarlos hasta el Golden Nymph. Los disparos zumbaban cerca de ellos y el terror invadió a James. Busco a Bridget con la mirada, ella corría detrás de Ching tomadas de la mano. Sabía que no había manera de regresar el tiempo, lo sabía perfectamente. Brie le obligaría a confesarle la verdad. Su momento de debilidad le había dado consecuencias irreparables, hoy tendría que aceptar que no podía seguir escondiendo su identidad. Lograron camuflarse por la noche y por suerte ninguno había resultado herido en el trayecto. A los pocos minutos abordaban el barco. Rob no espero instrucciones y puso en marcha la fragata saliendo lo más rápido y lejos posible de Venecia.

 Lo peor ya había pasado, James había logrado obtener los rollos, esquino una sonrisa satisfecha apretando con su mano el secreto mejor guardado de su enemigo Ettore o Yilan Hain, el demonio de altamar que tenía lo que le pertenecía y James estaba dispuesto a todo incluso a perder la vida por recuperarlo. El grupo, seguido de la tripulación se acerco a cubierta.

-No nos hemos presentado con formalidad, mi nombre es Ching Shih La Reina Pirata de toda Asia – inclino su cabeza hacia adelante en signo de respeto. Brie respondió con una leve inclinación. Ching era una bellísima asiática de cabello azabache hasta debajo de los hombros, su vestimenta era algo tradicional, pero adaptado para una mayor movilidad. A pesar de ello su femineidad no se perdía en sus ropajes, sino, que resaltaban cada excepcional curva de su cuerpo, sus ojos negros proyectaban la belleza de su raza y su fino rostro escondía una persona determinada.

-Mi nombre es Bridget.

-Lady Bridget – le corrigió James.

-Ya sabes que odio los títulos, James o debería decir Edham. Porque no entiendo cuál es tu verdadero nombre – James trago grueso.

-Dejémoslo en James por el momento –respondió desviando la mirada.

-¿A dónde nos dirigimos ahora, Capitán? – pregunto Rob; Avanzo hasta el timón y aferrándolo con una mano espero con la paciencia de un primer oficial a cargo. James medito la pregunta, la mejor opción era parar en Damasco estaban a pocos días ya no podía regresar a Brigdet a Bristol. Se metería en serios problemas ahora que ella sabía que le llamaban Edham. Aunque no fuera lo suficiente como para afectarle en gran escala, el miedo a enfrentarse a la verdad y revelarle su secreto lo tenía inquieto. Ettore casi lo había detenido antes de completar su misión, hoy ya no estaba seguro ni siquiera en altamar. Volvió a apretar en sus manos el mapa y después de un suspiro acepto la idea de ir a su segundo hogar.

-Llévanos a Damasco Rob – Brie abrió la boca de asombro y la cerro al instante. Aun no comprendía todo lo que ocurría y no tenía ni idea de lo que aun le aguardaba. Ching sonrió aprobando la idea. Y así partieron rumbo al país donde el agua sería lo último que verían. Damasco.

domingo, 10 de marzo de 2013

Los Secretos del Mar - Capitulo 4 (parte I)


“La intuición de una mujer es más letal que una daga, una mujer intuitiva es simplemente atractiva”
Lord James Tortworth
(Parte I)
El Golden Nymph llevaba 10 días navegando en aguas profundas, Génova era su siguiente parada. El calor del mediterráneo cada vez imposibilitaba un viaje en el tiempo planeado, toda la tripulación al borde de la desesperación se aferraba a su único entretenimiento: Los dados del pirata. Pero a pesar de ello Brie era la única persona que sonreía, aún recordando aquel día en Los Palmones…

-Kent ayúdeme ahí viene- estaba nerviosa sabía muy bien lo que se había propuesto a hacer, estaba desesperada y necesitaba aprovechar el momento. A lo lejos James tranquilamente avanzaba. Brie no espero que Kent se adelantara. – Está haciendo un calor horrible Kent, puede ayudarme si es tan amable – le ofreció su infame abanico poseedor de secretos que solo ella guardaba para sí cada vez que necesitaba esconder su descarados pensamientos. Kent lo acepto abriéndolo con inexperiencia y comenzó a abanicarla con delicadeza.

James se detuvo en seco al ver la escena de la despreocupada Brie siendo abanicada por el “señor Kent”, sus expresiones decían mucho. Sus entrañas recibieron el golpe de la ira, revolviendo con incomodidad todo su interior, apretó sus puños intentando controlarse. Respiro controlando su rabia lo más de lo que su mente le permitiera, intentando en el fondo de su pensamiento no se cegase por el sentimiento que corroía dentro de sí. Rob lo sostuvo del brazo al verle el rostro, era demasiado evidente el sentimiento que proyectaba. Su autocontrol fue derribado al verla apoyarse levemente en el nombro de él y con toda la furia desatada se acerco donde la “parejita” se encontraba. Kent se levanto de golpe al verlo venir hecho un tornado hacia donde ellos, Brie no movió ni un musculo preparándose para el impacto. Esperó paciente sin mostrar emociones sabía que él estaba encolerizado, su rostro no sabe esconder sus sentimientos.

-Si ya terminaste con tu numerito Brie es hora de marcharnos – Su voz era grave conteniendo al máximo la cólera. –Aun no he terminado James, sigo teniendo calor – contesto con aire de indiferencia. Hizo caso omiso de su respuesta tomándola con fuerza del brazo. Brie se mantuvo neutra negándose a quejarse del dolor ante la brusca presión ejercida por su potente brazo. – Estoy afirmándote que es hora de marcharnos – intento reprimir sus emociones a proporciones gigantescas, no quería causar un show en pleno muelle.

***

-Se puede saber cómo se te ocurre comportarte así ¡En plena calle! Como una… como una…

-Como una cualquiera James, eso quieres decir. Como una que se deja hacer de todo- Contesto enfadada. Se atrevía a decirle en la cara algo tan despreciable, eso no era digno de dejarse pasar por alto. – Tienes idea de lo estúpida que te veías montando una escena como esa coqueteando vulgarmente con un hombre que no te esta cortejando – No entendía, no comprendía como ella con su posición como dama, obligara a cualquiera a dejarse manipular por ella. Se paseo dentro de la cabina con evidente preocupación, la reputación de ella es más frágil que la seda en un rosal espinoso, un leve tirón y se desgarra. – Crees que no sé el verdadero motivo de tu actitud hacia mí desde que toque puerto en Bristol.

-Odio que te preocupes más por mi reputación que por acercarte a mí y por ignorarme ¡Dios! Como odio que lo hagas.

-Es que tú no entiendes ¡Maldición! No entiendes las situaciones que me haces pasar – se meso el cabello con desesperación. Lo estaba sacando de sus cabales, temía por ella. – ¿Acaso estas celoso James? – Se detuvo instantáneamente, la miro con desconcierto. - ¿Qué? – Fue lo único que consiguió decir. Tomándola por sorpresa la contramino bruscamente en la pared, pegada a la puerta de acceso a la cabina. Brie sintió aprehensión en el instante en que sintió su mirada cargada de furia, lo vio batallar contra sus sentimientos – Eso era lo que querías verdad Bridget, celarme – Le respondió casi escupiendo con asco las palabras – No soy tan débil e idiota para tener ese sentimiento tan superficial e inmaduro – Frio totalmente frio. La mirada cargada de odio, solo expresaba rechazo. Porque tenía que verse tan odiosamente atractivo, su mirada exudaba soberbia, arrogancia. Hipnotizada Brie sintió el calor que emanaba de su cuerpo, un escalofrío recorrió su espalda marcándole como una llama caliente cada fibra de su piel, haciendo correr a millas por hora su corazón. Comenzó a respirar agitada, James sintió su energía como un imán terriblemente irresistible, acelerando más su agitado corazón. Brie hizo lo único que hace días había rogado por tener, y  rindiéndose a sus sentimientos tomo el rostro entre sus manos y lo beso.
Si. Si que recordaba cada momento, respondió de inmediato a su caricia. La sensual batalla que ambos luchaban por sobrevivir, los hundió de inmediato en las aguas del deseo. James perdió todo rastro de lo poco de conciencia que le quedaba al momento de sentirla sobre sus labios, atrevida, audaz. Pego más su cuerpo con el de ella contraminándola contra la pared, poso la mano sobre su mejilla acercándola más, queriendo sentirla con una desesperación igual o peor que un viajante del desierto sirio en busca de agua bajo sol del mediodía, sorbió del ella cual agua del oasis. Brie dejo caer sus brazos dejando cuerpo disfrutar de cada contacto, apoyo sus manos en el torso esculpido permitiendo fundirse en el con mayor alcance. James bajo una mano hacia la cadera y con suavidad recorrió su muslo a través de las molestas capas de falda tomando con firmeza por debajo de la rodilla, y elevándola para mayor acceso al dobladillo…

-¡Capitán! – El grito los hizo bajar de la estratosfera, James bruscamente se separo de ella, caminando con torpeza hacia atrás sin dejar de verla. Miedo en sus ojos había miedo. Brie no se movió de su apoyo por temor a perder el equilibrio. Lo vio cubrirse el rostro con las dos manos mientras maldecía en susurros.- ¡Capitán!  - Se oyó por segunda vez. James levanto su vista y una vez recuperada su compostura, salió.

-¡Brie! – La llamo Rob por segunda vez, despertándola del sensual sueño revivido que se fundía en su mente – Brie el sol está demasiado fuerte, será mejor que entre a la cabina o su piel se dañará.

-A estas alturas del viaje Rob, mi piel es lo menos importante – Rob no pregunto el motivo de su respuesta. Sabía perfectamente la situación que la llevo a comportarse como si nada importara. Esquino una sonrisa. – Eres una pilluela pequeña Brie, hasta que al fin lograste doblegar a James por primera vez. Brie sonrió con satisfacción. Recorrió con la mirada el barco hasta detenerla en él, quien desde cubierta dirigía al marinero cerca del nido de cuervo. A pocos metros Patrick, Little Burke y Twiggle mantenían una partida de dados.

– ¡Capitan! Venga uste’ échese una partida con nosotro’ así como a los viejos tiempos- Dijo Burke. James mantenía la vista fija en el mástil mayor mientras Terrence maniobraba con afán empujando una serie de cuerdas para sujetar la vela. – Tal vez después Burke. ¡Terrence, asegura bien esa cuerda a la percha mayor! Tendremos que navegar a palo seco mientras no tengamos vientos alisios. – ¡Si Capitán! – contesto.

-No te caería nada mal un poco de distracción – le comento Rob. – ¿Porque tendría que hacerlo Rob?
– Lo necesitas, o crees que después de pasar dos semanas en barco durmiendo en esa maldita y cutre hamaca te dejara como flor en primavera – miro significativamente hacia donde Brie se encontraba. James Suspiro – Esta bien Burke, creo que jugare ahora – con resignación movió una caja y la acerco junto a los demás, Twiggle le ofreció sus dados y el tarro. Se sentó frente a Patrick, Burke preparo los dados y ofreció la primera apuesta, los demás le imitaron. Al mismo instante todos levantaron sus tarros para verificar el contenido.

-¡Gano Patrick! – Anuncio. Un gruñido de reprobación se oyó alrededor.

Jugaron por segunda vez. Perdió. Por tercera vez y perdió. La cuarta vez, estuvo a punto de ganar, los jugadores murmuraron tensos. El resto de los tripulantes interesados en juego fueron acercándose. – ¡Brie! Ven acá, esto esta interesante – Le grito Rob. James contuvo la respiración al oir su nombre. Brie llego al poco rato y se integro al grupo. – Siéntate acá Brie – le dijo Rob acercándole una caja y colocándola a la par de James ¡Maldito seas Rob! Reprocho en silencio.

Jugaron por quinta vez, James perdió de nuevo ¡Maldición! Una vez más, y perdió. Esto estaba mal, James siempre ganaba y hacía alarde de su capacidad. Pero hoy estaba perdiendo Rob observo con atención a James y tras unos minutos hallo la solución. – James no estás teniendo suerte hoy – afirmo – tal vez necesites algo de suerte no es así – Los demás a su alrededor asintieron, James se puso rígido. – Él necesita el soplo de la suerte, no es así – los marineros volvieron a asentir. James se quedó sin respiración, la mirada de Rob lo decía todo. Miro a Brie de reojo y la vio ensimismada, parecía que intentara descifrar el juego. Tonta, ni siquiera se percataba de la indirecta. – Pequeña Brie – dijo sin más preámbulo – James necesita tu soplo de suerte – Los demás apoyaron la idea murmurando aprobación. Brie asombrada lo observo a todos Twiggle intentaba esconder su sonrisa de complicidad. Patrick estaba observando con interés a James. Y James al ver su mirada no necesito palabras, curvo una sonrisa con picardía. – Esta bien – contesto sin dejar de sonreír y acerco lentamente sus labios hacia la mano fuertemente apretada, aferrándose a los dados. Brie se acerco más, el público miraba con expectación. James se tensó su cuerpo no respondía, tenía el deseo de desviar esos labios hacia los suyos con tanta fuerza. Apretó más su puño. Porque demonios la seguía viendo tan condenadamente irresistible. Brie soplo suavemente haciendo que James reaccionara con el placer de un escalofrió por su espalda. Metió los dados en el tarro. Agito. Volcó el tarro, el resto lo imito y él gano la partida.

-Se acabo el juego – dijo bruscamente, levantándose de golpe haciendo tambalear la mesa del juego. Brie lo observo mientras él se encaminaba a la cabina de navegación y decidió seguirlo.

***

Después de dos largos meses su última parada le daba la bienvenida. Génova, uno de los puertos más importantes de Venecia, respiraba el cálido clima de verano. La cuaresma en pocos días se llevaría a cabo, un día ideal para terminar lo que luego de tantos años buscaba venganza.

  -Entonces tu plan James, es ¿Colarte por la casa del Dux? ¿Acaso os habéis vuelto loco? – James esquino una sonrisa. – Exactamente Rob, creo que he sido muy claro en ese punto. El Dux Renier sabe dónde está el escondite de Ettore, solo tengo que entrar a su estudio, tomar ese mapa y nos vamos de ahí - el plan no puede fallar pensó. – ¿Y qué harás con Brie? dejarla con estos mamarrachos de cuarta – Buen punto. No podía dejarla acá, pero llevarla sería muy arriesgado. – Tendrás que llevarla James, quieras o no – James bufó. – Que otra cosa me queda. Tendré que llevarla –. Camino hacía su dormitorio, ahora apropiado por una testaruda mujer. En el camino medito la idea de si llevarla o no, era un plan bueno y el sabia que funcionaria, pero…

- Brie – La llamo moderando su voz, para que pareciera más baja y esperó. – Un momento – contesto. Un momento y al cuerno, James no espero que le abrieran ¡Maldita sea! ese era su dormitorio. Al abrir la encontró frente a SU escritorio, desenredando su castaña cabellera – No tengo tiempo para esperarte Brie – exclamo exasperado, comenzaba a sofocarse – empaca tus cosas no iremos a Venecia – Brie dejo caer su cepillo de peinar – ¿Estas tomándome el pelo? –.

- No estoy tan cerca de ti para hacerlo – contesto con indiferencia.

-Tú sabes de a que me refiero James – entrecerró la mirada – en fin, ya empezaba a aburrirme de mirar esta habitación todos los días – En seguida empaco.

-Emmm… cuando lleguemos a Venecia llegaremos en pleno carnaval – dudo si decirle, sabía muy bien lo que significaba ese escandaloso evento.

-¡Oh, Magnifico! Siempre quise conocer el Carnaval de Venecia, necesitare una máscara. Compraremos una ¿no es así? – James asintió de mala gana – ¡Oh! Qué bien podre ponerme el vestido que Milly me recomendó llevar. Milly dijo que es mi mejor vestido, no tengo ni idea porque pero me dijo que lo llevara por si acaso – Brie continuaba balbuceando toda clase de planes que haría al llegar a Venecia, mientras con avidez ordenaba una pequeña maleta para el viaje. ¡Pero qué diantres! Ella sabía muy bien lo que se proponía al colarse en su carruaje aquel día, había traído una pequeña maleta dentro de su baúl del tamaño apropiado para un viaje de pocos días, ¡Maldita fuera! esbozo una sonrisa. – ¿Me estas poniendo atención James? –.

-Amm… esperare afuera – cerró la puerta tras de sí. Se sentía impotente. Dio un largo suspiro y regreso a la cabina de mando.
***

El porto di Genova atestado de paseantes y pobladores el segundo puerto más importante de Europa. James y Brie avanzaban entre la multitud en busca de una carruaje que los llevara a Venecia. -La guerra è iniziata! Inghilterra e Francia giocato sulla piccola isola di Martinica (¡La guerra a comenzado! Inglaterra y Francia se disputan en la pequeña isla de Martinique) – clamaba un hombre por las calles del puerto. La gente a su alrededor murmuraba inquieta, mujeres inglesas se desmayaban por la noticia.
-¿James? – Brie observo a su alrededor perplejo ante la noticia, no sabía si decir que era buena o mala noticia – ¿Que acaba de decir ese caballero hace un momento? no le he entendido nada ¿Por qué la gente está así?

– Francia e Inglaterra están enfrentándose en una batalla naval Brie, eso es lo que pasa – Brie se cubrió la boca con la mano. – Al parecer no es una gran batalla – sería una buena distracción para los Franceses y su plan continuaría sin problemas - Ehi, tu! quanto grande è la battaglia (¡Eh tu! Que tan grande es la batalla).

- Non molto, forse una ventina di barche (No mucho, tal vez veinte barcos).

-Questo non basta, idiota! Fuori di qui! (¡Es no es poco, idiota! ¡Lárgate de aquí!) – lo aparto bruscamente de su camino.

-¿Donde aprendiste italiano James? - ¡Demonios! estaba haciendo demasiadas preguntas. – No es el único idioma que he aprendido – contesto con indiferencia – Se francés y arab… ara-ba-to (no existe) - ¡Dios! Por poco le decía árabe pero que estupidez tenía en la cabeza ese día. – ¿Arabato? Ese idioma no lo conocía ¿podrías enseñarme algún día sobre ese idioma?

-Emm… si, no hay problema – se sintió un estúpido.

La diligencia tardo en llegar, pero tras quince minutos transcurridos finalmente se encaminaban hacía Venecia. El clima no varió mucho, dentro del carruaje era insoportable Brie se sentía sofocada, se abanicaba con esmero. El vestido definitivamente no favorecía con el lugar, lo sentía demasiado pesado, capas y capas de encaje que solo aumentaban más la necesidad de desprenderlo de su cuerpo y patearlo por el piso hasta que desapareciera. Intento distraerse fijando su vista en la campiña italiana, pero no sirvió de mucho. Intento cambiar de posición, se removió tres o cuatro veces.

-Podrías hacer el favor de quedarte quieta – James estaba desesperado de oír el rebujo de tela sobre el sillón. - Tú no entiendes lo mal que lo estoy pasando con este clima. A diferencia de ti, yo no cargo cinco libras de tela encima. Donde esta mi maleta – murmuro. Se reclino tanteando por debajo del sillón y tiro de ella al sentirla. Cerró la cortina a su derecha y se arrastro por la butaca para cerrar la otra. – Brie ¿Qué se supone que estás haciendo? – Brie lo ignoro y apoyo la maleta sobre el asiento. – ¿Podrías dejar de mirarme por un momento? necesito cambiarme – James abrió los ojos de par en par, todo su cuerpo se tenso al instante y su estomago recibió un hormigueo muy peculiar. Desvió la mirada, no quería ver. No debía ver ¡Maldición! Su cuerpo no respondía, oyó el crujido de la tela. Miro de reojo… Contrólate imbécil pareces un ualad  fijo su vista hacia sus manos e intento controlar su alterado estado. ¿Era él o hacía más calor de lo normal? – ¿ya estas vestida? – pregunto hablando entre dientes. – Ya casi, podrías mantenerte así solo un momento más – Su cuerpo no esperaría lo suficiente, James se conocía a si mismo muy bien. No entendía como una torpe mujer lo ponía de esa manera, le resultaba ridículo incluso al pensarlo. Su corazón latía desbocado, esquino la mirada nuevamente y distinguió algo que parecía ser piel Contrólate maldita sea ¡Contrólate!

Está demasiado tranquilo, pensé que se alteraría más. Pensaba Brie. Termino de acomodar la cintura del vestido. Metió las manos en los tirantes de la camisola se subió las mangas del vestido y tiro de las cintas atándolas a su espalda. –Ya estoy lista, espero no haberte incomodado – No tienes ni idea  de cuánto no espero que le diera permiso de abrir las cortinas, y con un largo suspiro se reclino en su asiento. Tenía la camisa de lino empapada en sudor, pero que podía hacer después de su fuerza sobrehumana de voluntad.

***

-Maestà, è venuto. Richiedi il tuo pubblico (Su majestad, él ha venido. Solicita su audiencia) - .

-Lo trovi (Hazlo pasar) – Paolo Renier Dux de Venecia, un hombre de edad madura y porte regio. Su rostro comido por los años, marcaba las líneas de su avaricia. De débil templanza y exacerbada soberbia, esperaba con impaciencia la visita de su Protetto. Apenas un año de gobierno lo tenía con  el orgullo por las nubes, pues se enorgullecía de su “labor”. Se sobo su tremendo y satisfecho estomago, consolándose con palabras de aliento de su bien realizado trabajo.

La habitación iluminada por la suave vela del escritorio daba un aspecto misterioso. La mansión veneciana guardaba sus mejores logros corruptos y los complots mejor guardados del estado de Venecia. El Dux esperaba ansioso, sentado sobre su suntuoso escritorio la llegada de su siervo, su súbdito más importante. Su protegido -Sua Maestà – un imponente caballero de acento extranjero con su rostro oculto por una capa de lino negra, se encaminaba hacia el oculto por el misterio. Paolo se levanto de golpe, la impaciencia lo tenía sufriendo. Se acerco hacia él y lo invito a sentarse en sofá junto al fogón. -è finalmente arrivato, dimmi la notizia porto (Finamente has venido, cuéntame la noticia pronto –.

-Él ha venido sua Maestà, Génova le ha dado la bienvenida con la notizia di la martinica. Como puede ver he logrado adelantarme, a Edham le espera una sorpresa mio signore – sonrió sinuoso debajo de su capa.

-Bravo esa es la mejor notizia que he ricevuto – contesto satisfecho - Él ha venido por lo que me has dicho en la carta ¿no es así? Él quiere mia mappa de tu escondite – El oscuro caballero asintió. – Es una lástima que no la obtendrá sin antes por il mio corpo di sicurezza – contesto satisfecho el Dux plantando los pies en el taburete contiguo al sofá.

***

-¿Hemos llegado? ¿Tan pronto? – Brie se desperezo de la butaca, la diligencia estaba disminuyendo el paso a medida que entraba a San Giuliano, Italia.

-El buque saldrá en dos horas hacia Venecia, así es mejor que te apresures – le respondió.

-¿Cuanto más hay que esperar para ver Venecia, James? – Pregunto impaciente, mientras aceptaba la cálida mano de James para descender del carruaje.

-Posiblemente en pocos minutos de viaje estemos en Venecia y de ahí buscaremos alojamiento cerca del Palazzo Ducale – James se quedo reflexionando mientras avanzaban hacia el puerto. Al llegar a Venecia estaría tocando la tierra de su futuro funeral, sabía muy bien las consecuencias y a pesar de ello estaba dispuesto a seguir. Hallar esa pieza faltante de la ubicación de Ettore era lo más importante y arriesgando de su vida, tenía que recuperar ese valioso tesoro que el maldito canalla le había saqueado.

Hubo un tiempo durante muchos años atrás, donde Italia e Inglaterra marchaban en armonía, pero luego de que esta se volviera la manzana de la discordia de España y Francia, la enemistad surgió más potente de lo que nunca estuvo. La Colonia Norteamericana aun necesitaba proclamarse un país más en el mundo y no solo un medio para aprovecharse de ella. El limite no pudo con tanta disconformidad declarando así en 1775 la guerra entre Inglaterra, siendo Norteamérica apoyada por los Franceses. Los problemas aun no habían terminado, la fase de desacuerdos entre las potencias de la época pendían de un filo hilo esperando que las moiras griegas lo cortaran y de alguna manera nada terminara bien. Tras media hora recorrida Venecia les recibía con un aire terriblemente cálido. El glorioso y suntuoso paisaje digno de dejar sin respiración a muchos les decía benvenuto. La pequeña y curvada serpiente atravesando la hermosa provincia los dirigía hacia Piazza San Marco.

-Benvenuto signor, signorina – el recepcionista de Hotel Florian un hombre de nariz enorme y un rostro redondo saludó cortésmente.

-Grazie signor bisogno di due stanze, per favore (necesitamos dos habitaciones, por favor) – Por favor que este alguna disponible pensó para si.

-C'è solo una camera a disposizione signor. Si vede che il Carnevale ha lasciato pochi spazi disponibili in questi giorni (solo hay una habitación disponible señor. Vera usted que el carnaval ha dejado pocos espacios disponibles estos días) – respondió este. James miro de reojo a su compañera de viaje, maldijo por lo bajo y acepto la habitación que le proponía. Camino sin mencionarle nada. Para ocultarle el verdadero propósito de venida a Venecia intento de alguna manera complacerla y así poder distraerla de su principal objetivo. 

sábado, 26 de enero de 2013

Los Secretos del Mar - Portada


Los Secretos del Mar - Capitulo 3


CAPITULO 3

“El frío corre por mis venas, nadie ha calentado mi corazón como ella en tanto tiempo”
Lord James Tortworth 

A partir de ese día James cambió, un tempano de hielo no tenia comparación con la frialdad que emanaba y los días siguientes él evito acercarse a ella de todas las maneras posibles. Brie comenzaba a cansarle la idea de pasar los días solo con Rob. No le desagradaba, él resultaba ser un buen conversador. Un día de esos James salió sin avisar, Robert no le dijo donde y por más que usará su vieja técnica de convencimiento no lo logró.

     -Es usted el primero al que no logro convencer de decirme las cosas Robbie ¿Cuál es su truco?

     -Soy un hombre casado pequeña Brie, conozco la mente femenina- contesto entrelazando los dedos detrás de su cuello como de costumbre en el sofá de la sala de estar frente a las dos habitaciones, esquino una sonrisa de satisfacción -. A diferencia de James, sé controlar mis emociones.

     - James es un testarudo, sigo sin entender la actitud que ha tomado conmigo. Son cinco días con este y justo hoy sale sin avisarme, ¡Oh por favor Robbie! Dímelo, prometo ser una niña buena y no contarle que me lo has dicho.

     -No pequeña Brie, yo cumplo mis promesas de no revelar lo que me piden callar- si que era un mujer insistente.

     -¿Es cierto eso Robbie? Que nunca revela los secretos- Robert asintió -. Entonces usted puede ayudarme- se levanto de su asiento para acercase en el sofá contiguo a Robert, él la miró con asombro-. Ayúdeme a que James vuelva a dirigirme la palabra- Robert dudo de la propuesta ¿Pero que tenía que perder? Brie necesitaba ayuda y su amigo necesitaba un empujón no le veía nada malo ayudarle.

     -James es un hombre terco Brie, tan difícil de dominar como un mar embravecido. Hay que saber jugar con la mejor estrategia, hallar su punto débil y ese punto débil Brie eres tú- Bridget tomo nota mental de cada cosa que él decía. Rob se inclino hacía adelante y continuo inspirándola a sacar la mujer oculta en esa inocente y rebelde actitud, le dio ideas sutiles pero escandalosas de inspirar a James con nuevos sentimientos hacia ella y demostrarle que ella era capaz de cabalgar por el mismo camino que él. Brie sabía que el amor ella no lo conocía de igual manera que James. ¿Qué significa realmente amar a alguien? ¿Podría ella amar? Robert continuaba con entusiasmo hablando de lo maravilloso que era el sentimiento de amor, ella se removió incomoda, la plática se hacía más personal e intento cambiar de tema preguntándole como era su esposa, el tiempo se hizo eterno hasta que un sonido sordo confirmo la llegada de James a la posada, los pasos firmes subían por la escalera y no se detuvieron hasta llegar a la puerta de la habitación.

     -Robert necesito hablar contigo - y sin más que decir entro a la habitación. Robert y Bridget se miraron, eso sí que había sido cortante.


A la mañana siguiente Robert llamo a la puerta de la habitación de Bridget. -Pequeña Brie, ¿Puedo pasar?. -Claro Robbie pase usted recién acabo de desayunar, hace una hermosa y nublada mañana ¿No cree?- Bridget iba vestida con un precioso vestido verde pálido que acentuaba el brillo de sus hermoso ojos esmeralda.
   
  -Ha llegado la hora de partir, el día nos ha obsequiado un viento sureño ideal para partir a Italia.

     -Me alegro escuchar esa buena noticia empacaré de inmediato.

Luego de dos horas la tripulación, ya estaba lista para partir y esperaba las ordenes del nuevo curso del capitán, James salió de la recama seguido de Robert y Bridget. -Señores partimos hacia Italia- los hombres murmuraron entre sí, con obvia preocupación, James carraspeó pero intento mantenerse firme – Se que iremos a la boca del lobo, pero es necesario partir de inmediato- ¿Boca del lobo? - ¡Contramaestre Robert!
   
   -¿Si Capitán milord?

      -Llévanos a Venecia.

      -¡Ya lo oyeron granujas! ¡Leven anclas! ¡Suelten los amarres de la vela del mástil mayor! ¡Que esperan insectos, el viento no se detendrá hasta que extiendan las velas para soplar!. James giro sobre sus talones con dirección a la puerta pero se detuvo en la entrada- Entre Lady Bridget si es tan amable- mas parecía una orden que una petición, pero no le reprocho su mal carácter.

     -No se le ocurra salir de esta cabina sin permiso alguno –dijo cuando hubieron entrado.

     -Y se puede saber porque me priva usted de salir de la cárcel a la que usted llama cabina “milord”- contesto haciendo énfasis y por si fuera poco se atrevía a llamarla lady aún sabiendo lo mucho que el titulo le aborrecía.

     -Pues vera, es una respuesta de la más simple y obvia- se inclino hacia ella y el corazón le dio un vuelco- prefiero evitar noticias de sus travesuras en la cubierta de este barco –  entrecerró la mirada.
Y ahí estaba de nuevo con esa condenada y seductora voz, se dijo. ¡Pero qué fastidio! al menos le había dirigido la palabra después de tanto tiempo, no esperaba que esa fuera una manera de hacer las paces. Tenía que actuar si quería continuar día tras día entrecruzando solo un par de palabras, ella buscaba demostrarle de lo que era capaz. Recordó los escandalosos consejos que Robert le había dado, aun no estaba segura de que sería buena estrategia emplearlos. En la guerra y en el amor todo se vale le había dicho Rob, pero ¿sería esa la mejor opción?

     -¿Está usted poniéndome atención?-  preguntó puesto que aun seguían demasiado cerca, ella lo ignoro totalmente cambiando el tema.

     -En fin “capitán” si me disculpa usted, necesito acomodar mis pertenencias, veinte días son demasiado para no tener un espacio donde poder dormir ¿Alguna sugerencia?- ¿Porque siempre termino discutiendo con él? Necesitaba hallar una manera de provocarlo.

     -¿Pero qué…?- Bridget se olvido que él permanecía dentro de la cabina cuando ella comenzó a sacar y poner objetos personales en cualquier lado, sombreros, peinetas y unas cajas que parecían contener joyas y horquillas. James simplemente estaba anonadado.

     -¡Qué diantres haces Brie! Quien te ha dado de permiso de apoderarte de ¡Mi, cabina! - ella siguió ignorándolo, caminando de un lado al otro dejando regadas sus cosas.

     -Ni en un millón de años dormiré en un vil catre James- aun no asimilaba ver como ella con descaro se aprovechaba de ¡Su cabina!, sintió bullir el odio desde su pecho, abrió la boca para decir algo pero en ese instante Brie se dejo caer en la cama de golpe.

     -¡Uf! Estoy cansada- doblo una rodilla apoyando la zapatilla en el baldaquín de estilo francés con toda la naturalidad del mundo, el largo de la falda dejo entrever la media blanca de seda y la pantorrilla. James sintió un escalofrío recorre su columna, sus mejillas acaloradas, leves jadeos escapando de sus labios rosados y su actitud despreocupada ¡Dios! Era una maldita tentación, ni un monje podría resistirla.
¡Oh por favor que funcione! Decidida se arriesgo a su primer intento y espero paciente. James camino lentamente hacía ella totalmente hechizado, el corazón latía desbocado, maldijo su debilidad pero intento abstenerse. Bridget estaba nerviosa con sus manos crispadas aferrándose al cobertor y apoyo un brazo en la frente. Pero cuál fue su sorpresa al sentir que en vez de tocarla él simplemente le acomodo la falda cubriendo la pierna lo más que esta le permitía. James hizo un esfuerzo sobrehumano para no rendirse ante esa provocación saliendo repentinamente. Y esa noche por primera vez en mucho tiempo, él no durmió en la cabina.


     -¡Que Bridget! ¿Qué?- Robert no pensó que de veras se atrevería Brie a provocarlo. Habían transcurrido dos días desde la salida de Dunkerque.

     -Tal y como lo has oído Rob, se atrevió a dejarse ver…am…eso. Entiendes ahora porque simplemente no la comprendo ¡Dios! – se paseo nervioso de un lado a otro, Robert mantenía el curso del barco girando cada cierto tiempo el timón, definitivamente debía dale más consejos. Sonrió para sus adentros –Estoy empezando a arrepentirme de haber aceptado llevarla.

     -Vamos relájate y disfruta del viaje, hoy hace un día perfecto para navegar, con este buen viento llegaremos en menos tiempo. Tal vez día y medio menos.

     -No puedo relajarme sin saber que Ettore nos viene pisando los talones Rob, tu sabes que por eso hemos salido casi huyendo de Francia, además, tu sabes es él el motivo de este viaje.

     -Como es normal en ti meterte en líos como este, tú sabes bien que Ettore tiene cuentas pendientes contigo por robarle su mejor presa.

     -Y cuando hablaste con Chalíer, te dio al menos las coordenadas de la isla que El capitán Bernardo usa de base.

     -No Rob y esa es la razón por la que iremos a Italia, lo único que me dijo es lo que ya te había comentado el día que lo visite. Y según Chalíer, la propiedad de Turquía posee los mapas y luego de Italia esa será nuestra parada- James reflexiono sobre el plan nuevamente.

     -¿No crees que estos muchacho necesitan parar a descansar en Damasco? Hemos viajado, Egipto a Londres y de Londres a Milán para regresar a Avonmounth. Y lo más que hemos parado en cada puerto han sido de cuatro días a una semana- James no había considerado a su tripulación el podría viajar de Damasco a Turquía solo con poca gente y ahorrarse tiempo en el trayecto, mientras más rápido lograran encontrar el paradero de la Isla y entregarle a Roven los mapas estaría la deuda saldada y tendía un perseguidor menos.

Los vientos del sur duraron lo suficiente como para adelantar un día de viaje, pero tras diez días transcurridos el clima subió de temperatura y la tripulación sufría de un calor insoportable, sofocante. Uno de esos días Brie admiraba a James mientras él con la vista fija en el horizonte desde el castillo de popa dirigía la imponente fragata inglesa, vestido con una fina y delgada camisa de algodón blanca, un pañuelo color verde anudado en la cintura del pantalón negro, pegado a sus fuertes y musculosas piernas, y unas botas cafés, era la personificación misma de un pirata desalmado. Dando órdenes a su tripulación, que con cierta desgana provocada por el calor hacían sus trabajos, mientras que el barco entraba a aguas internacionales españolas. Trafalgar estaba a dos días más de viaje pero el calor detuvo la marcha y retraso el día que habían adelantado y el esfuerzo físico de sus hombres no lo compensaban. Las noches no eran la excepción, el calor era igual y ni la comida proporcionaba la energía suficiente.

     -James no crees que necesitan huir de este calor, no será mejor parar un momento – Rob se había acercado al castillo de popa, estaba preocupado.

     -Hemos soportado peores situaciones que esta Rob –Pero hasta él admitía que era una situación crítica, una gota de sudor resbalo por la sien, paso el dorso de su brazo sobre la frente. ¿Cómo haría Brie para soportar este calor con ese vestido? ¡Por qué diantres pensaba en ella! A caso no tenía suficiente con saber que lo obligaba a dormir en la habitación de Roberto, el recuerdo de Brie recostada en cama lo tensó. Se meso el cabello hacia atrás y volvió la vista al horizonte.

     -¡Eh tú capitán! - James reparo en el marinero que le hablaba en ese tono despectivo, Rob se puso tenso ¡Que osadía la de ese curtido hombre! - Los demás y yo queríamos decirle que ya estamos hartos de trabajar bajo este ¡Maldito sol! ¡Estamos cansados, sedientos y usted no hace nada al respecto!- el hombre se acerco con determinación dando zancadas.

     -Que es esa forma de compórtate con tu superior rata apestosa- James levanto su mano haciendo callar a Rob quien replicaba con obvio enfado.

     -A ver Hert ¿qué inconveniencia te perturba?- El fornido hombre de casi dos metros lo miro con extrañeza por la cortesía con la que le preguntaba.

     -¡Que inconveniencia ni que pacotilla! ¡Exijo que nos deje descansar!- El hombre golpeo con el puño la barandilla. James no se dejo intimidar por ese bocaza y se acerco lentamente con la mirada impasible, inmutable.

     -Dime que estas buscando. Pelear conmigo o exigir derechos.
Brie se sobresalto al oír el golpe sordo que venía desde el alcázar, estaba tan ensimismada en su siguiente movida que no se había percatado de la disputa entre el marino y James. Los demás tripulantes se iban acercando lentamente observando la escena. Uno hombre mucho más alto que James y el doble de corpulento, discutía con afán. Rob intentaba interponerse entre ellos deteniéndolos con los brazos abiertos.
Bridget perdió de vista la escena ya que la multitud había cerrado el campo de visión y se levanto de la barandilla del estribor, donde ella se encontraba. El enorme hombre no daba su brazo a torcer y empujo a Rob haciéndole cae de trompicón al suelo. Brie se alerto, podía oír con claridad los gritos que profería mientras que James lo miraba impávido. Cuando de repente vio que James levantaba una daga que mantenía en el cinto del pantalón y la lanzó con pericia hacia los espectadores clavándolo en la cubierta del barco. Brie ahogo un grito, algunos marineros se apartaron con rapidez, formando un círculo alrededor del objeto. Noto como el matón bajaba corriendo las gradas y para su sorpresa Brie lo vio a James saltar desde la barandilla colgándose de un amarre del mástil mayor, cayendo justo enfrente de la daga. Brie perdió el color de sus mejillas.

     -Vamos Hert no seas tan cobarde- esquino una lobuna sonrisa y entrecerró los ojos, apoyado en un brazo  y retirando la daga con el otro- ¡Prueba la maldita hombría que tanto buscas! te sientes superior a mí. Hazlo- El fortachón se detuvo en seco y apretó los puños, lentamente giró sobre sí. Su rostro ardía en cólera.

     -Sostén esto Rob- desclavo la daga y se la entregó, se encamino hasta donde Hert al mismo tiempo en que se desabotonaba con lentitud la camisa.
Brie se quedó sin aliento cuando este dejo caer la prenda al suelo luciendo así su escultural cuerpo bronceado. Nunca se lo imagino de esa manera, el sudor brillaba sobre su cincelado cuerpo cual dios griego. Sintió un revoloteo en su vientre. Se veía increíblemente atractivo irradiando un magnetismo que la hizo desear tocar su firme pecho en ese instante, se sonrojo al reparar en esa escandalosa observación.
James se colocó en posición de ataque lo cual Hert imito y se preparo para el primer golpe. Los demás gritaban con euforia “¡Vamos capitán! ¡Tú puedes Hert!”, la adrenalina comenzó a correr en sus venas ante la expectación, llenándolo de una potente energía. Hert lanzó el primer golpe y la lucha cuerpo a cuerpo comenzó.
James esquivaba con destreza cada puño lanzado hacia él y golpeaba cuando Hert se encontraba con la guardia baja, se sentía vivo, casi como renacer.

     -¡Cuánto extrañaba esto!- grito lanzando otro golpe en la barriga del fortachón, este pujo con dolor perdiendo por un momento el equilibrio. James aprovecho para lanzar otro golpe hacia la barbilla derribando a su oponente.
Brie volvió a perder de vista la pelea y se adentro entre la multitud empujando con todas sus fuerzas para apartarlos.

     -¡Brie ten cuidado!- grito Rob al mismo tiempo que ella lograba esquivar a pocos centímetros al Hert que caía a sus pies. Entonces James reparo en ella y el terror le invadió. ¡Mierda! ¡Me ha visto! Y si que lo había visto todo, comportarse como un bruto pirata sin alma alguna, sus miradas se encontraron y en la de ella había miedo, preocupación. Un golpe sordo en la mandíbula lo pillo desprevenido, Hert había logrado darle y cayó al suelo de espaldas.

     -¡James!- grito horrorizada.

     -Brie quédate conmigo, déjalo terminar- le dijo Rob quien la había alcanzado y la sostenía de ambos brazos.

James se levanto adolorido y la busco con la mirada al oírla gritar su nombre, estaba alarmada, pero no se dejo dominar por el sentimiento de culpa. Cerró los ojos, oyó venir a Hert a toda velocidad para asestar otro golpe, pero James lo esquivo dejando llevar todo su peso hacía él tomándolo de la cintura y empujándolo hasta tumbarlo de espaldas. Hert gimió de dolor. James se levantó jadeando y se alejo a tres pasos donde yacía su atacante aun quejándose del golpe.

     -Levántate imbécil- le dijo con voz entrecortada, pero Hert no se movió lo había dejado sin fuerzas. James dio un largo suspiro recogió su camisa.

     -¡Hay algún otro esperpento con otra queja!- grito con furia. Los demás murmuraron entre si y negaron contestando casi en unísono.


     -Al menos ya no volverá a molestarte por un buen rato- dijo Rob entre risas- menudo show que has armado.

     -El maldito me estaba sacando de quicio Rob, necesitaba una maldita lección – James se quejo, la mandíbula le dolía.

-Rob traje lo que me pidió… ¡Santo Dios!-  aun seguía sin camisa Brie se sonrojo.

-Bridget atiéndalo usted no puedo descuidar el timón- Brie trago grueso y asintió. Rob salió dejándolos solos. James la observo acercarse, estaba sentado en la cama del camarote aun respiraba agitado. Brie puso en un banquillo frente a él. James contuvo el aliento.

     -El agua esta fría así que te aliviara la inflamación – dijo cabizbaja remojando el trapo con cierta torpeza. Levanto la vista y examino su rostro, la mandíbula y el mentón estaban hinchados, el labio inferior herido dejaba un hilo de sangre correr hasta perderse en la hendidura del cuello. Con sumo cuidado limpio con la mayor delicadeza posible su labio. El roce delicado de la tela, más parecía una sedosa caricia, cerró los ojos disfrutando el contacto y un escalofrío recorrió la espalda al sentir el húmedo y fresco lienzo que repasaba el área lastimada. Contuvo el aliento al sentir como ella trazaba la línea de la boca con los dedos trémulos hasta llegar al cuello, la sensación era simplemente erótica y lo estremecía. No había pasión, no había lujuria, era  una dulzura, era algo que aún no podía describir con palabras.

     -Eres un idiota- le dijo y sin esperar respuesta deposito un rápido beso en sus labios lastimados. James sintió una corriente eléctrica que recorrió desde los labios y el vientre hasta el corazón haciéndolo palpitar desenfrenado, se olvido de todo dolor que sentía en su magullado cuerpo y tomándola del cuello retomo el beso, pero esta vez fue un beso pleno. Ella se dejo llevar, era un beso cargado de una emoción electrizante completamente diferente a la anterior. Era diferente, más profunda. Se limito a estremecerse con cada excitante sensación entreabriendo los labios, James respondió profundizando el contacto llevándolo a un nuevo nivel de necesidad. La temperatura era más alta, sofocante y el beso era el culpable. James perdió la cordura al sentir como ella empezaba a reaccionar, se aparto de sus labios para continuar descendiendo una serie de besos en el cuello. Brie abrió los ojos de golpe y gimió en respuesta a la nueva sensación. James bajo de la nubosa y encantadora conexión, el sueño comenzaba a ganar la batalla. La estrecho entre sus brazos apoyando la cabeza en el hueco de su cuello, respiraba con dificultad. El agotamiento lo invadió por completo y bostezo, a lo cual Brie se estremeció al sentir el aliento en su clavícula.

-Tienes razón Brie…Soy un idiota- y diciendo esto cerró sus ojos. Brie se quedo petrificada, eso más parecía una disculpa que una afirmación, lo sintió relajarse sobre ella y la duda agolpo su pensamiento ¿Qué era lo que quería decir con eso? Hizo un esfuerzo para empujar su lánguido cuerpo hasta acomodarlo en la cama cubriéndolo con la sabana. Se sentó cruzando las piernas al lado opuesto de donde estaba y se limito a observarlo hasta que el sueño le gano de igual manera. Su último pensamiento fue ese beso compartido y algo cambio en ella a partir de ese momento.


-Si miras a tu derecha, veras Gibraltar Brie- Rob se cubrió los ojos protegiéndose del ardiente sol del mediodía- y unas tres horas de viaje esta Marruecos ¿Puedes verlo? – Brie asintió fascinada, la zona costera y el alto peñón de Gibraltar saludaban a cada navegante que arribaba al puerto de los Palmones. Hacia menos de media hora que el Golden Nymph había entrado por el estrecho camino que dividía el mar mediterráneo del pacifico y en poco tiempo se detendría en el puerto. Centenares de barcos, fragatas comerciales ,navios monumentales y pequeños botes pesqueros transitando a su alrededor, de diferentes formas tamaños colores y múltiples banderas extranjeras, ondeando con orgullo en cada una. La sensación del sofocante calor húmedo y salino,  era opacado por la leve brisa marina - Está todo listo para atracar este armatoste, capitán – Lo saludo con la mano contraria a la que protegía sus ojos del sol.

-Buenos días, Rob. Veo que te las has arreglado bien sin mí esta mañana – Ignoro con obviedad a su preciosa acompañante. Brie se limito a observarlo platicar con entusiasmo sobre lo que harían al llegar al puerto. Al parecer necesitaban provisiones para el viaje de Italia. Pero lo que no conseguía entender es porque seguía ignorándola de esa manera. No se sentía incomodo, su despreocupada actitud era una claro signo de ello. No estaba enojado, pues se le veía con mejor humor que los días anteriores. Entonces ¿Qué era? James es terco Brie, tan difícil de dominar como un mar embravecido se recordó de Rob y sus consejos. Si en verdad ella tenía que ser la de la iniciativa, haría todo lo que podría por ganárselo.

Al poco rato el Golden Nymph entro en el golfo de Gibraltar. James les dio órdenes a los marineros, de reunirse en una taberna. Primero tendría que hablar con Carlos Ferrer, para saber si había encontrado la pieza del rompecabezas faltante de la expedición a Turquía. En Italia tendría la ubicación exacta de la cueva del enemigo, dejaría a Brie en Inglaterra, lejos para siempre de su vida errante y viajaría a Damasco. Las calles de Palmones atestadas de gentes de diferentes clases sociales, deteniéndose en las ventas callejeras. El zoco sirio no era muy diferente a ese lugar.

-¡Lady Bridget! Que sorpresa más encantadora- Saludo un apuesto joven de reluciente cabellera negra y ojos verdes haciendo juego con su maravilloso y elegante traje con porte de caballero. Brie no cabía del asombro. James arqueo una ceja.

-Sí que es una sorpresa lord Kent ¿Qué negocios lo traen por acá milord?- ahora fue el turno de ella de ignorar a sus acompañantes plantándose frente al tal “señor Kent”. James los miro con recelo.

-Negocios comerciales, me temo lady Brie. Pero ¿Cómo es que la marea se ha traído a flor más rebelde de Londres?  - Contesto guiñándole el ojo con picardía. James entrecerró la mirada y Rob le dio un codazo preguntándole quien era con la mirada. James de igual manera le contesto que no era mayor problema, ya le conocía, aunque muy poco pero era suficiente para saber no confiar mucho en él.

-Y supongo que tú debes ser el famoso lord James, del que tanto me habla lady Brie – avergonzada le dio le lanzo una mirada significativa a su amigo. Los vio estrechar sus fuertes y trabajadoras manos con cortesía pero el rostro de James decía mucho de lo que pensaba. Brie por primera vez lo vio como un leopardo acechando su presa esperando el momento oportuno para atacar, parecia como si estuviera analizando la manera de atacar a su objetivo con presteza. Robert la miro y basto verlo para entenderlo todo. Hay que sacar provecho de las oportunidades donde puedas verlo con la guardia baja había dicho cierto día y sonriéndole a Rob abiertamente, interrumpió la conversación de “la presa y el cazador”.

-Y cuénteme milord ¿Qué tipo de negocio viene a hacer? Han dicho las malas lenguas que está invirtiendo en un viñedo ¿No es así?- Lo tomo de brazo con total confianza invitándolo a caminar delante de ellos; y saco el arma secreta de la mujer: El abanico.

-¡Esta coqueteando con él!- le dijo Rob en voz baja. -¿Y tú como lo sabes?- contesto imitando su voz. -Sabes, solo hay dos razones por las que las mujeres sutilmente pueden coquetear sin ser indecorosas. ¿Que no te enseñaron eso en clases de etiqueta “Señor conde de Tortworth”?

-¡No lo decía por eso idiota! Claro que se porque lo hace lo que no entiendo es como un rastrero como tú conoce de etiqueta.

-Te recuerdo que la experiencia con tantas cortesanas de salón usan ese método con descaro, es mi mejor maestra- le guiño el ojo con suspicacia.

-¡Maldita lagartija escurridiza! tal vez hoy estés casado, pero tu pasado dice mucho – sonrió con desfachatez. Continuaron observando a la pareja, James sentía un enorme impulso de abrirse campo entre ellos y reclamarla como suya. Se sentía impotente, pero se contuvo.

-Veo que al fin cumpliste el sueño de salir de Bristol y recorrer el mundo Brie.

-No es tan divertido como lo esperaba, pero admito que han pasado circunstancias interesantes últimamente - Admitió recordando con un suspiro los momentos llevados hasta hoy, pero ella necesitaba más aventura de la que había vivido, de eso estaba segura de conseguir. -Veo que aun no has conquistado el corazón de tu “Caballero andante”.

-Aun sigo luchando Kent, pero es más testarudo que un burro montacargas – dejo su mente un momento vagar por una corazonada “Y si…”

-Tus metáforas, no sé si reírme con ellas o reprenderte por decirlas de una manera tan impropia- Respondió con jovialidad. Brie sonrió ante el comentario. No pudo evitar darle un golpe con el abanico cerrado regañándolo con la mirada por su burla, cosa que no paso desapercibida por James y un bufido escapo de sus labios. Brie se apoyo un poco en el hombro de Kent y le pidió que le ayudara, Kent comprendió la situación sin que le especificara detalles y giro sobre si para enfrentarse con su cazador. – ¿James que lo trae por acá? – James que llevaba casi medio trayecto murmurando maldiciones recordó la reunión con Carlos, miro significativamente y Rob carraspeo incomodo. Dudo antes de responderle, busco una justificación que fuera fácil de tragársela. – Tengo que emm… hacer negocios con un mercante, su nombre es Carlos. Me asegura que me tiene mercancía de especias de su último viaje y quiere intercambiarlas conmigo – reprimió un suspiro de alivio.

-¿Y dónde piensa reunirse?, ¿No le molestaría hacerles compañía en el trayecto?

-No es ningún problema milord- interrumpió Rob – al contrario, justo le iba a pedir si tendría la amabilidad de hacerle compañía a lady Brie. Pues vera que los negocios no son para que una dama los escuche.

–Tiene razón ¿eeh…? – Rob milord, mi nombre es Roberto – espero paciente a que entendiera la indirecta, miro a Brie para que ella entendiera el secreto oculto en la conversación. Ella lo entendió de inmediato. – Me parece una excelente idea Rob, tu sabes que los negocios los aborrezco. Gracias Rob eres muy amable por preocuparte por mí – Y como si no fuera suficiente Rob salía de nuevo saliendo de un lio y enredándolo en otro. Miro la conversación percatándose que lo estaban excluyendo de alguna manera muy sospechosa. Saco su exclusivo reloj D.D Neveren de bolsillo, hace diez minutos debió de haber llegado a la maldita taberna. – Rob tenemos que irnos, regresaremos pronto, la dejo en sus manos Kent. Cuídela – mas parecía una advertencia que una petición. Con una leve inclinación se despidió.

-Ya Volveremos Brie, no se alejen mucho – se adentro entre la multitud de la calle opuesta al puerto, desapareciendo junto con James en la esquina primera a la par de un motel de baja categoría. Por momentos se detenían procurando en medio del laberinto de casa encontrar la famosa taberna y a menudo disminuían el paso para ubicar la calle correcta. Minutos después la mugrienta y nauseabunda taberna rodeada de terribles pestes llamados piratas aleteaban como murciélagos buscando el confort de una compañía indecente y el plato fuerte del local: Ron en exceso. Olores insoportables, exorbitantes y escandalosos sonidos, ebrios cantando por doquier que interrumpieron su canto al ver entra a James seguido de Rob. El silencio se impregno en el lugar y seguido de ellos los murmullos aumentaban a medida que ellos se movían con paso firme y decidido sin demostrarse inferiores de importancia. Llegaron más rápido de lo hubiesen pensando y al golpearcon fuerza la puerta y abriéndola instantáneamente al escuchar respuesta del habitante en el interior.

-¡Bienvenido seas Edham! Las mareas sí que traen olas de gran tamaño…
Así las palabras quedaron en el aire seguido de una puerta crujir y el hombre cuyo nombre fue mencionado entro con triunfo hacia la respuesta que buscaba.